En 1927, mientras Mies van der Rohe y Lilly Reich proyectaban su famoso pabellón alemán para la Exposición Internacional de Barcelona de 1929, cerca de Montjuïc, en el barrio de Sants, nacía Josefina Camó Valls, una señora que fue bordadora de profesión y que acabó trasladándose a vivir con su familia a Olot (Girona). La Pepi, como era conocida familiarmente, era tía y madrina del arquitecto Xevi Bayona quien, ahora, le rinde homenaje en una intervención artística en el Pabellón Mies van der Rohe llamada La Padrina y las pertenencias de la domesticidad.
La protagonista de esta intervención nació cuando se estaba proyectando el Pabellón y, 96 años más tarde, deja el recuerdo de su vida y el testimonio de su domesticidad en cada una de sus pertenencias. Ahora, estos objetos cotidianos —más de 20 piezas— como una cama, una lámpara, un perchero o un conjunto de mesa y sillas, se instalan en el techo del Pabellón «como si se tratara de una ciudad invisible de Italo Calvino».
La Padrina, un collage de Bayona Studio.
El gesto del artista de trasladar los objetos que amueblan una casa convencional de Olot al interior del Pabellón es un acto poético y provocador que invita a reflexionar sobre la domesticidad, el espacio y la memoria. Ante este cambio de contexto tan radical, surge una pregunta inevitable: ¿qué tipo de domesticidad puede tener el Pabellón?
«La arquitectura puede hacer que el espacio se vuelva doméstico para ser habitado. Es precisamente el propio habitante quien, para hacerlo doméstico, se vale de sus pertenencias; propiedades personales en forma de muebles y objetos en los que deposita el alma para guardar un pedazo de su mundo», explica Xevi Bayona.
Los espacios cotidianos y domésticos de Josefina Camó Valls, La Padrina, en su casa de Olot (Fotos: Adrià Goula).
A través de la contraposición de los objetos cotidianos en el espacio vacío y desnudo, se construye una composición que guía la mirada a lo largo de una línea horizontal que divide simbólicamente el mundo de arriba y el de abajo, el cielo y la tierra, el suelo blanco y el techo de travertino, el agua como porche y las nubes como alfombra, el lleno y el vacío.
En definitiva, una mudanza temporal para habitar el Pabellón de forma simétrica. En la que, por cierto, se han realizado 123 agujeros para sujetar estos muebles que, previamente, fueron pesados para valorar su anclaje en el techo y que no causaran ningún daño al edificio protegido.
Construido con vidrio, acero y diferentes tipos de mármol, el Pabellón se concibió para alojar la recepción oficial presidida por el rey Alfonso XIII junto a las autoridades alemanas. Tras la clausura de la Exposición, el Pabellón fue desmontado en 1930. Con el tiempo, se convirtió en un referente clave tanto en la trayectoria de Mies van der Rohe como para la arquitectura del siglo XX. La significación y reconocimiento del Pabellón llevaron a pensar en su posible reconstrucción.
En 1980, Oriol Bohigas impulsó esta iniciativa desde la Delegación de Urbanismo del Ayuntamiento de Barcelona, e Ignacio de Solà-Morales, Cristian Cirici y Fernando Ramos fueron los arquitectos designados para la investigación, diseño y dirección de la reconstrucción del Pabellón. Las obras se iniciaron en 1983 y el nuevo edificio se inauguró el 2 de junio de 1986 en su emplazamiento original.
Las intervenciones que tienen lugar en el Pabellón Mies van der Rohe son una actividad única en la ciudad basada en los espacios excepcionales de este. Mantienen interpretaciones activas y dan sentido a la actualidad del propio Pabellón a partir de propuestas de expertos de distintos campos culturales. La intervención de Bayona Studio se puede visitar hasta el 17 de agosto.