Concéntrico 2026: la ciudad como experimento

26 marzo 2026

por | 26 marzo 2026

Hay eventos que se programan, se celebran y dejan, en el mejor de los casos, un buen recuerdo. Y hay proyectos que, con el tiempo, se convierten en una forma de pensar la ciudad. Concéntrico pertenece claramente a la segunda categoría.

Imagina que el espacio público de tu ciudad cambia cada año. Que ese parque por el que pasas, donde normalmente hace mucho calor en los meses de verano, se convierte de repente en una fuente viva donde refrescarte y descansar. Que el parque al que llevas a tus hijos incorpora un nuevo juego danzarín y colaborativo, donde los niños pasan horas balanceándose. Un espacio donde las antiguas tradiciones culturales adquieren un nuevo significado, interpretado desde el exterior, pero igual de potente a nivel conceptual.

Banco móvil (Dancing Bench), de Soft Baroque. Foto: Josema Cutillas.

Todo eso —y mucho más— lleva ocurriendo en Logroño durante una semana: en las fechas en las que la arquitectura se revuelve en la ciudad a través de intervenciones efímeras; en las fechas en las que se celebra Concéntrico, que, organizado en colaboración con el Colegio de Arquitectos de La Rioja, comenzó siendo un festival de arquitectura efímera y, once años después, se ha convertido en una plataforma internacional de reflexión en torno a la percepción de la vida urbana a través del diseño y la arquitectura.

Fireplace, una instalación de Sam Chermayeff Office.

Uff, menuda frase. Vamos a explicarla bien. Hablamos de plataforma porque el proyecto es mucho más amplio que lo que ocurrirá en Logroño del 18 al 23 de junio de 2026. Durante esos días, la ciudad desplegará un mapa y comenzará a vivir en primera persona una transformación urbana en sus calles, con equipos internacionales que montarán y desmontarán todo tipo de instalaciones en tiempo récord.

Pero volvamos al concepto de plataforma. Además de este festival, Concéntrico tiene una sobrada experiencia enfrentándose a retos sociales y proponiendo soluciones desde la arquitectura. Cuentan con una extensa red de profesionales atentos a sus llamadas a proyecto para presentar ideas.

Es por ello que actualmente tienen en marcha una isla climática en el corazón de Logroño, dos escenarios en el Cruïlla de Barcelona, aprovechando que este año la ciudad es Capital Mundial de la Arquitectura, una escuela de verano o un libro que trata de ampliar todas esas ideas conceptuales que se esconden detrás de los casi cien proyectos que han desarrollado.

Criaturas Silvestres/ Willdlings, de Namiñami Studio.

Monumental Splash, de Salazar Sequero-Medina.

Y es precisamente en ese libro donde se ve, a través de sus páginas, a gente de todo tipo y condición disfrutando del festival. Se entiende cómo la arquitectura puede reflexionar en torno a conceptos como la identidad y la ficción, el patrimonio y el simbolismo, lo temporal pero social, lo colectivo y cooperativo, las ecologías urbanas, las ciudades jugables o cómo domesticar el espacio público.

En todas ellas, equipos de arquitectos y diseñadores de todo el mundo —que nunca repiten— llegan a una ciudad que no es la suya para imaginar nuevos modos de habitarla frente a retos climáticos y sociales. Las instalaciones no son solo arte: son propuestas funcionales que crean sombras, lugares de descanso o puntos de encuentro donde antes no los había.

Crop Top, de Bair Balliet.

Decimos que es una plataforma internacional. ¿Por qué? Porque este festival se financia a través de la participación de instituciones internacionales. Y con los años, todas ellas, desde la Embajada del Reino de los Países Bajos, el Nieuwe Instituut (Róterdam) o el Goethe-Institut (Alemania), hasta Pro Helvetia – Swiss Arts Council, sienten un orgullo infinito de volver a estar presentes, de poder financiar la participación de equipos de arquitectos de sus países que viajan hasta Logroño a hacer real eso que la arquitectura debería ser siempre: “Primero la vida, luego los espacios, luego los edificios, y nunca al revés, o no funcionará”. Sabias palabras de Jan Gehl, arquitecto de lo social, que ya entendía que los espacios destinados a las actividades no indispensables son los que realmente transforman la forma de socializar, habitar y disfrutar un lugar.

¿Una plataforma internacional de reflexión? Sí, exactamente eso. Porque no plantea soluciones cerradas a problemas concretos, sino que reflexiona de forma crítica sobre el uso y el disfrute del espacio público. Es un laboratorio urbano en una ciudad como Logroño, que cede temporalmente sus calles y plazas como lugar de encuentro. En un contexto en el que muchas ciudades convierten el espacio público en un escenario de conflicto o de consumo, Concéntrico propone lo contrario: la calle como espacio de diálogo, de aprendizaje y de experiencia compartida. Y lo hace a través de la arquitectura.

Habitar el río, de Erazo Pugliese.

Javier Peña, director de Concéntrico, durante la inauguración del festival en 2025.

Ziva Studio, del arquitecto francés Anthony Authié, diseñó The Boxing Dinner para el Mercado de Abastos de Logroño.

Una ciudad que se piensa a sí misma

Hay algo profundamente significativo en que un proyecto de este alcance surja desde Logroño. No desde una gran capital, sino desde una ciudad que ha sabido convertir su escala en una ventaja. La pregunta no es cómo una ciudad pequeña ha logrado posicionarse internacionalmente, sino cómo ha sido capaz de hacerlo sin perder su identidad.

La ciudad lo agradece de la mejor manera que puede: garantizando su permanencia. Independientemente del gobierno de cada edición, Concéntrico es ya una cita obligada cada año en Logroño. Aunque, en realidad, es mucho más que eso.

El año pasado, Javier Peña, director del festival, contaba que, paseando por la plaza del Ayuntamiento, descubrieron que estaban cambiando las farolas de toda la vida por otras de luces LED, de menor consumo energético. Literalmente, estaban “descabezando las farolas” y, seguramente, desechando las cabezas antiguas. Algo hizo clic. De ahí surgió la idea de conservarlas, y así fue como consiguieron que el Ayuntamiento almacenara todas esas cabezas “desmembradas”, que meses después se convertirían en la maravillosa instalación 111 Farolas, de Bayona Studio.

111 Farolas, de Bayona Studio.

Esta capacidad de actuar en el espacio público es mucho más que cerrar unas fechas y conceder permisos para un festival. Supone una confianza plena en el proyecto, una red de apoyos internos y una ilusión compartida por colaborar en la transformación temporal de la ciudad. La diversidad del público es, en este sentido, uno de sus mayores logros: familias, estudiantes, profesionales, vecinos. Personas que no necesariamente comparten un lenguaje técnico, pero que encuentran en las instalaciones una forma directa de relacionarse con la arquitectura. Aquí, la arquitectura no se explica: se experimenta.

¿Y qué veremos este año? Tres formas de leer la ciudad

La edición de 2026 se articula en torno a tres ejes que funcionan más como lentes que como categorías: identidad y ficción, ecologías urbanas y agentes efímeros. En el primero, la ciudad aparece como un relato en construcción. Las intervenciones trabajan con la memoria, los símbolos y las ficciones que conforman la identidad colectiva. La propuesta de Smiljan Radic, Premio Pritzker 2026, introduce en Logroño la lógica del circo itinerante: una arquitectura efímera que transforma el espacio en un interior compartido. En paralelo, proyectos como los de Matilde Cassani u OFREIA exploran el espacio público como escenario ritual o como archivo de prácticas olvidadas, mientras que El plano latente convierte el Paseo del Espolón en una coreografía colectiva donde el cuerpo reescribe el significado del lugar.

El segundo eje pone el foco en el clima, la materia y el territorio. Aquí la arquitectura se acerca a lo esencial. Propuestas como las de raumlabor construyen microclimas a partir de materiales sencillos, mientras que el proyecto de noof group responde directamente a la necesidad de enfriar la ciudad mediante estructuras ligeras y sistemas evaporativos. La colaboración entre Boltshauser y Garbizu Collar, por su parte, transforma la tradición vitivinícola de La Rioja en una arquitectura climática: una cámara donde tierra, temperatura y experiencia sensorial se encuentran.

El tercer eje desplaza la arquitectura hacia la acción. Las intervenciones dejan de ser objetos para convertirse en dispositivos que activan dinámicas sociales. Multiform, de Gabriel Fontana, replantea el deporte como herramienta de inclusión mediante un sistema de juego cambiante que se desarrolla a través de talleres con estudiantes. El proyecto de 2050+ transforma un aparcamiento en un paisaje de juego colectivo, recuperando el frontón como infraestructura social. Y propuestas como las de AAU Anastas o Sounds of Architecture introducen el sonido como una forma de construir espacio y comunidad.

Frontones danzantes, un proyecto de 2050+.

Arquitecturas que suceden

Uno de los aspectos más interesantes de esta edición es que muchas de las intervenciones no se limitan a ser instalaciones. Son procesos. Acciones que ocurren en el tiempo. El plano latente se activa en un momento concreto: el solsticio de verano. Multiform se construye a través de talleres. El huerto de Sahra Hersi continúa una investigación iniciada el año anterior. La ciudad no es solo el escenario: es el material. Esta dimensión temporal acerca la arquitectura a la coreografía, al ritual o incluso a la celebración. Como ocurre con la recuperación del arco de San Bernabé, reinterpretado como una pieza contemporánea que conecta memoria y pertenencia colectiva.

En un momento en el que la arquitectura se debate entre lo icónico y lo técnico, Concéntrico propone una tercera vía: la arquitectura como herramienta social. Pequeñas estructuras, intervenciones temporales y gestos aparentemente simples que, sin embargo, son capaces de transformar la manera en que nos relacionamos con el espacio y con los otros. Incluso en esta edición, el sonido será una fuente de experimentación: el festival está desarrollando una colaboración sonora con Sounds of Architecture Records, el sello de vinilos fundado por Didier Fiúza Faustino y Marie-Hélène Fabre.

Fotografía: Sara Cuerdo y Josema Cutillas.

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