El estudio de arquitectura Twobo, formado por María Pancorbo, Alberto Twose y Pablo Twose, presenta Casa Sota la Mola. Situada en Matadepera, a pie del parque natural Sant Llorenç del Munt i l’Obac, en Barcelona, «el proyecto nace de una escucha atenta al entorno y busca pasar inadvertido en el característico rojo del paisaje, dando lugar a una casa monocolor que se funde con el terreno mientras combina la vida familiar con la tranquilidad de la naturaleza», explican.
El trabajo responde al deseo de una pareja, con sus dos hijos pequeños, de tener un hogar que reflejara una sensibilidad por el diseño y la integración arquitectónica. Uno de los propietarios guarda un fuerte vínculo con Matadepera, donde pasaba los veranos de su infancia. Tras quince años viviendo en Australia, donde la vida al aire libre es fundamental, la familia quiso recuperar esa conexión con el territorio eligiendo este enclave para establecer su nuevo hogar.
Twobo ha traducido este relato personal en un diseño que se mimetiza con el perfil de la montaña de la Mola mediante «una cuidadosa adaptación topográfica y un profundo diálogo con el entorno». Dos gestos principales definen el proyecto: la fragmentación de volúmenes y el uso de materiales que armonizan con la paleta rojiza del terreno. El resultado es una casa que actúa como refugio familiar y extensión del paisaje, con claras referencias a la célebre Casa Muuratsalo de Alvar Aalto.
«En su casa de Muuratsalo, Alvar Aalto parte de un centro —el fuego, el patio— y fragmenta la casa hasta fundirla con el paisaje. De él aprendemos que la fragmentación puede ser una forma de desaparecer, y de unir arquitectura y naturaleza», señalan Pablo, Alberto y María.
La vivienda se extiende en una sola planta y se organiza en dos volúmenes: uno destinado a la vida en común, con la cocina, el comedor y el salón; y otro, dispuesto en torno a un patio interior, que alberga las zonas privadas con los dormitorios.
Esta clara división funcional crea dos diferentes ambientes: la parte más elevada, orientada al sol de la tarde y abierta hacia las vistas, se percibe como el lugar natural para vivir; mientras que la zona central, más fresca y sombría, acoge el recogimiento y el descanso. Desde su implantación, la casa evita las vistas hacia las construcciones vecinas, priorizando la relación con la naturaleza inmediata.
El interior se concibe a partir de una idea esencial: que la estructura sirva a su vez como acabado final. Por ello, los arquitectos optaron por un hormigón pigmentado en tono rojizo, lo cual confiere identidad al conjunto sin necesidad de revestimientos. Su superficie conserva la huella del encofrado de madera, un rastro visible que introduce una calidez artesanal y revela el proceso constructivo. La forma abovedada de la estructura, la volta catalana, define las principales estancias, como la sala de estar y la cocina, dota a todo el conjunto de continuidad, textura y una atmósfera «casi escultórica».
Esta materialidad rojiza y terrosa se complementa con el color verde del paisaje exterior que penetra por los amplios ventanales, «que irrumpe con fuerza y se realza por el contraste con los matices del interior». Esta relación entre color, luz y materia recorre toda la vivienda y alcanza el baño del dormitorio principal, donde reproduce el mismo contraste que ocurre con las encinas y la casa a través de la aplicación de cerámicas verdes encima de los acabados rojos.
Siguiendo con el propósito de dialogar con el terreno, el proyecto extiende esta relación más allá del interior. En el patio interior, al que se abre directamente la habitación principal, se encuentra una gran roca que surgió al excavar y que los arquitectos decidieron mantener y adaptar a los muros para que formase parte del diseño final. En el exterior, la vegetación se mantiene prácticamente intacta: el terreno original apenas se altera, limitándose a la huella que ocupa la vivienda.
Twobo ha dado lugar a una arquitectura que emerge del propio terreno, reforzando su conexión con una topografía pronunciada y cambiante. «Entre escorrentías húmedas y claros de luz, Casa Sota la Mola se alza en equilibrio entre la sombra de los robles y encinas y la apertura hacia el sol de la tarde, combinando la vida familiar con la serenidad profunda de la naturaleza», concluyen.















