La Muralla Roja: el inconveniente del hype

22 junio 2021

por | 22 junio 2021

La Muralla Roja es el edificio más publicado en Instagram. Que dicho así no parece nada grave, tan solo un rasgo de modernez y de estos tiempos tan del «like», pero no opinan igual los vecinos de este complejo arquitectónico que Ricardo Bofill construyó junto al barranco de la Manzanera de Calpe en los años 70.

Es el inconveniente del hype: el lugar genera unas expectativas tan altas para las cuentas de instagram que está acabando con la paciencia de los habitantes de este lugar.

Esta es una de las primeras obras del arquitecto Ricardo Bofill Levi y la proyectó junto a su padre prácticamente sin utilizar planos, como él ha explicado muchas veces. Su propósito era hacer una obra vernácula sofisticada contrapuesta al paisaje que la rodeaba; no convertir el conjunto en «instantáneas puntuales».

«Las redes sociales– explicaba en El País – nunca miran un conjunto, tienen la ventaja de la instantaneidad y el inconveniente de la frivolidad. Esta puntualidad hace que mi obra, que es una trayectoria pensada y articulada, se juzgue por instantes».

 

Sea como fuere, el caso es que Bofill se marcó una reinterpretación de las construcciones norteafricanas mezclada con una vuelta al concepto de casbah bajo una perspectiva autóctona: el resultado es una construcción pintoresca pero muy respetuosa con la tradición arquitectónica mediterránea de la zona. Además de ser la antítesis de la especulación inmobilaria de la época, que no es ninguna broma.

La Muralla Roja, que tiene de vecino al edificio Xanadú y a Las Villas, también proyectadas por el arquitecto catalán dentro del complejo La Manzanera, tiene plantas en cruz de cinco metros que generan 50 apartamentos de tres tipologías diferentes y que dan a las cuatro orientaciones.

 

Cuando Bofill (Barcelona, 1939), hijo del arquitecto Emilio Bofill y de María Levi, levantó esta futura meca para los instagramers fue antes de que se le vetara para construir en España y recalara en el país vecino para trabajar para el gobierno de Valéry Giscard d’Estaing.

Como él ha explicado muchas veces, el star-system arquitectónico comenzó con él en Francia en 1974, en ese momento los arquitectos empezaban a ser importantes, a tener un papel protagonista en la sociedad, lo que le llevó a adquirir una gran reputación.

Miembro de la gauche divine barcelonesa, este arquitecto provenía de la burguesía catalana, como el resto de esta intelectualidad izquierdista que se rebeló contra la grisura franquista. Él lo hizo a través de su visión utópica y posmoderna de la arquitectura.

Los “divinos”, todo hay que decirlo, suscitaron en sus contemporáneos una mezcla de repulsa y fascinación. Admirados en secreto por su modernidad chic, también fueron criticados por su carácter elitista y por su aparente falta de compromiso político. Solo desde esa utopía y ese mundo paralelo, Bofill pudo levantar este complejo tan poco parecido a lo que se hacía entonces por estas costas.

 

 

El caso es que, al margen de su historia, la Muralla Roja sigue siendo un edificio delicioso para todos, vecinos e instagramers, lo que no quita para que estos se hayan declarado la guerra mutuamente. Sobre todo los vecinos a los curiosos, que se les cuelan en la cocina del apartamento para hacerse un selfie.

La situación era insostenible justo antes de la pandemia. El COVID dio un respiro a los habitantes de la muralla pero los influencers, y los no tanto, amenazan con atacar de nuevo pese a los disuasorios carteles que han puesto los vecinos rodeando el condominio.

 

 

El edificio es el fondo de muchas campañas de publicidad, cuya gestión lleva la comunidad de vecinos directamente. Aparece en infinidad de catálogos promocionales, campañas de moda y videoclips. Ha sido, recientemente, publicado en una monografía, «Visions of architecture», por parte de la editorial alemana Gestalten, que detalla toda su fisonomía a través del objetivo del fotógrafo catalán Salva López.

 

Mientras tanto, el procedimiento para declarar BIC (Bien de Interés Cultural) el edificio avanza lentamente. Eso supondría una protección añadida al edificio pero también implicaría un relativo incordio para los propietarios, ya que La Muralla Roja podría ser oficialmente visitable. De una forma ordenada, pero visitable.

Fotografía: Ricardo Bofill Taller de Arquitectura.

 

 

 
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