Uno de esos edificios que se recuerdan siempre cerrado, tras su final como discoteca hace décadas, estrena nueva vida. Se trata de Casa Vella, un inmueble del siglo XVI protegido de forma integral que, junto a la rehabilitación de un edificio decimonónico contiguo con protección parcial como Bien de Relevancia Local, ha sido adecuado por parte de Estudio Mars.
Ubicado en un lugar privilegiado del Centro Histórico de Valencia, junto a la Plaza del Carmen, el trabajo de rehabilitación ha concluido tras muchos años de laberinto burocrático combinado con denuncias vecinales por cambio de uso y pandemia por medio. El Plan Especial de Ciutat Vella prohibe hacer hoteles en cuatro de los cinco barrios de Ciutat Vella, excepto en Sant Francesc, pero los permite en edificios protegidos, como es el caso de este palacio, con difícil adaptación para uso residencial. Esta rehabilitación ha contado, además, con un feliz hallazgo.
«La mayor dificultad del proyecto– explican los arquitectos del estudio– fue la adecuación de los dos edificios para los fines previstos, es decir, un hotel de 72 habitaciones. No tanto Roteros 23 como el palacete de Casa Vella, en Roteros 25, ya que este último se encontraba en un estado de preruina. Teniendo en cuenta los criterios de la comisión municipal de Patrimonio, ha sido una labor ardua y costosa. Tanto más cuando nos encontramos unas pinturas del siglo XV escondidas bajo tres capas de pintura en el artesonado de la sala noble y el tono primigenio de la fachada de Casa Vella».
Haber recuperado las pinturas primigenias del artesonado de la sala noble, «y que queden disponibles para el público en general», es uno de los motivos de orgullo del equipo técnico que ha trabajado en la rehabilitación, donde Estudio Mars ha contado con la ayuda «inestimable» del restaurador Raúl Chuliá y del arqueólogo Miquel Roselló.
«En Casa Vella hemos intentado hacer una recuperación arqueológica, es decir, liberar elementos de vestigios decimonónicos e impropios, facilitando la compresión de un edificio en donde sus trazas iniciales datan de principios del siglo XV», explican los arquitectos al frente del trabajo.
El zaguán de Casa Vella actúa como soporte de acceso al hotel, articulando con su gran presencia el funcionamiento de los edificios. La escalera principal de la planta primera, con su tragaluz superior y artesonados, se muestra con la textura primigenia acompañando hacia la gran sala noble, «centro neurálgico de la propuesta», una sala de dimensiones generosas que presume de guardar una reliquia escondida entre muros desnudos y texturas reconocibles.
«El artesonado, capricho del destino, nos pasó por delante inicialmente sin reconocer lo que teníamos encima. Una simple conversación con el restaurador Raúl Chuliá bastó para que hicieran una pequeñas catas en la primera capa de pintura, de corte florentino. La segunda capa propició el hallazgo de otra pintura de corte barroco, y en la tercera capa, que es la original, pasamos de una composición geométrica a una figurativa», apuntan los arquitectos.
«Lo que se representa en ellas es un pasaje del libro del Génesis, en concreto el Ciclo Patriarcal de José, hijo de Jacob. La historia de José es el origen de las doce tribus de Israel, las raíces ancestrales de un pueblo, cuya historia transcurre en tierras egipcias, preparándose para comenzar una nueva era», explica el restaurador, quien detalla que el propietario original de la casa, al elegir representar esa historia para la decoración de la sala, «seguramente quería mostrar que él también era poseedor de las cualidades de José, una persona recta, casta y entregada a Dios, tema recurrente y que se puede encontrar en diversos palacios y sobre diferentes soportes».
«Los colores empleados son ocres, rojos, azules, verdes y tierras, remarcando las figuras con línea negra. La paleta de colores es similar al gótico lineal, muy común en el territorio de la Corona de Aragón entre los siglos XIV y XV, por lo que se podría decir que se trata de una pintura con reminiscencias de esta época», apunta.
El programa del edificio, explican desde Estudio Mars, se organiza preservando la identidad y la escala de los dos inmuebles: las habitaciones y la mayor parte de las instalaciones se disponen en el edificio del XIX, mientras que la casa histórica acoge los accesos y los usos comunes.
El hall de doble altura con arcadas de piedra, la zona de aguas y la conexión con el restaurante y gimnasio articulan el conjunto. La intervención recupera la sala noble con artesonado pintado del XVI, iluminada por un tragaluz con delicados entallados de escayola, elimina añadidos impropios y revela las distintas capas históricas, restituyendo la materialidad original.
«La recuperación de las fachadas hacia la Plaza del Carmen y la repristinación del edificio decimonónico buscan devolver calidez, vida y presencia urbana a un conjunto largamente abandonado, sacando a la luz sus valores ocultos: pinturas murales, texturas y memoria construida, ahora conectadas desde el interior como una sola experiencia», concluyen desde Estudio Mars.


















