Pasear por Logroño estos días tiene mucho de mezcla. «Con tanto moderno esto parece Rotterdam», decía un vecino divertido ante tanta gente vestida de negro y con gorra por las calles de la ciudad. Se mezclan los equipos de arquitectos con las periodistas de medios europeos y nacionales (muchas más mujeres que hombres) y con los propios habitantes de la ciudad. Todos ellos mezclados, a su vez, con los más de veinte proyectos que han tomado las calles y las plazas. El festival Concéntrico nació, como explica su director, el arquitecto Javier Peña, con la intuición de que la arquitectura y el diseño podían dejar de ser una conversación entre profesionales y convertirse en otra cosa: algo que ocurriera en la calle, a escala uno a uno, accesible para cualquiera que pasara por allí.
Eso es el festival Concéntrico, un laboratorio de innovación urbana que se celebra hasta el 23 de junio y que permite vivir la ciudad como un lugar de encuentro, de aprendizaje y de estímulos. «Las instalaciones de Concéntrico transforman la relación que la gente tiene con los edificios y con las plazas que cruza cada día. Ese es el material sobre el que trabajamos».
Las instalaciones de Concéntrico invitan a los habitantes a cuestionar el sentido de los lugares. «Identidad y ficción se han convertido, edición en edición, en uno de los hilos centrales del festival: toda identidad cultural está hecha a partes iguales de lo real y de lo imaginado, de lo que recibimos y de lo que cada generación añade», explica Peña. «Cuando una intervención ocupa una plaza durante una semana, abre una ventana: sugiere que esto también podría ser de otra manera».
La ciudad se construye con lo que vuelve cada año: las fiestas patronales, las hogueras, las procesiones, los mercados, los arcos que se montan para conmemorar una memoria común. Lo no permanente construye identidad a fuerza de regresar. En esa tradición, donde lo popular y lo funcional se unen, es donde Concéntrico se reconoce. «Trabajamos desde el rito, lo escénico y el relato, entendiendo el espacio público como un lugar capaz de construir experiencias compartidas. Cada edición propone, en el fondo, pequeñas ficciones que ocurren en la realidad».
De ahí nace en sentido del festival como laboratorio. «Probamos hipótesis a tamaño real, en el espacio público, con todo el riesgo y toda la riqueza que eso supone: una vez que la intervención está en la calle, nadie controla cómo se usa y es, precisamente ahí, donde aprendemos», apunta Peña.
Las decisiones sobre cómo vivimos en las ciudades se libran, cada vez más, en marcos nacionales y globales, «y se han polarizado hasta el punto de que un carril bici puede leerse como una declaración ideológica. Sostener, en este escenario, un espacio donde arquitectos, diseñadores, artistas y vecinos compartan la misma plaza durante una semana, sin pedirles que se posicionen, solo que la habiten, me parece cada año más necesario y más difícil. Lo que comenzó como una intuición se ha ido convirtiendo en una práctica continua, donde cada hipótesis ensayada abre la siguiente. Esa cadena sostenida en el tiempo es ya una forma de pensar la ciudad».
Concéntrico reparte las intervenciones por numerosos puntos de la ciudad con propuestas de equipos internacionales vinculadas específicamente a los distintos espacios. El arquitecto chileno Smiljan Radić, recientemente distinguido con el Premio Pritzker, interviene el solar de la calle Mayor; la arquitecta italiana Matilde Cassani, el Arco de San Bernabé; el estudio mexicano PPAA transforma la Plaza del Ayuntamiento; el equipo belga CENTRAL + Maxime Delvaux desarrolla su propuesta en la Plaza del Mercado; el colectivo berlinés raumlabor ocupa la Plaza de la Diversidad; el estudio canadiense Future Firm trabaja en el Puente de Hierro; y el equipo palestino AAU Anastas lleva sus dispositivos de escucha al Patio del COAR. También destacan las intervenciones de 2050+ en el Parking del Revellín; Boltshauser × Garbizu Collar en el entorno de Santiago; BEAR en Viña Lanciano; Sahra Hersi en la Biblioteca Rafael Azcona; Parabase en el solar de la estación de autobuses, y Dancing on Architecture, en el Paseo del Espolón, entre otras. Hagamos un recorrido por algunas de ellas.
Inspirado en las Pinturas Aeropostales de Eugenio Dittborn y en los circos itinerantes que recorren las costas de Chile, Smiljan Radić traslada a Logroño un circo pobre: una arquitectura ligera, plegable y temporal construida con telas plásticas industriales. Como los circos que se instalan brevemente en campos y espacios comunitarios, la estructura desaparecerá sin dejar huella, activando un interior frágil lleno de aire y color. El proyecto recupera el circo como una de las matrices históricas de la arquitectura efímera y de las vanguardias escénicas. En el interior, varias pantallas dispuestas en el suelo proyectan Le petit chapiteau (1963), de Joris Ivens, generando un espacio compartido de encuentro, observación y juego.
El proyecto de Matilde Cassani se sitúa en torno al Arco de San Bernabé, un lugar estrechamente ligado a la memoria colectiva de la ciudad. A partir de esta condición, la intervención propone una arquitectura temporal que trabaja con lo festivo como forma de activar el espacio público. A través de elementos textiles y conmemorativos, el arco se transforma en un dispositivo donde tradición y uso contemporáneo se superponen.
BEAR Architects, formado, por Ane Arce e Íñigo Berasategui, proponen Temblores de superficie, vino y Smithson, una lectura mínima del paisaje vitivinícola de Viña Lanciano, sobre los sedimentos milenarios del río. La intervención no añade un objeto, sino que acota una línea y señala un surco, convirtiendo la superficie de la tierra en un campo de atención. A partir de una estructura ligera, casi una malla estratigráfica, el visitante se introduce en el paisaje para recorrerlo, olerlo y leerlo. Entre tela, agua y reflejo, el proyecto activa una mirada entrópica que vincula la cultura del vino, el tiempo geológico y la presencia latente de Robert Smithson en el territorio.
La propuesta del estudio mexicano Pérez Palacios se sitúa en la Plaza del Ayuntamiento de Logroño, estableciendo un dialogo directo con el edificio disenado por Rafael Moneo en los ochenta. La intervención se compone de una serie de pilares que reinterpretan y prolongan el ritmo del pórtico existente, extendiendo su lógica estructural hacia el espacio público. Más que reproducir la arquitectura del edificio, el proyecto busca activar una relación entre la plaza y el pórtico, generando un dispositivo que reconfigura la percepción del lugar y propone nuevas formas de atravesarlo y habitarlo.
Central + Maxime Delvaux han pensado la instalación Architecture for Ritual, que transforma la Plaza del Mercado, frente a la Concatedral de Santa María de la Redonda, mediante una gran duna de arena delimitada por un muro bajo que evoca las antiguas fortificaciones de Logroño.
Durante una semana, la plaza se convierte en una playa abierta y lúdica, mientras un mástil central se revela progresivamente mostrando los colores de la ciudad. Construido con tablones de madera, permite introducir pequeños papeles con deseos o intenciones, que esperan el momento de ser quemados. En la víspera de San Juan, la arena cubre y protege la plaza, y el mástil se convierte en la base ritual del fuego.
El eje Ecologías Urbanas pone el foco en las relaciones entre arquitectura, clima, materia y paisaje dentro de la ciudad contemporánea. Las propuestas reunidas en este apartado exploran desde arquitecturas capaces de generar microclimas hasta intervenciones que trabajan con materiales y recursos ligados al territorio. Entre ellas destacan los pabellones experimentales del colectivo raumlabor, el jardín cívico dedicado al cultivo y al intercambio de semillas propuesto por Sahra Hersi, y la arquitectura de tierra y barricas desarrollada por Boltshauser y Garbizu Collar, una intervención que traslada al espacio urbano los principios climáticos del paisaje vitivinícola de La Rioja.
Hot, Cool, Soft, de raumlabor, propone un conjunto de tres pabellones que funcionan como pequeñas zonas climáticas experimentales. Construidos con estructuras ligeras de madera y envueltos en capas de materiales naturales —como yute, malla de coco y membranas aislantes—, cada uno genera diferentes condiciones de luz, sombra, aire y temperatura.
La instalación invita a recorrer una secuencia de microclimas y experimentar el clima como una condición espacial, física y compartida. En el contexto urbano de Logroño, el proyecto plantea un paisaje temporal donde materiales simples y sistemas constructivos elementales producen lugares de pausa, encuentro y descanso.
Sahra Hersi con su The Potting Shed, ubicado junto a la Biblioteca Rafael Azcona, propone un pequeño jardín cívico organizado en torno a un cobertizo y una mesa compartida donde los visitantes pueden sentarse, conversar e intercambiar semillas. Rodeado de plantaciones resistentes a la sequía, el espacio ofrece un lugar público dedicado al cuidado, el cultivo y el encuentro.
En el interior, macetas de terracota y semillas están disponibles para que los visitantes las lleven y las planten, extendiendo el proyecto más allá del propio jardín. La fachada incorpora piezas cerámicas con motivos desarrollados a partir de talleres participativos, trasladando al proyecto las ideas y dibujos de la comunidad sobre plantas,semillas y polinizadores.
Un tercio de la vida, de las finlandesas IC-98 y Suomi/Koivisto Architects, continúa la investigación iniciada en la edición anterior del festival combinando un jardín resistente a la sequía con un espacio dedicado a la experiencia colectiva del sueño.
El pabellón funciona como refugio vegetal para el centro histórico — afectado por el fenómeno de isla de calor— y como escenario de un ritual de incubación inspirado en antiguas practicas grecorromanas y en las exploraciones surrealistas del inconsciente. Durante el festival, una sesión nocturna colectiva invita a compartir y reinterpretar los sueños como forma de encuentro y reflexión común.
La propuesta de Boltshauser y Garbizu Collar explora la relación entre tierra, arquitectura y cultura del vino trasladando, al espacio urbano, materiales y lógicas constructivas propias del territorio de La Rioja.
El proyecto plantea un pabellón construido con tierra compactada y barricas reutilizadas, concebido como prototipo de un sistema constructivo circular. Las barricas, una vez finalizado su ciclo enológico, se integran en el proceso como encofrado y soporte estructural, mientras que la tierra configura muros de gran masa capaces de generar inercia térmica y confort climático. En la ciudad, la instalación funciona como una cámara de cata donde las condiciones ambientales —luz, temperatura y humedad— forman parte de la experiencia sensorial del vino.
Transtation, de Parabase, es un prototipo de infraestructura circular, tanto material como energética, situado en el ámbito de la estación de tren de Logroño. El pabellón reutiliza piezas de una antigua subestación eléctrica obsoleta, convirtiendo los recursos existentes del lugar en una nueva arquitectura. A la vez, propone un ciclo energético mediante biodigestión: los residuos orgánicos de pasajeros de tren y autobús generan biogás, almacenado temporalmente en la membrana de cubierta y transformado después en electricidad.
El sistema también redirige excedentes renovables hacia antiguos depósitos de agua bajo las vías, que funcionan como baterías estacionales. El proyecto vincula memoria infraestructural y transición posfósil.

Javier Peña, director de Concéntrico, junto a los arquitectos de Parabase, Carla Ferrando y Pablo Garrido.
El eje Ephemeral Agents propone repensar la arquitectura efímera como una herramienta capaz de activar dinámicas sociales y abrir nuevas formas de uso del espacio público. En este marco se inscriben proyectos como Multiform, de Gabriel Fontana, que replantea las reglas del deporte para explorar nuevas formas de convivencia colectiva; las cápsulas de escucha urbana desarrolladas por AAU Anastas; y las investigaciones espaciales en torno a discapacidad y arquitectura impulsadas por Ignacio G. Galán, Ozaeta.Fidalgo y Jordan Whitewood-Neal.
El proyecto Frontones Danzantes, del estudio italiano 2050+, propone una infraestructura efímera que convierte el juego en una herramienta de transformación urbana. A partir de un gesto elemental —un muro y una pelota— recupera el espíritu colectivo de la pelota vasca y lo traslada al contexto contemporáneo de Logroño.
La intervención actúa sobre el Aparcamiento del Revellín, transformando un espacio de tránsito en un paisaje activo donde arquitectura y movimiento se entrelazan. La propuesta del estudio 2050+ cuenta con tres frontones móviles con sistemas modulares en seco de madera y estructuras metálicas, capaces de acoger usos deportivos contemporáneos y activar el espacio público como catalizador de comunidad.
Amanda Pinatih + Gabriel Fontana, de Países Bajos, presentan SIDELINED: A Game to Rethink Togetherness, que replantea el deporte y el juego desde una perspectiva inclusiva. Este programa educativo propone un juego de equipo con uniformes transformables donde las reglas y la composición de los equipos cambian constantemente.
Cada nuevo color en el uniforme implica un cambio de equipo, invitando a experimentar distintas posiciones dentro del grupo. A través de talleres con estudiantes de doce escuelas primarias de Logroño y un torneo final, el proyecto explora el deporte como herramienta para repensar la convivencia en el espacio público.
Catedral para uno (Cathedral for One) es una arquitectura en piedra concebida, por el estudio palestino AAU Anastas para un único visitante. Suspendida sobre el suelo del patio del Colegio de Arquitectos de La Rioja (COAR), se accede a su interior a través de una abertura inferior que conduce a una cavidad lisa y envolvente, iluminada por una única apertura cenital.
Construida íntegramente con losas de piedra desechadas de una fábrica, transforma los descartes industriales en un vacío continuo destinado a la soledad y la contemplación. El proyecto reivindica la piedra como un medio capaz de portar significado cultural en la esfera pública: a la vez íntima y monumental, doméstica y celebratoria.

Los hermanos Elias y Yousef Anastas forman el estudio palestino.
Esta posición surge de su práctica arquitectónica en Palestina, «donde construir nunca ha sido un acto neutral», explican los arquitectos con sede en Belén y en París. Levantar una casa, un muro, una terraza o un espacio público es inseparable de las cuestiones de presencia, continuidad y pertenencia: cada gesto constructivo es una afirmación de arraigo frente al desplazamiento, un acto cultural e inevitablemente político, una forma de resistencia que reivindica el derecho a habitar y a permanecer.
Una composición sonora habita la cavidad interior. Durante el festival se celebran dos oficios diarios —uno matutino y otro vespertino—, cada uno con su propio programa sonoro emitido de forma reiterada hasta dar paso al siguiente ciclo. Estas celebraciones evocan la dimensión cultural y espiritual del construir: el deseo humano de reunir materia, dar forma al espacio y transformar la edificación en un acto de significado.
La propuesta de Future Firm explora cómo infraestructuras existentes de la ciudad pueden actuar como agentes capaces de activar nuevas relaciones con su entorno. Tomando como punto de partida el Puente de Hierro y su proximidad al río Ebro, el proyecto investiga cómo intensificar su papel como espacios de conexión, estancia y observación del paisaje fluvial. A través de una intervención ligera y temporal, la propuesta busca hacer más permeable la relación entre la ciudad y el rio, entendiendo la arquitectura existente como un soporte activo para nuevas formas de uso y experiencia urbana.
Los Sábados toma su nombre de los soboty, las galerías de madera que rodeaban las iglesias rurales de Polonia y ofrecían refugio a quienes llegaban el sábado antes de la misa dominical. La instalación de Tlo traslada ese arquetipo vernáculo a una calle estrecha de Logroño, junto a la antigua tabacalera, reforzando su condición casi interior.
Una cubierta suspendida de listones de madera reutilizados filtra la luz entre dos edificios públicos, mientras bancos construidos con bordillos de piedra recuperados configuran un espacio abierto al descanso y a la acogida. Concebido desde el desmontaje y la reutilización, el proyecto no deja huella más allá del tiempo compartido que hace posible.
Sin que sirva de precedente habrá que darle la razón al alcalde de la ciudad quien, durante la inauguración del festival, acercando Logroño también de paso a Martin Luther King, destacó que «Concéntrico es un sueño». No se lo pierdan.







































