La Nave de los locos: el universo maldito del manicomio

11 mayo 2022

por | 11 mayo 2022

«Nadie pinta, escribe o crea excepto para salir del infierno», decía el poeta Antonine Artaud desde sus reiterados internamientos en sanatorios mentales. La Humanidad está en deuda con muchos individuos célebres de todas las disciplinas creativas, desde Maupassant hasta el Marqués de Sade pasando por Leopoldo María Panero, cuyas obras son patrimonio de la cultura universal a pesar de que muchos de ellos lo pagaron con su desmoronamiento psíquico.

Aunque lejos de los estereotipos clásicos del malditismo estético, la gran mayoría de los enfermos mentales no suelen destacar por su creatividad artística ni son genios incomprendidos. Lo que sí padecieron todos por igual fue una alienación institucional.

Así lo explican los responsables de ‘La Nave de los locos. Una odisea de la sinrazón’, la exposición que analiza la singular relación de València con sus alienados en una especie de viaje por los espacios de la locura en la ciudad a lo largo de seiscientos años a través de la ciencia y las artes.

La muestra reúne, en el edificio de La Nau de la Universitat de València hasta octubre, valiosa documentación histórica y científica, conservada celosamente siglo a siglo desde 1409, incluyendo numerosas publicaciones, reliquias, objetos y planos que permiten reconstruir los vestigios arquitectónicos que han podido conservarse de aquellos sitios de atención a la locura como fueron los hospitales y los manicomios.

Comisariada por el psiquiatra y licenciado en Filosofía Cándido Polo y por Ana Hernández, doctora en Bellas Artes y arteterapeuta, la muestra tiene un carácter «desmitificador y reivindicativo» en un terreno donde las actitudes varían del apoyo solidario pasando por la atracción, la repulsión, la marginalidad y el rechazo irracional. La enfermedad mental sigue siendo un tabú, han coincidido en destacar durante la presentación de la muestra.

La Nave de los locos: el universo maldito del manicomio.

«El pintor y grabador Hipólito Rovira (Valencia, 1693-1765), por ejemplo, personifica bien ese drama de un personaje que no se adapta, cuyo equilibrio es muy precario y encuentra en la vida artística una forma de escapar de su inestabilidad mental. El autor del grabado que generó la imponente fachada de estilo rococó del palacio del Marqués de Dos Aguas es solo uno más, ¿cuántos habrá como él que no conocemos ni conoceremos nunca?», se preguntaba el comisario de la muestra.

En La Nau se expone un variado muestrario de producciones científicas, así como representaciones artísticas de áreas muy diversas: pintura, cerámica, literatura, cine, arquitectura o cómics para ilustrar el universo maldito del manicomio. Gracias a las aportaciones de más de 60 prestadores públicos y privados, la muestra enseña los múltiples rostros de la locura.

Para ello se cuenta con obras de artistas clásicos como Joaquín Sorolla, Goya, José Vergara o José de Ribera, así como artistas contemporáneos desde Equipo Crónica, Artur Heras o Manuel Boix, hasta Anzo, Genovés, Chema López y José Mª. Gorrís.

A la derecha, obra «El corredor» (2004), de Chema López. (Centre d’Art Cent mètres du centre du monde, Perpignan).

«El patio de las tentaciones», Equipo Crónica (1972). IVAM 1984-001/11, VEGAP.

«El arte y la locura». Mundo Gráfico, diciembre de 1935. Biblioteca Nacional de España.

En la Sala Acadèmia se exhibe la etapa relacionada con los dos primeros centros que acogieron a los enfermos mentales en la ciudad: el Hospital de Inocentes y el Hospital General, durante casi quinientos años, que resalta el radical cambio ideológico que se produjo en València: de la demonización tradicional de la locura a su posterior santificación.

De este modo las personas estigmatizadas pasaron a ser consideradas como enfermas y fueron desapareciendo los malos tratos y las expulsiones, para ser acogidas en instituciones asilares inspiradas por la caridad y bajo una limitada atención médica. Esta iniciativa asistencial de la Valencia bajomedieval pronto sería secundada por diversas ciudades, hasta tomarse como modelo en el mundo occidental y en la América colonial.

Luis Albert Ballesteros (1902-1968), perspectiva del Pabellón general del Manicomio de Porta-Coeli, 1933. Acuarela sobre lienzo (Archivo General de la Diputación de Valencia).

Malina. «Pacientes dando un paseo», 1934. Getty Images (Serie «El hospital psiquiátrico más antiguo de Europa»).

 La Sala Estudi General continúa este recorrido a través de materiales y objetos del periodo contemporáneo, que se inició en el último tercio del siglo XIX con el traslado provisional al convento franciscano de Sta. María de Jesús hasta la construcción del Hospital Psiquiátrico de Bétera. Esta sala se divide también en dos periodos: La primera fase abarca poco más de un siglo, determinado por las adversas circunstancias que acompañaron al Manicomio de Jesús desde la apertura hasta su polémico cierre.

No tardaría en seguir un proceso parecido el moderno establecimiento psiquiátrico de Bétera, que comenzó su progresivo desmantelamiento en apenas una década de funcionamiento al confirmarse, por la OMS, la crisis del modelo hospitalocéntrico y el fracaso de la institución total. Mientras tanto, las corporaciones locales preferían mirar hacia el pasado, buscando en el esplendor remoto de la fundación del P. Jofré y la legitimidad de los “600 años de solidaridad”. La Nave de los locos: el universo maldito del manicomio.

La Nave de los locos: el universo maldito del manicomio.

A la derecha, «Paisajes frenológicos» (2002), de Artur Heras (Colección del artista).

En la Sala Oberta, las artistas Patricia Gómez y María Jesús González, presentan la instalación ‘Espejo del mundo’. Un trabajo que empezó en 2017 y que se adentra en la memoria del último Hospital Psiquiátrico de Valencia, el Hospital Padre Jofré de Bétera. El proyecto indaga en la particular historia de este centro para abordar una reflexión en torno a la figura del manicomio como espejo de la sociedad, evidenciando al mismo tiempo, su fracaso como estructura de aislamiento.

Este proyecto recupera un total de 113 espejos originales del centro de Bétera, a través de los cuales se cuestiona la concepción histórico y social de la locura como condición simétricamente opuesta a la razón. «Es un trabajo de memoria emocional, prestamos atención a las huellas del lugar, en espejos y en bañeras, que cumplían una función terapéutica y testimonial, con un potencial simbólico enorme», ha apuntado Patricia Gómez.

Instalación de las artistas Patricia Gómez y María Jesús González que reúne espejos procedentes del psiquiátrico de Bétera tras años de abandono.

Por último, el Palau de Cerveró acoge la sección ‘La piedra de la locura. Una historia de la terapéutica psiquiátrica’, comisariada por Enric Novella y Javier Balaguer que muestra la evolución de la concepción de la locura a nivel terapéutico, desde sus primeros remedios como las sangrías y tratamientos de origen vegetal hasta la aparición de la psiquiatría como especialidad médica.

La muestra permanecerá en el Centre Cultural La Nau de Valencia (Nave, 2) hasta el 23 de octubre.

Fotografía de apertura: Colección de publicaciones de Cándido Polo: Triunfo, 1973; Ajoblanco, 1978; y Ozono, 1978.

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