La Ruta y el relato gráfico que le faltaba

2 marzo 2022

por | 2 marzo 2022

A principios de los años 80 floreció en Valencia una subcultura que, en su viaje desde el underground hasta su consolidación como fenómeno de masas, acabaría siendo estigmatizada a nivel nacional (el documental de Canal +, presentado por Carles Francino en 1993, señaló el principio del fin). Este marcaje durante tantos años, motivado por distintos factores, condicionaría todo lo relacionado con el movimiento de la Ruta hasta el punto de invisibilizar las dinámicas artísticas que generó. Pese a formar parte del imaginario habitual de mucha gente durante dos décadas, el apartado gráfico que acompañó al fenómeno ha estado oculto en gran parte. La Ruta y el relato gráfico que le faltaba. Hasta ahora.

«Este es el relato que a Valencia le faltaba. Joan Oleaque puso el texto, con su libro ‘En extasis, el bakalao como contracultura en España’, y ahora ha llegado el desarrollo de la parte gráfica de aquella época», explica Alberto Haller, editor de Barlin Libros y uno de los tres comisarios de la muestra que se puede ver, del 4 de marzo al 12 de junio, en el IVAM: «Ruta Gráfica. El diseño del sonido de València».

Presentación de la exposición por parte de los comisarios, la directora del IVAM y el director de WDC2022.

La exposición reúne 132 carteles, 86 flyers y dos películas documentales fruto de un trabajo de investigación desarrollado en estos dos últimos años, nacido en el más crudo confinamiento de 2020. El objetivo, logrado a través de entrevistas a los protagonistas de todo aquello (artistas, impresores, gestores y promotores), era recuperar del olvido una parte de la historia del diseño de nuestro país «apisonada por el rodillo del estigma».

Los tres comisarios (Moy Santana, Alberto Haller  y Antonio J. Albertos) han incluido trabajos de buena parte de los integrantes de la Nueva Escuela Valenciana del Cómic, que fueron quienes comenzaron a dotar de imágenes e identidad visual a este circuito, al principio muy minoritario. Sento Llobell, Micharmut, Calatayud, Mique Beltrán, Daniel Torres o Ramón Marcos, historietistas ligados a la experimentación gráfica, trabajaron en los 80 para estas salas, con un espíritu underground alejado de los círculos culturales mayoritarios.

La exposición valora el esplendor del trabajo gráfico de los profesionales que pusieron su talento al servicio de los carteles y los flyers de aquellas discotecas que formaban parte de la historia. Nombres célebres ahora (Mariscal, Paco Roca, Bascuñán…), participaron en esos inicios.

Como escribe el dibujante Paco Roca en el prólogo del libro que acompaña la muestra «dibujantes de cómic que creaban portadas de discos, músicos que colaboraban en fanzines, modistos que diseñaban carteles…». «Por aquel entonces la ciudad parecía una pastilla efervescente que rezumaba actividad cultural. Desfiles de Montesinos, fallas experimentales … Toda esa mezcla libre de estilos, tendencias y disciplinas tenía cabida también en los carteles para las salas».

 

Sento Llobell. Chocolate. El retorno de la terraza, ca 1983. Serigrafía. Colección de Ángel Puig Císcar.

«Veníamos de una larga y rancia dictadura, y aquellos espacios asumieron el papel de catalizadores de los cambios sociales de la transición», apunta Roca. Los carteles fueron el altavoz de las tendencias culturales de aquella nueva generación.

El coleccionista Moy Santana ha explicado la génesis del proyecto que se muestra en el IVAM. “La idea surge cuando decido digitalizar una colección de más de dos mil flyers durante el confinamiento y descubro que muchos de ellos estaban firmados por nombres muy conocidos”.

El resultado es un libro y una exposición que resumen “una pequeña parte del proceso de investigación llevado a cabo”, según el historiador Antonio J. Albertos. Se busca cartografíar ese diseño que creció alrededor de la escena de los clubs de la ciudad de Valencia en los años 80 y 90, el fenómeno social que acabaría siendo popularmente conocido como la ruta del bakalao. 

Paco Roca, ca 1994. Técnica mixta. Offset. Colección del artista.

Micharmut, 1988. Serigrafía. Colección de Futurama.

Armando Silvestre y Elisa Ayala, 1989. Serigrafía. Montaje a partir de otras fuentes gráficas. Colección del artista.

Como explican sus impulsores, con un carácter híbrido entre gran ciudad y ciudad de provincias, el underground valenciano tuvo la oportunidad de madurar de manera más libre y particular que en otras urbes, atravesadas de manera más acentuada por modas y presiones culturales y socioeconómicas mayoritarias.

«La historia visual de esos años está en estos carteles y reivindicar el trabajo de diseño artístico es importante para una institución como el IVAM. Nunca es tarde para contar un relato», ha apuntado la directora del museo, Nuria Enguita, durante la presentación de la exposición.

El Hortelano, ca. 1983. Técnica mixta. Offset. Colección de Bernardino Solís.

La Ruta y su relato gráfico

La exposición, con paredes pintadas en negro que nos sumergen en el ambiente de las discotecas, repasa la exuberancia de los años 80, tanto de la obra de diseñadores de prestigio como de los anónimos. En esta parte hay que destacar que, pese a la escasa presencia femenina entre los creadores, allí estuvieron Elisa Ayala, el grupo DequeDequé y la artista Lola Vázquez.

Elisa Ayala, coautora de los carteles de Espiral que se muestran tras ella.

Grupo DequeDéque, 1988. Fotocopias coloreadas mediante retintados monocromáticos y collage. Colección de las artistas.

«Fue un estallido creativo «pos-Franco», con un Pérez Casado que fue nuestro Tierno Galván y es importante reivindicar toda esa creatividad, hasta ahora sepultada bajo el estigma», ha señalado Antonio J. Albertos.

Hay un apartado dedicado a la discoteca de referencia dentro del ecosistema de la ruta en cuanto al devenir del diseño gráfico asociado al ocio nocturno: ACTV. Inaugurada en 1986, su imagen fue obra de los diseñadores Quique Company y Paco Bascuñán, quienes recibieron el encargo del promotor Julio Andújar de dotar de identidad gráfica a esta nueva sala. Provenientes del grupo La Nave, pioneros en todo lo relacionado con el diseño por estos lares, ambos crearían la que acabaría convertida en la imagen icónica de la ruta.

Foto: Miguel Lorenzo.

Quique Company. El Beso, ca. 1987-1993. Collage. Colección de Julio Andújar.

Con la llegada de los años 90 y el éxito desmesurado de la Ruta, con Ximo Bayo a la cabeza como símbolo de esa fase, las lógicas de los empresarios de las salas cambia.

Si al principio hacía falta dar a conocer los sitios y la música, en ese momento de «absoluta masificación del fenómeno», según explica Haller, desaparece el interés de esa apuesta inicial por el diseño. No necesitan atraer a la gente, así que abaratan costes y se diseña de otra forma. Los propios diseñadores de la primera época dejan de interesarse por esa historia y los productos dejan de tener calidad. Los trabajos de diseñadores de renombre menguan y aumenta el concepto mercantilista de la Ruta. Digamos que la calidad del diseño gráfico de la Ruta va en paralelo, en sentido descendiente, de sus salas y de su música.

Xavi Calvo, director General de València Capital Mundial del Diseño 2022, ha subrayado también, durante la presentación de la muestra, la importancia de narrar el relato gráfico de la Ruta. “El diseño valenciano se ha contado mal o no se ha contado”. La exposición forma parte del programa oficial de Valencia Capital del Diseño 2022 y cumple uno de los propósitos de la celebración: dar visibilidad a aspectos del diseño que hasta ahora no se conocían.

Nuria Enguita ha concluido diciendo que «el museo ha de mirar hacia atrás y ver cómo el pasado se manifiesta en el presente. El apartado gráfico es ahora el protagonista, aquí, en el IVAM. Se ha hablado mucho de la ruta y más que se va a hablar».

Fotografía: Miguel Lorenzo y Eduardo Manzana.

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