Estamos ante una casa esquinera de pueblo, ubicada en Albuixech (Valencia), formada históricamente sumando piezas: cuerpo principal, volumen lateral, corral y construcciones anexas. En el bajo cubierta se conservaba la cambra, antiguo secadero de tabaco. Desde el acompañamiento previo a la compra, el arquitecto David Estal, al frente del trabajo, vio que la casa tenía unas condiciones especialmente buenas por su posición de esquina, la amplitud de sus volúmenes, la entrada de luz y una cierta «buena energía».
El proyecto parte de esa lectura de lo existente y de una condición muy concreta: no regularizar la casa ni borrar sus irregularidades, sino trabajar con ellas. Uno de los retos era, precisamente, dar una respuesta unitaria a la fachada principal y a la extensa fachada lateral.
Una obra de retorno y una relación de confianza
«Para mí, esta rehabilitación vuelve a tener algo de obra iniciática», explica Estal. Llega después de un paréntesis profesional dedicado al servicio público y supone volver a una práctica muy directa de la arquitectura: dibujar, decidir en obra, experimentar, tocar materiales y mantener una relación estrecha con quienes van a habitar la casa.
«En ese sentido me ha recordado a mi primera obra en El Cabanyal, en 2014, la casa de Peter y Lisa, y a parte de lo aprendido después en ‘Cabanyal, mans a l’obra’. No porque sean casas formalmente parecidas, sino por esa combinación entre rehabilitación, aprendizaje y confianza con los habitantes. Entre ambas median más de diez años en los que se ha ido decantando una manera propia de hacer arquitectura, reconocible en determinados temas recurrentes: las escaleras como piezas espaciales, las celosías, los patios, la reutilización, el agua, la luz, las texturas y los recorridos», apunta el arquitecto.
Stefanie y Marc son importantes en este relato no tanto como promotores, sino como habitantes, usuarios y participantes del proceso; con ellos viven además dos gatos y Frank, su perro, llamado así por Sinatra. «Cuando conocieron mi trabajo yo todavía estaba en el Ayuntamiento y decidieron esperar a que retomara la práctica profesional. Una vez contratado el proyecto me entregaron una carta en la que explicaban cómo querían vivir, más que cómo debía ser formalmente la casa. Hablaban de una vivienda “que emocionara”, “que fuera lo más parecida a ellos mismos” y de una casa que “sabe de dónde viene y lo respeta, pero al mismo tiempo mira hacia el futuro”».
La obra se ha prolongado y el proceso no ha sido fácil. «Por eso son especialmente importantes su paciencia, su gusto, su confianza y su respeto por el proceso creativo. También la comunicación: intentar hablar siempre de cosas concretas, sin palabras abstractas, comprobables in situ, con palabras que ellos mismos pudieran utilizar después para explicar su casa».
El proyecto: moverse, cocinar o parar entre rincones
«En mi trayectoria siempre intento que la arquitectura transmita calidez, paz y sosiego. Aquí de nuevo, el objetivo era conseguir un espacio claro y fluido, pero no indiferenciado: una casa con muchos rincones de intimidad», explica Estal.
Es un proyecto pensado fundamentalmente en sección, pero que parte también de una planta deliberadamente sin el corsé de la ortogonalidad. En lugar de imponer una geometría regular, se trabaja desde un estado inicial en el que casi nada es paralelo, permitiendo que aparezcan giros, quiebros, retranqueos y desalineaciones que enriquecen las relaciones entre los distintos espacios. Esta condición genera además puntos de vista cruzados y recorridos menos previsibles, mientras permite encajar los distintos niveles preexistentes y reforzados, resolviendo los cambios de cota sin perder comodidad. La casa permite moverse mediante un recorrido prácticamente circular, pasando por estancias y patios y regresando por otro camino.
Tres operaciones fueron especialmente importantes, explica. La antigua escalera estaba oculta en el volumen lateral; parte de ese espacio pasa a incorporarse al recorrido exterior y la nueva escalera se convierte en una pieza visible y central. Su ubicación nace de una necesidad concreta, pero acaba encontrando una belleza propia. La escalera, junto con la doble altura, ordena visuales, introduce luz y conecta los distintos niveles. «Es, además, un tema recurrente en mi trabajo: una escalera no entendida únicamente como elemento funcional, sino como pieza arquitectónica».
Otro hallazgo fue el descubrimiento de un bello tornapuntas en la fachada del volumen anexo, que el proyecto decide poner en valor. Y el tercer elemento esencial es el sistema de doble patio, que introduce luz, ventilación, vegetación y distintas formas de relación entre interior y exterior.
«La casa se ajusta mucho a la manera concreta de vivir de Stefanie y Marc. La cocina tiene una posición central y estratégica mirando al patio, pero controlando la calle, porque son muy aficionados a cocinar y funciona como uno de los principales espacios de encuentro; el mobiliario es de Mobalco. Hay espacios muy particulares, como la habitación de yoga, y cada estancia intenta tener una dimensión adecuada a su uso, al mobiliario y a la iluminación, incorporando en ocasiones piezas que ya existían».
También se buscó que los baños dispusieran siempre de iluminación natural. No como una cuestión excepcional, sino como una condición básica de confort: incluso los espacios más funcionales debían recibir luz, ventilarse bien y participar de la calidad general de la casa.
En el patio aparece una alberca, «no una piscina al uso: un elemento asociado al frescor, al reposo y a la atmósfera del patio». La jardinería interior y exterior se ha desarrollado con la colaboración del paisajista Gustavo Marina. En uno de los patios, sin solera, era importante la presencia de un árbol. El árbol de Júpiter (Lagerstroemia indica) acompaña el recorrido circular y se convierte en una referencia espacial de la casa.
Materiales que se tocan y se recuerdan
«La estrategia material parte de una premisa muy sencilla: que la mano toque siempre madera y que los pies encuentren barro o madera. La experiencia de la casa no debía ser solo visual: importan también el tacto e incluso el olor». Se conservan materiales y elementos de la vivienda original y se incorporan otros nuevos sin buscar ni una reconstrucción historicista ni un contraste deliberadamente estridente entre antiguo y nuevo. El proyecto combina artesanía y contemporaneidad, con piezas y trabajos de firmas como Maora, Cerámica Ferrés o Alteret.
«Las celosías son otro recurso recurrente en mi obra, desde la Casa de Quino en Xàtiva o la fachada de la Rambleta, cuando trabajaba con Arturo y Carmel (Sanz&Gradolí). Aquí tienen además funciones muy concretas: evitar rejas convencionales en planta baja, dar intimidad y proteger especialmente del oeste», explica el arquitecto.
También se reutilizan puertas existentes después de restaurarlas y adaptarlas, incorporando nuevos cristales, algunos de color, de cristalería de toda la vida. «Las persianas alicantinas, de Persiana Barcelona, se combinan con un azul grisáceo que reaparece en distintos detalles (polea, cortinero, puerta lateral, gárgolas, azulejos de los bancos) y recuerda los tonos con los que tradicionalmente se pintaban las carpinterías de Albuixech y de l’Horta Nord para proteger la madera».
La gestión del agua de lluvia también se convierte aquí en arquitectura. «Parte del agua de la terraza se conduce mediante tejas reutilizadas formando una pequeña cascada por la medianera, recuperando una solución que ya había utilizado en la casa de Peter y Lisa y que recuerda recursos inteligentes de la arquitectura popular, como los que pueden encontrarse en Menorca».
En el volumen anexo se dejan vistos los muros de mampostería, en crudo, «permitiendo que el verde suba por ellos». Un lucernario alto introduce una luz cenital que se mueve por el muro y evita el contraluz.
«En un contexto cada vez más estandarizado –concluye David Estal– la casa busca precisamente lo contrario: una combinación de contextualización, lectura de lo preexistente, memoria, comodidad, oficio y belleza popular. Todo ello se concreta en cuestiones muy físicas: cómo se recorre la casa, cómo se usa, qué se toca, dónde se recibe la luz, cómo se protege del oeste, dónde aparece el agua, cómo envejecen los materiales o cómo una puerta antigua puede seguir formando parte de una casa contemporánea».

La pareja propietaria de la vivienda junto al arquitecto David Estal.
Finalmente, este ha sido también un proyecto donde poder experimentar, «para bien y para mal». Probar, corregir, reutilizar, recuperar soluciones anteriores y llevar otras más lejos ha formado parte del proceso. «La intención final era producir una casa con personalidad, confortable y reconocible, capaz de mirar hacia delante sin perder la memoria de lo que ya estaba allí».














