On vous embrasse, Sieur Savall

9 febrero 2025

por | 9 febrero 2025

Hacía poco más de veinte años que no lo veíamos; que no le veíamos tocar en directo. En aquella ocasión, Semana Santa de 2004, lo hizo solo con su viola da gamba en la sala donde cuelgan los lienzos –tremendos, oscurísimos, llenos de fuerza– de Manuel Millares, en la Fundación Antonio Pérez, en Cuenca; vale decir: en un lugar muy especial, en la casa que fue de Sebastián de Covarrubias, autor del Tesoro de la lengua castellana o española, publicado a comienzos del siglo XVII. Aquel día, Savall desgranó las composiciones de una grabación de 1998: Les voix humaines, en las que incluyó piezas de Monsieur de Machy, Tobias Hume, Monsieur de Sainte-Colombe le fils o J.S. Bach.

Veinte años después –veintiuno, para ser más exactos–, Jordi Savall aparecía en el Palau de la Música este pasado viernes para darnos un gran abrazo. Lo hizo después de pasar horas atrapado en un atasco en la A7 debido a un accidente de tráfico. No nos falló. Su asistente, Lluís Vilamajó, y Luca Guglielmi, responsable de la versión de la Gran Misa en do mayor de Mozart que se interpretó un poco más tarde, hicieron la espera algo menos pesada. Cuando apareció en el escenario, ayudado de una muleta, el público lo ovacionó como merecía: como alguien que venía a reconfortarnos luego de la desgracia del 29 de octubre pasado. Cuando el concierto acabó y los muchos aplausos amainaron un tanto, Savall tomó el micrófono y nos dio ese abrazo al que aludíamos con sus palabras de aliento. Nadie habrá hecho tanto por quitarnos la pena que arrastramos desde entonces.
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El irrepetible Antonio Pérez falleció en diciembre en su Cuenca querida. A Pérez lo visitamos en su casa de la calle de San Pedro hace también algún tiempo para hablar de su participación en Ruedo Ibérico, el proyecto libertario y antifranquista de José Martínez Guerricabeitia. Pérez fue vecino de Antonio Saura en Cuenca, y este fue a su vez amigo del pintor Simon Hantaï, padre de Marc, el flautista de Le Concert des Nations quien, también él, nos visitó el pasado viernes para recordarnos que no estamos solos. Tampoco Antonio Pérez debe de estarlo; nos lo imaginamos en el recoleto cementerio de San Isidro, cerca de Bonifacio (Alfonso), Fernando (Zóbel) y Antonio (Saura): cerca de los amigos. Como debe ser.

Fotografía: May Zircus/ L’Auditori.
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