Cómo romper con la rigidez de una casa y (además) poder guardar las bicis

29 noviembre 2025

por | 29 noviembre 2025

Había una vez una casa llena de puertas y estancias compartimentadas, una vivienda incómoda y oscura, que desaprovechaba, entre otras cosas, su orientación. Una casa con una distribución original de los 80 que no encajaba con las necesidades de sus habitantes actuales, Vane y Dídac y sus dos gatos.

Necesitaban que, sin actuar en las habitaciones, la vivienda rompiera con esa rigidez y se convirtiera en un lugar acogedor donde recibir a amigos y donde los gatos pudieran vigilar desde las alturas a todo aquel que entrara en la casa. Con esas demandas acudieron a La Cooperativeta para actualizarlo todo.

«Encontrar un sitio donde guardar las bicis fue otro de los retos y el eje estructurador del proyecto», explican las arquitectas al frente del trabajo. «Su dimensión y ubicación permite organizar la vivienda y sus usos, acotando el espacio, pero sin interrumpirlo. Mediante añadidos en forma de estantes o asiento, se construye un mueble sobre el que se genera toda la vida de la casa: marca y acota la entrada; hace a la vez de recibidor, baúl y banco donde quitarse los zapatos; completa el almacenaje de la cocina; genera cierta privacidad y, además, esconde las bicis. Este dispositivo se convierte en el mueble que articula el espacio y complementa los usos conforme lo rodeas», apuntan.

El hecho de no llevar esa estructura hasta el techo, a excepción de la bajante existente, enfatiza la idea de conexión visual y espacial entre las estancias, explican. «La zona de día se lee como un único espacio de extremo a extremo. Se trata de un volumen optimizado que permite aprovechar toda la luz y ventilación de las fachadas de la vivienda, antes desperdiciadas».

El falso techo, con sus formas curvas, dibuja en la vivienda diferentes alturas «que nos guían en la relación espacio-uso». De la misma forma, las dos materialidades del suelo se relacionan con la forma del mueble, «rompiendo la entrada y enfatizando la conexión cocina-entrada-salón. Así, suelo y techo crean un juego geométrico que contrae o expande el espacio, configurándolo».

Se establece un zócalo como elemento unificador que facilita la lectura espacial, que cambia de materialidad según la ubicación. «En la cocina, el mismo despiece del suelo se eleva rodeando el mueble y creando la base del asiento. En la parte de almacenaje, el mueble bajo de madera de roble continúa a lo largo de las puertas altas hasta llegar a la zona más vinculada a lavandería, donde se corta. Las puertas que separan el salón-comedor, de acero, también cuentan con esa parte ciega, creando así una envolvente continua a la misma altura».

La cocina se convierte en el centro de operaciones y encuentro social. Una isla central de trabajo y ocio, pegada al mueble de obra, configura dos ambientes a cada lado. «Por un lado, la cocina en sí misma, de módulos acabado roble, cubre todas las necesidades culinarias de Vane. El lado enfrentado, más abierto y conectado al comedor, es una banda de almacenaje con una solución diferente: una modulación marcada por un tirador en forma de listón que enfatiza el ritmo y continúa hasta la entrada, cosiendo el espacio. Actúa como filtro de privacidades. Este elemento, en su parte baja, hace a la vez de asiento, de mueble y de escondite de gatos, los otros protagonistas de la vivienda», apuntan desde La Cooperativeta.

La modulación de esta parte se continua en las puertas del salón, unificando el espacio con el ritmo y con el encuentro de materiales y visuales en el centro de la puerta. Como guiño formal entre los diferentes elementos del proyecto, un espejo sobre el asiento de obra dibuja un círculo completo en el reflejo, de la misma forma que los tiradores de la puerta lo completan al cerrarse. Estas puertas pueden desplegarse en su totalidad, creando un único espacio inundado por la luz y los reflejos.

El baño, por otro lado, se desmarca del resto de la vivienda con un alicatado de diferente color y formato. Piezas blancas de pequeñas dimensiones rodean el baño hasta la altura de la mampara y el espejo, donde se produce el cambio en todo el interior de la ducha a unas piezas verdes de mayores dimensiones, contrastando y creando un interior más relajado.

Fotografía: Milena Villalba.

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