Rememoro con cierta frecuencia mi época como periodista cultural y colaborador habitual del suplemento de cultura del diario La Vanguardia (y por un breve tiempo, cabría añadir, de Rockdelux). Por una razón muy sencilla: vuelvo a escuchar los discos que reseñaba, o los de aquellos músicos a los que entrevisté (que no fueron pocos) durante los algo más de quince años que duró aquella aventura. En ese rememorar vuelve a aflorar una de las ideas que me guiaron en aquel tiempo: huir de lo trillado. Aún hoy me aterra comprobar que los medios de comunicación se nutren de las mismas noticias, que repiten, por si fuera poco, en bucle.
Hoy he recuperado varios discos del sello La Société Expéditionnaire, que dirige el bueno de Lou Rogai desde Pensilvania (Estados Unidos). Gracias al contacto directo con Lou pude descubrir (y hacer descubrir a otras personas) discos maravillosos, a los que vuelvo con frecuencia, como los de Matt Bauer (The island moved in the storm, publicado en 2008), Lewis & Clarke (la banda del propio Lou, que un año antes dio de sí Blasts of holy birth) o Daniel Knox (el más reciente Evyman for himself). Es sólo un ejemplo, claro está, pero muy elocuente.
Otra línea preferente en mi modo de concebir el periodismo (musical, en aquel tiempo, aunque no exclusivamente) fue la de recuperar clásicos de la música popular: los viejos sonidos del ska, el soul o el rhythm’n’blues, por el mero placer de reivindicar aquello que, pasado su tiempo, quedó al margen del mercado. Pero también aquellas colecciones de músicas del mundo que distribuía la extinta Harmonia Mundi Ibérica, o ciertas reediciones significativas: hoy, de hecho, os animaría a volver a escuchar Rubber Soul (1965), de The Beatles, que en breve volverá a ver la luz con nuevos materiales. Un grandísimo álbum que contiene clásicos como Michelle, In my life o Drive my car. Ahí lo dejo.
Que conste que no estoy reivindicando nada (y menos que nada el trabajo que uno llevó a cabo, en absoluto); si acaso, otro modo de afrontar la actualidad, que no se nutre –o no habría de nutrirse– solamente de lo inmediato. Vale la pena buscar más allá, en otros rincones del planeta, bucear en nuestro pasado, dejar a un lado las notas de prensa que dictan la actualidad. Y disfrutar de todo ello.













