Un diálogo interior

31 agosto 2026

por | 31 agosto 2026

Decía Pascal que es conveniente mantener una conversación con nosotros mismos que, añadía, hay que cuidar. Nada extraño, si tenemos en cuenta que para el autor de las ‘Cartas provinciales’ no había nada más importante que la acción de pensar (dicho de otro modo: el pensamiento como suprema forma de dignidad humana).

A ello, a pensar, y a dejar por escrito una suerte de diálogo interior (plasmado de muy diversas formas: el aforismo, el poema, la máxima…) es lo que ha hecho Joan Manuel Marín (1959) estos últimos años. El fruto de tal actividad se ha visto reflejado en un libro de pequeño formato –ideal para llevarlo consigo–, titulado ‘Hasta aquí es lo que sé’ (lo pensado y lo vivido), publicado por Trea.

Antes de proseguir, nos será útil saber que Joan M. Marín es catedrático de Estética y Teoría de las Artes de la Universitat Jaume I, y que sus investigaciones han abarcado campos como la estética, la filosofía (fue el primer traductor de Emil Cioran al catalán) o la historia del diseño (es coautor de libros fundamentales de la disciplina como El diseño industrial en España o Historia del diseño industrial, ambos publicados por Cátedra). Es, por añadidura, un apasionado de la navegación.

Este diálogo interior refleja, como no podía ser de otro modo, las preocupaciones de nuestro escritor, entre otras muchas: la relación con Dios (o con su ausencia: la Nada); la existencia de un paisaje interior “donde exiliarnos en soledad” o –en un nuevo y probable guiño a su querido Cioran– la posibilidad del suicidio como “un comodín que guardarnos en la manga” (aunque como buen seguidor del rumano, sepa que merece la pena que es mejor resistir y reírse de ella, de la vida y de sus desmanes, otro forma de venganza ante una certeza que le fue transmitida por el abuelo: “La vida es una gran mentira”).

El paso del tiempo es otro de los tópicos clásicos que traslucen en este libro. La vejez, para Joan M. Marín, no contiene belleza, pero sí –y aquí la reflexión entronca con el Cicerón de De senectute– “una dignidad serena”. Una calma que habrá permitido a nuestro escritor, entre otras muchas cosas, surcar los más diversos mares, entre ellos su adorado Mediterráneo (vid. «La estética del navegante»).

Hay otros muchos autores con los que Joan M. Marín conversa en estas páginas: Immanuel Kant, María Zambrano o Friedrich Nietzsche. Y, sobre todos ellos, Emil Cioran, una de sus grandes referencias (¿quién sino Marín conoce a Nicolas Cavaillès, editor del rumano en La Pléiade?), como habrá quedado patente a estas alturas.

Para acabar, diremos que este libro es, también, una incitación a pensar nuestro mundo. Joan M. Marín lo hace en un breve «Diario de guerra» que le impele a escribir una sucesión de guerras atroces que tiene su último capítulo en la de Gaza. Ante ello nuestro escritor se muestra rotundo: “Jamás disculpar la indignidad humana”. Porque de ello se trata al fin: de mantener íntegra nuestra humanidad, y actuar en consecuencia. No nos queda otra.

Fotografía:  D.R.
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