En este proyecto se planteaba la reforma de un piso que corona un edificio en el barrio de El Born, en Barcelona. El equipo de Zaga Arquitectura encontró el espacio ya diáfano, «alguien se había encargado de despojarlo de tabiques y falsos techos, dejando las vigas de madera vistas, las trazas de las instalaciones y una altura mayor de la esperada. Quisimos mantener ese carácter de espacio continuo, desnudo, amplio, luminoso y versátil. Sin nada que esconder», explica el arquitecto Nicolás Markuerkiaga, al frente del trabajo junto a Mariana Plana.
«Quizás este trabajo fuera una oportunidad para comprobar algunas cosas: que un altillo puede organizar un espacio mucho mejor que un montón de tabiques, que una casa necesita pocas categorías, que el mobiliario puede seguir tu propio ritmo», apunta.
El proyecto pretende mantener la esencia de ese ámbito original, aportando tan sólo un altillo muy ligero y unos elementos de almacenaje que ordenen la planta y cualifiquen los diferentes espacios. No se establecen categorías ni funciones predeterminadas, salvo la presencia del cuarto de baño, adosado en un extremo. «El resto es un espacio esperando encontrar diferentes formas de ser usado, sin perder su identidad», explica el arquitecto.
«Lo demás– como explica Markuerkiaga– fue tarea del que allí iba a habitar: hacer limpieza, librarse de esquemas preestablecidos, tirar algunos trastos, organizar donde meter el resto, buscar dónde da el sol por la tarde o elegir una zona que le guste para dormir», concluye.








