La Casa de la Conserva

18 octubre 2021

por | 18 octubre 2021

La casa del arquitecto. El ejercicio más personal e íntimo que un arquitecto puede experimentar. Una oportunidad de explorar caminos improbables y proponer una forma de habitar propia.

Ubicada en el barrio de Ayora, en València, la oportunidad aparece aquí en forma de casa valenciana de principios del siglo pasado, cuyo estado invitaba a un vaciado total. Tabiques, techos, instalaciones y suelos fueron retirados dejando el espacio desnudo con la cubierta de viguetas de madera y teja a la vista. El forjado se refuerza, los huecos a la calle recuperan su tamaño original y la casa se perfora hacia el patio de manzana.

Introducir luz natural y ver el cielo desde todas las estancias se convierte casi en una obsesión para su propietario, el arquitecto Jose Costa.

 

¿Por qué eliges el barrio de Ayora para vivir? ¿Es una especie de reivindicación de los barrios?

La prioridad, en este momento de mi vida, era un formato de casa antigua por su riqueza espacial y material, que admitiera cierta experimentación y la personalización total de la vivienda. La ubicación en los barrios «estrella» (donde he vivido bastantes años), aparte de no ser compatible económicamente con esta premisa, era esta vez algo secundario.

Así apareció la oportunidad en Ayora, un barrio con una gran diversidad étnica, cerca del mar, cerca del centro, cerca del río… Después de haber vivido en ciudades de millones de habitantes como Río de Janeiro y Madrid, mi percepción aquí es que todo está cerca y te diría que todos los barrios son buenos para vivir.

Me interesa mucho lo que se produce fuera del foco principal. A menudo es más interesante, menos obvio. En esos lugares menos “civilizados” ocurren cosas más imprevisibles, más vitales.

El estudio por ejemplo lo hemos tenido este último año en el Molí Lab, en Carpesa. Un coworking junto a la huerta valenciana donde hemos podido experimentar cómo funcionan este tipo de espacios en ubicaciones descentralizadas, a la vez que coger perspectiva de la ciudad y todos los fenómenos que vienen ocurriendo.

 

La casa propia

Es el ejercicio más complicado que un arquitecto puede hacer. Uno mismo es el cliente, el arquitecto, el aparejador, el jefe de obra. Se hace necesario hablar con mucha gente del proyecto para no volverse loco. Si un psicólogo quiere hacer terapia irá a otro psicólogo, pero claro ¡nosotros somos arquitectos! Nuestro orgullo no nos permite hacer eso.

La vivienda necesitaba de una reforma integral incluyendo reforzar el forjado. Pero más allá de su estado, era exactamente lo que andaba buscando para hacer un proyecto muy a mi medida, donde pudiera construir dentro de la construcción original, abrir, conectar, plegar, interaccionar con lo preexistente.

Fue complicado porque era la primera casa que rehabilitaba de esas características y tomar cada decisión llevaba mucho más tiempo de lo que lleva hoy en día. La complejidad no es solo técnica sino intelectual, estética y te diría incluso que moral. Cuánto intervenir en una construcción de cerca de cien años. Dónde está el límite entre el diálogo con lo antiguo y la perversión.

 

Momentos de cambio

El laboratorio de arquitectura que dirijo pretende conectar la teoría y la práctica. Pensar, provocar y hacer. Estamos en un momento de cambio muy evidente de nuestra era y el laboratorio pretende aportar un granito de arena en la creación de ese futuro. Se trata de no esperar a que un cliente decida encargarnos un tipo de proyecto, sino provocarlo, anticiparlo.

Los temas del laboratorio son nuevos modos de habitar, nuevos modos de trabajar y nuevos modos de relacionarnos, con las implicaciones de tecnología, movilidad y sostenibilidad que llevan implícitas. Se podría decir que es el departamento de I+D del estudio. Investigar al margen de los encargos para tener una libertad de pensamiento y creación, para más tarde poderlos aplicar a ellos.

 

Estos lugares de investigación quieren ser «un puente entre la anquilosada educación y la producción arquitectónica». ¿Está muy anquilosada la enseñanza arquitectónica? 

Hasta donde yo conozco, la escuela de arquitectura en València ha evolucionado un poco en estos últimos 20 años, ¡pero es que el mundo cambió muchísimo! Y lo sigue haciendo a pasos agigantados. Las universidades, como casi todas las instituciones, tienen unas estructuras muy arcaicas y muy rígidas, que no funcionan bien en el cambiante mundo actual y deberían revisarse urgentemente. Teoría y práctica real deberían ir unidas.

No entiendo cómo no se construyen y transforman y destruyen pabellones y pequeñas estructuras todos los años como parte del aprendizaje. Las escuelas deberían ser verdaderos lugares de experimentación, de acción, lugares donde poder equivocarse. Pero es que además, una disciplina tan compleja como la arquitectura debería tener intercambio directo desde el principio con otras como sociología, psicología, bellas artes, etc. así como con estudios profesionales.

¿Cómo ves València? ¿Qué falta? ¿Qué sobra?

València la veo alegre, sana, jovial, fácil, en crecimiento. Progresa adecuadamente.

Creo le falta viajar más y más lejos. O sea, mayor diversidad cultural y de pensamiento. Un poco de acción, de presión sanguínea. También le faltan calles que suban y bajen. Me encantan las ciudades tridimensionales donde desde lo alto de una colina puedes percibir el territorio.

¿Qué le sobra? Postureo. Coches aparcados en las calles (como en todas las ciudades, claro). Me parece muchísimo peor que el tráfico en sí. Y ya puestos le sobran muchos edificios feos construidos en las últimas décadas.

Fotografía: Milena Villalba

 

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