La ciudad generosa es posible

19 noviembre 2022

por | 19 noviembre 2022

Tras ser objeto de una profunda renovación, uno de los edificios más emblemáticos de El Cabanyal, el antiguo Ateneo Musical del Puerto, hoy Teatro El Musical (TEM), es un símbolo de la recuperación del barrio tras décadas de abandono. Del edificio original, obra del arquitecto Victor Gosálvez y en grave situación de deterioro, solo se pudo mantener la fachada principal, que el arquitecto Eduardo de Miguel reformuló en 2004 y situó en el mapa cultural de la ciudad (generosa). 

Ese mismo impresionante edificio, paradigma de lo que se puede hacer si se quiere, acogió la jornada «La ciudad generosa», que congregó a arquitectos como Eliseu Arrufat, componente del colectivo Lacol, responsables de la magnífica La Borda, la cooperativa barcelonesa que ha ganado todos los premios posibles demostrando la potencia de la vivienda colectiva.

Además de Arrufat, también intervino la arquitecta Izaskun Chinchilla, quien va treinta años por delante del resto, como señaló Pedro Torrijos, presentador del encuentro. Tras las conferencias de ambos, se celebró una tertulia a la que se sumaron Xavi Calvo (director de WDC2022, coorganizador del encuentro), Sol Candela (directora de Arquia), el arquitecto Rafa Rivera y Nuria Matarredona, directora general de Innovación Ecológica en la Construcción de la GVA.

Los ponentes y organizadores de la jornada «La Ciudad Generosa» en el TEM.

El ejemplo de La Borda

La cooperativa de viviendas La Borda es una promoción auto-organizada por sus usuarias para acceder a una vivienda digna, no especulativa y que pone en el centro su valor de uso, a través de una estructura colectiva. Arrufat explicó que la idea de una cooperativa de viviendas nace en 2012 como un proyecto más de Can Batlló impulsado por la comunidad en el proceso de recuperación del recinto industrial y del tejido vecinal y cooperativo del barrio de Sants. El proyecto se emplaza en un solar (VPO) cedido por el ayuntamiento a 75 años, en la calle Constitució, situado en una posición limítrofe del recinto industrial de Can Batlló con fachada a la trama histórica del barrio de la Bordeta.

Este proyecto es transgresor en su contexto porque, si bien la producción de vivienda está dominada principalmente por intereses macroeconómicos, en este caso, el modelo se basa en la copropiedad y la cogestión de recursos y capacidades compartidas.

Son tres los principios fundamentales y transversales del proyecto que encabeza Lacol. Re-definir el programa de la vivienda colectiva: El programa del edificio plantea 28 viviendas (40, 60 y 75m²) y espacios comunitarios que permiten estirar el hecho de habitar desde el espacio privado al espacio público para potenciar la vida comunitaria y vecinal. Estos espacios están articulados en torno a un patio central, un gran espacio de relación que recuerda a las corralas, una tipología de vivienda popular del centro y el sur de la península.

Eliseu Arrufat, socio de Lacol, en su intervención en el TEM explicando el proyecto de La Borda (Barcelona).

Sostenibilidad y calidad ambiental: El objetivo, explicaba Arrufat, ha sido construir el edificio con el menor impacto ambiental, tanto en la obra como en su vida útil, y sobre todo, conseguir el confort en las viviendas con el mínimo consumo para reducir los costes globales de acceso al vivienda y eliminar la posibilidad de pobreza energética entre las usuarias. «Partimos del convencimiento de que la mejor estrategia es reducir la demanda inicial de todos los vectores ambientales del edificio (energía, agua, materiales y residuos), especialmente a nivel energético, donde priorizamos las estrategias pasivas para conseguir el máximo aprovechamiento de los recursos existentes», apunta el arquitecto.

Estudio de Lacol, ubicado en una vieja estructura industrial salvada del derribo y de la especulación.

Participación de las usuarias: La autopromoción y la posterior gestión colectiva implica que la participación de las futuras usuarias en el proceso (diseño, construcción y uso) sea la variable más importante y diferencial del proyecto, generando una oportunidad para conocer y proyectar con ellas y sus necesidades concretas. «Durante el diseño, la participación se ha articulado mediante la comisión de arquitectura, que fue el vínculo entre el equipo técnico y la asamblea general, y la encargada de preparar los talleres de arquitectura. Se realizaron talleres de imaginario, programa, estrategias de proyecto, estrategias ambientales, tipología, sesiones para la validación del anteproyecto y sesiones de detalle de elementos concretos del proyecto». 

La ciudad y la infancia

Izaskun Chinchilla es autora de «La ciudad de los ciudados» donde, lejos de evangelizar, da pistas sobre el mejor uso del espacio público. La calle es el mayor desarrollador del cerebro, de la capacidad cognitiva y de aspectos culturales como la sensación de ser ciudadanos de primera categoría desde que somos pequeños.

La arquitecta ha recordado, en su intervención, que en Japón los niños de entre tres y cinco años cumplen un rito iniciático que consiste en ir, ellos solos, a hacer un recado a una tienda cercana. Tan pequeños y son capaces de repetir un recorrido que han hecho muchas veces con los adultos que les cuidan. A los siete años, según el estudio que citaba Chinchilla, los niños son capaces de ir a esa misma tienda pero utilizando un recorrido alternativo en su barrio. Tienen el dominio para explorar otras calles y conseguir su objetivo. A los diez controlan perfectamente los trayectos habituales. En occidente hasta los catorce años, de media, los niños no hacen ese tipo de trayectos solos. «Hacerlo da al niño la sensación de tener derechos así que, cuando en el barrio de Candem, por ejemplo, dejamos que el 4% de la población lleve vehículo privado repartimos esos derechos y estamos privando a otro porcentaje de la población, familias con niños mayoritariamente, y obligándole a postergar sus capacidades organizativas, logísticas, cognitivas y personales diez años. ¿Cómo se puede revertir eso?», se preguntaba la arquitecta.

En su libro, Chinchilla habla de cómo diversificar esos derechos, hacer la ciudad más cuidadora. Valencia, explicaba, tiene condiciones que no se dan ni en Ciudad de México ni en Los Angeles: es una ciudad compacta, con una buena red de espacios públicos, una geografía que se puede recorrer andando… Ella apuesta por el asociacionismo civil en pos de objetivos comunes para ser más prósperos. Cómo nos organizamos como ciudad hace que todo funcione mejor, dice Chinchilla citando al sociólogo americano Robert Putman. Son acciones que hacen las ciudades más amables y ayudan a que sea todo más equitativo. «La arquitectura y el urbanismo pueden construir a ese capital social en cuanto al compromiso ciudadano», apunta Chinchilla.

 

La arquitecta Izaskun Chinchilla durante su intervención en la jornada sobre «La ciudad generosa».

Fotografía: Lacol, Lluc Miralles y Estudio Brava.
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