Abrazos y flores de Eva Classens

12 mayo 2026

por | 12 mayo 2026

Cuenta la artista belga Eva Claessens que muchas de las parejas que ha pintado a lo largo de los años, con las que mantiene una relación cercana y que suelen ser las mismas, le piden a veces posar para ella y ser retratadas para reencontrarse entre sí. No tiene que ver con un reencuentro sexual, sino más bien energético. Posar para ella en un abrazo con el fin de retratar sus formas.

Concentrar en unos instantes esa energía que fluye entre ellos y que Eva retrata a través del dibujo y posteriormente, en algunos casos, a través de la escultura. Ese momento es, en muchos casos, sanador para los modelos. Y un regalo para los amantes de su arte. Ahora, y por primera vez en España, se puede ver una exposición monográfica de su obra en la Galería Gärna de Madrid, bajo el título “Abrazos et Fleurs”.

Eva Claessens, artista desde pequeña, persona sensible a la belleza, a los estímulos y a la energía, se entiende y conoce perfectamente. Pintar es su manera de estar, de ser, de vivir. Bocetar, crear, diseñar, ilustrar. Y así es como lo hace en sus obras, en sus casas, con su ropa o, incluso, con cerámica su vajilla.

A los 18 años se fue a Italia para ingresar en la Academia de Bellas Artes de Perugia gracias a una beca. Desde entonces, su trayectoria artística la ha llevado de Amberes a Florencia, Israel, India, Jamaica, Chicago y, finalmente, Uruguay, donde reside desde 2007.

Allí, en una casa apartada de todo que ha diseñado ella íntegramente, necesita abrir las ventanas y empaparse del bosque que la rodea para pintar. «Necesito el contacto con la naturaleza, escuchar sus sonidos, sentir que me envuelve», explica. Esa misma naturaleza la encontramos en las formas orgánicas de su casa, donde las formas fluidas, naturales, envuelven paredes, modelan muebles y generan una atmósfera muy especial.

Entender la obra de Eva Claessens es aprender que su energía creadora se extiende a través de ella en todo lo que le rodea. Los suelos de su casa están repletos de obras. «Pinto en el suelo. Luego cuelgo los lienzos y los miro durante semanas. Poco a poco van surgiendo los gestos que busco, los matices. Y muchas otras veces esas mismas formas derivan en esculturas. Primero las hago con arcilla y, gracias a la tecnología 3D, consigo replicarlas en mármol».

Su obra parte de la sensibilidad de un abrazo. De la conexión, apertura y fragilidad compartida de dos personas que se funden en un instante. Un instante de equilibrio. Sus formas, que no se identifican con personas concretas, se convierten en contornos líquidos, en la cercanía, en la entrega.

«Captar el movimiento, retratar la conexión entre las personas, el momento del encuentro», explica la artista. La intuición es su herramienta, la sensación que la guía. En sus obras, la sensibilidad es una forma de conocimiento, un modo de escuchar el mundo sin interrumpirlo. No existe el control ni lo previsto, la obra nace de un estado de presencia y atención sostenida, siendo su mano la que reconoce el momento en el que la forma llega a su estado.

A veces, de noche y a la luz de las velas, vuelve a su memoria para recordar esas formas, esos movimientos de los abrazos retratados que convierte en esculturas de arcilla. Piezas que, posteriormente, se transformarán en mármol o bronce. Su obra se extiende sobre el lino, la tabla o el mármol. Usa acrílicos, grabados artesanales, cerámica o impresión 3D. Se mueve con fluidez entre las dos y las tres dimensiones y sus lienzos son muchas veces convertidos en esculturas y viceversa.

En la exposición, los lienzos y las esculturas conviven con otra serie, la de las flores. Como los abrazos, las flores mantienen esa misma energía, comparten la fragilidad y la fuerza, son símbolo de apertura, una delicada expansión de su resistencia a la vida. Ellas son las que tienen los colores, mientras que el blanco y negro se destina a las formas fluidas de los abrazos. La luz es clave en su obra, como en sus espacios, da lugar al movimiento y a la emoción.

Su energía, su estado de ánimo y su paz interior son claves para que la obra surja. Para estar en ese estado meditativo que le permite captar la energía a través de las formas. «Si no me siento bien, no puedo pintar. La energía anímica y del espacio que me rodea me traspasa para crear», ha explicado.

La relación de Eva Claessens y Laura Gärna, galerista, fue casi casual. Se conocieron primero como artista y compradora y el tiempo, la energía entre ellas y la vida, las ha unido en una relación que queda traducida en esta primera exposición única. La galerista visitó a la artista en su casa del sur de Francia, «entre montañas, desde donde veo Cannes», y quedaron prendadas la una de la otra. Ahora han aprovechado esta cercanía para hacer una muestra específica sobre su obra. Imprescindible.

“Abrazos et Fleurs” se puede visitar hasta el 20 de junio en la Galería Gärna de Madrid (calle Jorge Juan, 12, en el barrio de Salamanca).

Fotografía: D.R.
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