La seiscuatro: un reducto artesanal para letrófilos en Ruzafa

2 julio 2021

por | 2 julio 2021

En Ruzafa, casi al principio de la calle Cádiz, muy cerca de la Gran Vía, está la seiscuatro. En medio de toda la marabunta digital aparece, como un reducto, este taller de técnicas tradicionales de impresión y encuadernación para locos de las letras (letrófilo, si se es amante de las letras; letrómano, si lo que hay es una pasión-obsesión desmedida por ellas).

No contenta con trabajar las técnicas ya obsoletas, Eva Mengual, al frente de este fortín, realiza todos aquellos proyectos de imprenta que, normalmente, no sabes dónde encargar, tareas que han quedado relegadas a utilizarse para acabados especiales o con fines artísticos.

Edita obra gráfica original, hace impresión tipográfica o letterpress, stamping, trabaja la encuadernación artesanal, imparte y organiza talleres alrededor de las técnicas del grabado y las artes del libro… entre otras muchas actividades destinadas a hacer más accesible el mundo del grabado y la encuadernación.

Eva Mengual lo resume bien «cuando vas a una imprenta y no te lo hacen porque es raro, en general te lo hago yo». Formada en Bellas Artes, está especializada en dibujo, grabado y libro de artista. «Ahí empecé a encuadernar y a imprimir con tipografía, en la facultad hay un taller pequeñito con tipografía muy chulo». 

En 2012 funda la seiscuatro y, desde entonces, imparte cursos tanto en su taller como en diferentes ciudades y escuelas. También ha expuesto en ferias como Arts Libris, en Barcelona, o Masquelibros, en Madrid.

«Antes de estar en este local estuve en la calle Dénia. En 2017 me monté esto para hacer mi obra pero al final hago obra de todos menos la mía (risas). Es gracioso porque en la librería Ona, de Barcelona, tienen obra mía y se ha vendido toda. Y aquí no tengo nada, ¡entre otras cosas no tengo tiempo!».

¿Y no son muy caras todas estas máquinas?

«La maquinaria o la compro barata o no la compro. En València hay muchísimas imprentas antiguas y a sus propietarios les da mucha pena deshacerse de ellas, en su día fueron muy valiosas y muy buenas … cuando voy a interesarme por alguna pieza me venden la imprenta entera. A los impresores les hace ilusión saber que su material va a seguir utilizándose y que no va a terminar separado por piezas en alguna tienda de decoración». 

«Los impresores son gente peculiar, han estado toda la vida trabajando con esta maquinaria, es un oficio antiguo, con muchas historias … cuando detectan que tenemos los mismos intereses se relajan. Muchas veces me regalan piezas porque prefieren eso a venderlas al peso, que también pasa, a euro el kilo, como si fuera para chatarra. En Madrid dimos con un señor que tenía bolsas de Mercadona llenas de tipografía que pensaba destinar a fundir para balas; pues para que se fundan para balas me las quedo yo».

València siempre fue una ciudad de impresores, la primera imprenta española fue la valenciana y el libro más antiguo surgido aquí fue editado en el taller de Lambert Palmart, a finales de 1474. Muchas de aquellas imprentas, en tiempos recientes, estaban ubicadas en la trastienda de lo que parecían solo papelerías. Poco a poco van cerrando porque los impresores se jubilan y no hay relevo. «De todas formas tengo un espacio limitado y no podría quedarme con todas las cosas que veo por ahí», explica Eva.

El local donde se sitúa su taller es una planta baja que conserva el techo original de bovedilla antiguo y que cuenta con un patio, típico de Ruzafa, que Eva y sus alumnos usan, con manguera y una pequeña pila, para fabricar papel, hacer cianotipias, dibujar, fumar y tomar cervezas.

La parte que en su día fue un palomar, subiendo unas escaleras que también son las originales de la casa, Eva Mengual lo ha convertido en un despacho de impresora locatis, como de artesana de otra época, donde lo mismo hay herramientas colgadas en las paredes que carteles de la última edición que hicieron del encuentro «Cañas y tipos», que reúne periódicamente a amantes de las letras, letrófilos, (y de la cerveza) en todas sus formas.

En el taller hay alguien que siempre está observando, es el gato: entretiene al personal y controla las plagas. Tiene, además, su propio hashtag para su lanzamiento al estrellato de las redes sociales (#elgatodelaseiscuatro).

¿Por qué lo del nombre de seiscuatro? «Con un seis y un cuatro hago un tórculo», responde Eva. Con lo que todos los demás mortales haríamos «la cara de tu retrato» ella se monta una prensa para grabados. Cosas de impresores.

Fotografía: Eduardo Manzana
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