Els últims matins de blanc i negre amb faves, por Néstor Mir

2 agosto 2026

por | 2 agosto 2026

*** Este cuento de verano por entregas, escrito por Néstor Mir, además de entretenernos bajo la sombrilla, la parra o el ventilador, nos traslada al subsuelo de la ciudad siguiendo las desventuras (porque aventuras, tampoco) de unos amigos que solo habían quedado para almorzar, inocentemente, un bocadillo de embutido con habas. Y la que lían.

Parte I

César Castells ha quedado a almorzar con sus ex compañeros de trabajo F. y C. en el Palau. Un bar clásico del barrio del Carmen donde se dan cita trabajadores de las instituciones públicas y privadas (religiosas y laicas) de los alrededores.

César Castells se sienta en una mesa libre que hay en el interior, al lado del pozo, un vestigio del pasado que conecta directamente con los tiempos del Regne de València, anticipándose a los deseos de F., que siempre intenta coger sitio cerca del símbolo del pueblo que fuimos y somos; para que podamos oír el eco de nuestros orígenes, dice F., cada vez que tiene oportunidad (en valencià, clar: perquè pugam sentir l’eco dels nostres origens).

César Castells intenta pedir una manzanilla pero el camarero ignora su presencia, echa un vistazo a la clientela y reconoce en caras y cuerpos un tipo concreto de estrato social, con inquietudes, problemas y deseos bien similares; sin contar, claro, con aquellos que están detrás de la barra, que pertenecen a otro mundo. Un mundo del que salen para servir manjares, tentaciones terrenales, y recoger monedas, y al que vuelven para descansar y olvidarse de todo lo que han visto y oído.

Por la puerta entran F. y C., y para sorpresa de César Castells detrás de ellos va Shoppy. Nos lo hemos encontrado por la calle, explica C., le hemos dicho que habíamos quedado contigo y nos ha dicho que él también. César mira a Shoppy con cara de pocos amigos. Molt bé, al costat del pou, dice F., m’agrada que tingues en compte les nostres arrels (muy bien, al lado del pozo, me gusta que tengas en cuenta nuestras raíces). Hemos llegado un poco tarde porque en la Plaça de la Verge no cabía ni un turista más, como descubran este bar, se acabaron los Blanc i Negre amb Faves.

Si hay un lugar donde la Valencia actual pueda mirarse al espejo de la Valencia de los años ochenta es este. El local parece una fortaleza sitiada por locales especializados en cafés de autor y thé matcha, tostadas de tomate y aguacate, supermercados express, pizzerías, arrocerías, heladerías y postalerías. Fijándonos en este panorama, cuesta imaginarse la Valencia de los ochenta: terrosa y sin asfaltar, minada de descampados abandonados, sucia, destartalada, en vías de desarrollo pero con un centro efervescente, lleno de vida autóctona donde podías comprar cualquier tipo de animal doméstico en una plaza redonda atestada de gente. Sense oblidar les putes i els ionquis, apunta F. a la reflexión de César Castells que añade, tienes razón, sin olvidar las putas, los yonquis y el rastro; los turistas hubiesen huido despavoridos ante semejante dosis de realismo sucio, acostumbrados como están hoy en día a pasear por calles, callejuelas y callejones políticamente correctos y saturados de mercaderes atentos a complacer cualquier deseo que se pueda satisfacer con una cartera repleta de euros, o de dólares, o de yenes, cualquier moneda vale, todas las mercancías, incluso la vivienda, a precio de turista.

César Castells comenta todo esto con su excompañeros bajo la atenta mirada de Schoppy que no pierde la oportunidad de apretarse un bocadillo de Blanc i Negre amb faves a costa de los demás siempre que puede y César Castells sentencia, fue a finales de los 80s con la entrada en la Unión Europea y sobre todo en los 90s cuando el barrio del Carmen empezó a venirse abajo, todos querían huir de esos edificios antiguos en descomposición, en busca de los apartamentos y adosados en el extrarradio de la nueva modernidad valenciana; solo se quedaron los que no podían huir, los valientes, los visionarios, los okupas, los yonquis, las putas y los nostálgicos.

El camarero por fin les atiende y Schoppy se pide un bocadillo de Blanc i Negre amb Faves. C. mira a César Castells y dice, ¿le vas a pagar tú el almuerzo a Schoppy, no?, el otro día te fuiste y lo tuve que pagar yo. Eso, César, no tengas tanto morro, no somos la Generalitat, no tenemos por qué subvencionarte un mentor por muy inteligente que sea y por muy necesitado que estés de una formación tardía por no haber encontrado en tu juventud tu vocación. A ver amigos, yo no tengo la culpa de que, por no tener un mentor, mi formación haya sido como un ventilador esparciendo mierda en todas direcciones, a pesar de mi adicción por la palabra desde adolescente, nunca he conseguido pertenecer a gremio o profesión; los músicos me decían que era escritor, los escritores que era bibliotecario, los bibliotecarios que era dramaturgo y los dramaturgos que era músico, podréis entender lo importante que es para mí tener un mentor que me ayude a concretar por fin cuál es mi verdadera vocación; y sabéis que os estoy inmensamente agradecido por ayudarme a sufragar las necesidades materiales del tragaldabas de Schoppy, que, sí, es un filósofo insuperable pero no me negaréis que de asceta tiene poco, por lo menos en lo que se refiere a la comida.

El camarero sirve la manzanilla, dos bocadillos de calamares con alioli y el de Blanc i Negre amb faves para Schoppy, una cerveza con alcohol y dos sin. C. pregunta, ¿vas a seguir mucho tiempo con las manzanillas?, como sigas así vas a darte otra vuelta al cinturón. César Castells va a contestar pero Schoppy traga un bocado del Blanc i Negre amb faves y exclama, me gusta tu bicicleta, C., ¿me dejarás montarla algún día?

C. pega un bocado y no contesta, César bebe un sorbo de manzanilla y F. le da un trago a su cerveza sin alcohol. ¿Y cómo sabes tú que C. tiene una bicicleta?, pregunta César, Porque lo veo todas las mañanas pasar por delante de la parcelita que tengo en el parque de la calle hospital. Si vols et deixe la meua, propone F. (si quieres te dejo la mía). No, la tuya, no, que es de hippis, yo quiero dar una vuelta con la de C. que es eléctrica y va sola, venga, aunque sea dar una vuelta alrededor del Palau de la Generalitat. Uy, donar una volta al voltant del Palau de la Generalitat, diu, exclama F., com no t’afanyes, els professors de l’escola pública l’hauran cremat (Uy, dar una vuelta alrededor del Palau de la Generalitat, dice, exclama F., si no te das prisa, los profesores de la escuela pública lo habrán quemado). Schoppy, deja tranquilo a C. y a su bicicleta, no sé por qué les has dicho que habías… César no puede acabar la frase porque Schoppy dice, toma, tengo esto para ti, y saca de su tote bag del festival de filosofía Avivament, el Manual estoico de Epicteto. Si le das ese libro a César su cuerpo se deshará como un azucarillo bajo la lluvia, interviene F., ¿quieres ser tú su mentor?, amenaza Schoppy, porque si quieres ser su mentor, todo tuyo. No, no, dios me libre, retrocede F., yo ya tengo bastante con lo mío, todo tuyo, todo tuyo, Schoppy, adelante dale ese Manual estoico, dáselo pero, César, te digo una cosa, esta semana nos va a tocar el euromillón y lo de encontrar tu vocación dejará de ser una preocupación para ti. Schoppy le da el libro a César Castells, con la mano libre agarra al camarero que en ese momento pasa por detrás de él y pregunta: ¿vais a tomar café?, yo me tomaría un café. Yo, un cortado, responde C., descafeinado. Yo también, añade F. El camarero toma nota.

El bocadillo de Blanc i Negre amb faves tiene un puntito picante que te pide de inmediato algo dulce para compensar, explica Schoppy. Hablando del euromillón, comenta C., no nos olvidemos de cobrar los cien euros que nos tocaron la semana pasada, y saca un boleto del bolsillo. Schoppy, lo mira con deseo y exclama, ¡cien euros!, hace tanto tiempo que no veo tanto dinero junto, con ese dinero podría comprarme una bici como la tuya. Ya quisieras tú, se mofa C., ya quisieras, y agita el boleto en el aire cerca de la cara de Schoppy, quien no pudiendo resistirse se abalanza sobre él. C. esquiva el ataque de Schoppy pero no puede evitar que el boleto salte por los aires acercándose a la boca del pozo, todos se levantan a la vez para cogerlo antes de que caiga por el agujero, incluido Schoppy que se ha repuesto del quiebro de C. y al levantarse se ha chocado con el camarero que llevaba dos bocadillos de tortilla de patatas con alioli y otros dos de blanc i negre amb faves. Shoppy sale rebotado del choque con el camarero y no puede evitar empujar a C., que empuja F., que empuja a César Castells, que justo cuando ha cogido el boleto, logra agarrarse de F., que a su vez logra agarrarse de C., que, in extremis se aferra de Schoppy antes de caer, y Schoppy, cogido de C., en vez de hacer fuerza para evitar que todos sean engullidos por la oscuridad, impotente ante su propio impulso, propicia que todos se precipiten por el agujero.

Algú pot encendre una llum?, pregunta F (¿Alguien puede encender una luz?). Los móviles no funcionan, dice F. Yo me lo he dejado arriba, comenta César Castells. Creo que llevo una cajetilla de fósforos por aquí, interviene Schoppy. Hem caigut al fons del pou! (¡Nos hemos caído al fondo del pozo!). Schoppy enciende una cerilla, los cuatro ven sus caras en la penumbra y una ráfaga de aire fresco que viene del lateral apaga la llama. Al tomar conciencia de la situación todos, excepto Schoppy, piden auxilio.

Parte II

¿Podéis parar de gritar?, exclama Schoppy. El silencio y la oscuridad se imponen. Schoppy enciende otra cerilla. Todos miran hacia arriba. No se ve la boca del pozo, comenta César Castells, ¿cómo es posible? Schoppy se incorpora, le crujen las rodillas. Los demás se levantan apoyándose los unos en los otros. Que musculós que estàs, comenta F. al agarrarse del brazo de C., es nota que fas boxa, esteu tots bé?, cap os trencat? (Qué musculoso estás, comenta F. Al agarrarse del brazo de C., se nota que haces boxeo, ¿estáis todos bien?).

Un golpe de aire apaga la cerilla. Enciende otra, exige C. a Shoppy. Espera, interviene César Castells, mirad, algo brilla en el suelo. César se acerca, es el boleto de lotería. Todos lo rodean deslumbrados hasta que F. se agacha y lo recoge. No sabía que los boletos de lotería brillaran en la oscuridad, comenta C. Les ponen unas tiras reflectantes para evitar falsificaciones, explica César. No creo que sea eso, dice Schoppy, a ver déjamelo. A tu te’l vaig a deixar, protesta F., tu vols gastar-te els nostres diners fartant-te de blancs i negres amb faves. (A ti te lo voy a dejar yo, protesta F., tu quieres gastarte nuestro dinero poniéndote morado de blancos y negros con habas) Dámelo, dice C., lo llevo yo, conmigo estará a buen recaudo. És que C. va a classes de boxa, explica F., i ara està molt més fort, tens raó, guarda-te’l tú, jo seré el teu escuder. (Es que C. va a clases de boxeo, explica F., y ahora está mucho más fuerte, tienes razón, guárdatelo tú, yo seré tu escudero)

¿Estáis locos?, dice César Castells, estamos atrapados en el fondo de un pozo y lo único que se os ocurre es pensar en proteger un boleto de lotería. Es mejor que lo lleve yo, de verdad, insiste Schoppy aproximándose a C. César, dice C., dile a Schoppy que no se acerque más a mí si no quiere que le suelte un crochet. Schoppy da un paso hacia C. César Castells se pone en medio. Schoppy dice, ¿no os dais cuenta de que el boleto brilla cada vez más?, estoy seguro de que intenta decirnos algo, yo soy aquí el único ser humano capaz de conectar con lo sublime, dámelo. Schoppy se abalanza sobre César intentando arrebatar el boleto de la mano de C. F. no logra intervenir a tiempo y no puede evitar la embestida que hace que César y Schoppy caigan sobre C., quien para frenar el golpe contra el suelo no tiene más remedio que soltar el boleto.

Els homes, sempre barallant-se, sentencia F. al verlos tirados en el suelo y viendo como el boleto vuela empujado por una corriente de aire. Ostres, eixe billet sembla viu! (¡Ostras, ese billete parece vivo!) Atrápalo que se escapa, grita Schoppy, es nuestro billete de retorno. ¿Cómo que nuestro billete de retorno?, pregunta César Castells mientras ve cómo Schoppy sale corriendo en persecución de F. César mira a C. y le dice tendiéndole una mano para que se levante, ponte en pie que estos dos nos dejan aquí tirados.

Y así es como los cuatro persiguen un boleto de lotería que ilumina un pasadizo con la potencia creciente de varias antorchas. En cabeza corre F., detrás de él Schoppy, quien, con una agilidad impensable para su avanzada edad, parece poseído por la sensación de haber encontrado por fin la respuesta a todo aquello que lleva toda la vida buscando. César Castells y C. los persiguen pendientes de huir de la oscuridad que acecha sus espaldas y que siempre está a punto de engullirlos.

Tras unos metros de carreras que parecen infinitos César Castells ve como el boleto de lotería se para, F. está a punto de atraparlo, y Schoppy está a punto de atrapar a F., pero una nueva corriente lo empuja hacia la derecha. Todos lo siguen de nuevo, dejando atrás el pasadizo que continuaba recto. Y así, con frenazos y acelerones, girando bien a la izquierda, bien a la derecha, bien siguiendo recto, los cuatro se van adentrando en un territorio desconocido, pasadizos tallados en el subsuelo, donde lo peor que les podría pasar sería perder de vista el boleto.

Derecha, derecha, izquierda, recto, derecha, derecha, recto. César Castells ve a lo lejos como F. se para, y detrás de él Schoppy, ambos saltan bajo el boleto que asciende e ilumina una gran estancia, cuando toca el techo el brillo pierde intensidad poco a poco y cae como una hoja seca en otoño. Shoppy empuja a F. para poder alcanzarlo pero C. adelanta a César, se lanza, lo atrapa y, como un judoka de cinturón negro, cae sobre su lateral y se incorpora ante los ojos atónitos de Schoppy.

El boleto es nuestro, dice C. Y se hace la oscuridad al tiempo que unas antorchas colgadas de las paredes iluminan tenuemente el lugar. Se oyen unos gemidos. ¿De dónde vienen esos quejidos de dolor?, pregunta César Castells. Huele a desagüe, dice C. tapándose la boca y la nariz, a desechos humanos. Se oye una voz que entre plañidos dice: deicimur, sed non perimos… Deicimur, sed non perimos (Somos derribados, pero no perecemos). Ostres, aixó és llatí, qui parla?, (Ostras, eso es latín, ¿quién habla?) pregunta F. aproximándose a una de las celdas que hay cavadas en la pared, de donde provienen esas palabras e ignorando el resto de llantos y aullidos de las demás celdas.

Los cuatro, agrupados en la entrada de la celda, miran un hombre que yace sobre un camastro de madera. Deicimur, sed non perimos. Deicimur, sed non perimos. Restos de una túnica mugrienta apenas lo cubren dejando a la vista cortes, quemaduras y latigazos. Unos grilletes apresan sus muñecas y tobillos de modo que apenas puede mover unos centímetros su cuerpo para alzar la cabeza y decir: Deicimur, sed non perimos; deicimur, sed non perimos.

F. se acerca y dice, és ell (es él) Intenta tocarlo pero el cuerpo se aparta espantado. No tingues por Sant Vicent, som amics i devots. (No tengas miedo, Sant Vicent, somos amigos y devotos) Yo soy ateo, protesta Schoppy, y yo agnóstico, añade César Castells. ¿De verdad crees que es Sant Vicent Màrtir?, pregunta C. Clar que és Sant Vicent, no veus que estem a la presó de la Valentia Romana? Hem d’alliberar-lo! (Claro que es Sant Vicent, ¿no ves que estamos en la cárcel de la Valentia Romana? ¡Tenemos que liberarlo!) F. y C. tiran de las cadenas e intentan liberar al mártir pero éstas están clavadas en la madera robusta del camastro.

Ajudeu-nos!, grita F. No sé si deberíamos, dice César Castells mirando a Schoppy, quien sin dudarlo dos veces pregunta, Vicistine timorem mortis? (¿Has vencido el miedo a la muerte?) A lo que Sant Vincent grita, Deicimur, sed non perimos!, y más fuerte aún, deicimur, sed non perimos! En las celdas colindantes se empieza a propagar la palabra y los gemidos se convierten en un coro al que se le van sumando más y más voces. Deicimur, sed non perimos, Deicimur, sed non perimos.

F. y C., incapaces de liberar a Sant Vicent, miran a su alrederor. César, alcánzame una de las antorchas que hay fuera, dice C. ¿No crees que ya lo han torturado bastante los romanos?, responde César. Dámela, insiste C. César Castells sale de la celda y descuelga una de las antorchas. En la estancia central el mantra de las palabras repetidas una y otra vez por el resto de presos reverbera produciendo un ruido ensordecedor. Antes de entrar en la celda se oye el sonido grave de una tuba que como el aliento de la muerte hiela la sangre de César. Al dejar de sonar, todo está en silencio.

Dame, dice C. Se oyen pasos que bajan hacia las celdas, dice Schoppy, tenemos que huir. C. apaga la antorcha con la tierra del suelo, hace palanca en uno de los grilletes y lo suelta, pasa al segundo. Sant Vicent sigue gritando, deicimur, sed non perimos!, deicimur, sed non perimos! Tenemos que irnos, ordena Schoppy, vienen los romanos.

El coro de presos reemprende su cántico pero esta vez las voces se van apagando, como si una a una fueran cortadas en seco por una espada afilada. ¡Vienen los romanos!, grita Schoppy. Hem d’alliberar-lo, és el nostre Sant mes benvolgut i revolucionari! (Tenemos que liberarlo, es nuestro santo más querido y revolucionario) C. abre el segundo grillete, pasa al tercero. Una luz brilla en el bolsillo posterior de su pantalón. César Castells, que lo ve, coge el boleto de lotería del bolsillo de C. Está volviendo a brillar con intensidad, exclama César. Schoppy lo mira y le dice, dámelo. No, protesta César, lo llevo, yo.

El cuarto grillete salta y el santo está libre. Las voces del coro se apagan. Los pasos de los soldados son cada vez más cercanos. El santo se levanta sobre el camastro, pone los brazos en cruz y señala el boleto de lotería iluminado que César Castells lleva en la mano. El billete tira de mí, grita César Castells, tira de mí hacia fuera de la celda. F. Intenta ayudar a Sant Vicent a bajar del catre pero este le da un fuerte empujón que lo lanza hacia la salida de la celda. En su trayectoria, F. Empuja a C. Que empuja a Schoppy que a su vez empuja a César. Los cuatro miran al santo desde la estancia principal quien subido a la cama grita, deicimur, sed non perimos! Deicimur, sed non perimos!

Schoppy mira el boleto de lotería, suéltalo, grita, César, suéltalo. César mira a C. a la vez que percibe las sombras de los romanos reflejadas en las paredes del pasillo que dan a la gran estancia y suelta el boleto de lotería iluminado. Una ráfaga de aire lo lleva por el pasadizo por el que llegaron. César va detrás de él, Schoppy le sigue y C. agarra con fuerza a F. para obligarlo a correr, adeu, benvolgut Sant Vicent, el nostre màrtir revolucionari (Adiós, querido Sant Vicent, nuestro mártir revolucionario).

Parte III

César Castells, tras recorrer junto a sus compañeros, uno detrás de otro, decenas de pasadizos sin sentido aparente, frena en seco al ver que el boleto luminoso se detiene y flota delante de un estrecho túnel por el que a duras penas entraría un perro del tamaño de un pastor alemán.

Schoppy da saltos bajo boleto suspendido en el aire pero C., atento, con un rápido movimiento de kung-fu, se le adelanta. Del boleto me encargo yo, dice. Está bien, está bien, asiente Schoppy apartándose y dejando espacio a C., todo tuyo. Què fem ara? (¿Qué hacemos ahora?), pregunta F., no hauríem hagut d’abandonar Sant Vicent (no deberíamos haber abandonado a Sant Vicent). De no haber huido ahora estaríamos pudriéndonos en las mazmorras de la Valentia Romana o arrojados al Mare Nostrum, cortados a trocitos dentro de un saco, comenta Schoppy y añade dirigiéndose a César Castells, ¿qué te pasa a ti?, te has quedado paralizado. No puedo, responde César. ¿No puedes, qué?, insiste Shcoppy. C. nota como el boleto vibra en su mano y dice, el boleto tira de mí. No puedo entrar por ahí, dice César señalando el estrecho agujero que se adentra en las profundidades de la tierra. Cap a on? (¿Hacia dónde?), pregunta F. Hacia el túnel, contesta C. No, por ese agujero, no, por favor, suplica César, probemos otro camino, este sitio está lleno de túneles y pasadizos. El boleto tira con mucha fuerza, no puedo resistir su arrastre, exclama C. ¡No se te ocurra soltarlo!, grita Schoppy, nunca saldremos de aquí si lo perdemos. Eso intento, protesta C., pero no puedo frenarlo. F. al ver a C. en apuros, lo agarra por la cintura, jo t’ajude (yo te ayudo), dice, pero el boleto los arrastra hacia la entrada del estrecho túnel.

No por favor, por el agujero, no, grita César Castells. Schoppy se pone detrás de él y le dice, cierra los ojos, haz lo que yo te diga. Agenolla’t (arrodíllate), C., grita F., en peus no entrem per eixe forat. C. se pone a cuatro patas y detrás de él, cogido de sus talones, F. Agáchate y agárrate de los talones de F., ordena Schoppy, cierra los ojos, yo estoy detrás de ti. No puedo, no puedo. Respira, cierra los ojos, será un trayecto corto, enseguida estaremos fuera. Estem tots amb tú (estamos todos contigo), César, dice F., agarra’t dels meus turmells (agárrate de mis tobillos), y entra en el túnel detrás de C. César mira a Schoppy con expresión de terror, confía en mí, saldremos enseguida. César Castells se coge de los talones de F. y entra en el túnel, Shoppy detrás de él.

C. agarrado del boleto luminoso que tira de él, avanza por el túnel. ¿Se ve ya la salida?, pregunta César Castells desde atrás. Em vas a trencar el turmells si apretes tan fort (me vas a romper los tobillos si aprietas tan fuerte), protesta F. Ya falta poco, no te preocupes, Cèsar, dice Schoppy, yo te aviso cuando puedas abrir los ojos. Curva hacia la izquierda, grita C. Ahora el túnel va a girar a la izquierda, César, todo está controlado, respira hondo, apunta Schoppy. ¿Después de la curva estará la salida?, pregunta César. Estaremos más cerca, seguro, contesta Schoppy. Esto se estrecha, grita C. ¿Cómo que esto se estrecha?, protesta César Castells. Baixeu el cap i avanceu amb el avantbraços (agachad la cabeza y avanzad con los antebrazos), advierte F. No, por favor, no, no puedo avanzar con los antebrazos. Tranquilo, César, tranquilo, respira, no abras los ojos. Cómo no voy a abrir los ojos, ¡el agujero es cada vez más estrecho! ¡Cuerpo a tierra!, grita C. No, por favor, no, cuerpo a tierra, no, vamos a morir, vamos a morir aquí atrapados en este agujero. Tranquilo, César, respira, cierra los ojos, yo estoy detrás de ti, dice Schoppy. ¡Esto se estrecha un poquito más!, grita C. Espere que no s’astrete molt més (espero que no se estreche mucho más), comenta F. César Castells, se desplaza lentamente, el techo del túnel está a apenas dos palmos sobre su cabeza, puede tocar las paredes con los codos, se para y grita, ¡vamos a morir, vamos a morir, demos la vuelta, vamos a morir, por favor, os lo suplico, demos la vuelta, no quiero morir en este agujero, ayuda, socorro, ayuda, quiero salir, quiero salir, quiero salir. Avanza, César, socorro, no te quedes parado, auxilio, avanza, vamos a morir, respira, quiero salir de aquí, sácame de aquí, avanza, muévete, no puedo, no puedo, agárrate de F., no te sueltes de él, agárrate, quiero salir de aquí, quiero salir de aquí. César Castells gimotea en la oscuridad, solloza, agarrado de los tobillos de F. y empujado por Schoppy avanza como un peso muerto con los ojos cerrados. Agachad un poco más las cabezas, grita C. No, por favor, susurra César Castells, vamos a morir, vamos a morir, tranquil (tranquilo), César, tranquil, fes les paus amb el teu Déu i deixa’t portar cap a l’altre costat (tranquilo, haz las paces son tu Dios y déjate llevar hacia el otro lado), murmura F., soy agnóstico, llora César Castells, soy agnóstico, soy agnóstico, maldita sea…

Esto se ensancha, grita C. Ostres les parets estan plenes d’ossos. Estem al cementiri del bisbes visigots! (ostras, las paredes están llenas de huesos. Estamos en el cementerio visigodo), exclama F. a la vez que pasa de la posición cuerpo a tierra a avanzar a gatas, después en cuclillas y finalmente se levanta para andar de pie con la cabeza gacha hasta que el techo se eleva lo suficiente como para avanzar con la cabeza erguida. César Castells se abraza a Schoppy y susurra, estoy vivo, vivo, vivo…

Los cuatro avanzan por el estrecho pasadizo zigzagueante entre paredes sembradas de cráneos, costillas, tibias, fémures, vértebras, guiados por el boleto luminoso. Estoy vivo, reza César Castells, estoy vivo. Son les catacumbes de la Valentia visigòtica, encara que el cementiri dels bisbes visigots no estava sota terra (son las catacumbas de la Valentia visigótica, aunque el cementerio de los obispos visigodos nos estaba bajo tierra)… He vuelto a nacer, susurra César, una segunda vida. C. se para delante de una escalera de madera apoyada contra una pared de adoquines. Todos suben por ella. Hay una tapa de madera, comenta C. Obri-la, veure on eixim (ábrela, a ver dónde salimos), dice F. C. sale a la superficie y dice, hay una mezquita.

Varias personas pasan corriendo por su lado en dirección al templo. Se oye un clamor de trompetas, tubas y tambores. F. se pone a su lado y dice, ¡la Balansiya àrab (la Balansiya árabe)! Más personas pasan corriendo por su lado en dirección al lugar de culto. El fragor de los instrumentos es cada vez más cercano. Estoy vivo, pero, ¿dónde estamos? Decenas de personas corren hacia la mezquita. Todos observan cómo el boleto luminoso se apaga. C. se lo guarda en el bolsillo trasero.

Tengo hambre, dice Shoppy. Què significa eixe clamor?(¿qué significa ese clamor?), pregunta F. al tiempo que se gira y añade, agafeu-vos de les mans que ve la marabunta! (agarraos de las manos que viene la marabunta) Cientos de personas los empujan en dirección al templo sagrado. La marea de gente los lleva hasta la entrada donde miles de personas se agolpan. El estruendo de las trompetas, tambores, tubas y el griterío de la gente es ensordecedor. F, mira hacia arriba y dice, mireu la Torre del Temple, és la nostra senyera, és la nostra senyera, estem presenciant el naixement del Regne de València (mirad, es la Torre del Temple, es nuestra bandera, estamos presenciando el nacimiento del Reino de Valencia).

Al mencionar estas palabras, F. llama la atención de las personas entre las cuales, hasta ahora, habían pasado desapercibidos y un círculo se forma alrededor de ellos. Quieres hacer el favor de callarte, dice César Castells, ¿puedes limitarte a observar y callar? La gente a su alrededor empieza a murmurar. Me voy a quedar sin echar un bocado, comenta Schoppy. ¿Qué dicen?, pregunta C. Creo que dicen infidelis, contesta Schoppy. Com vaig a callar-me si anem a presenciar l’arribada de Jaume I el Conqueridor, el naixement del Regne de València, el naixement del nostre poble! (¡Cómo voy a callarme si vamos a presenciar la llegada de Jaume I el Conquistador, el nacimiento del Reino de Valencia, el nacimiento de nuestro pueblo!)

Con cada palabra que menciona F. el círculo y el rumor se amplía, infidelis, infidelis. Por favor, F., cállate, acabo de renacer, ¡no quiero morir desmembrado por la caterva! IN-FI-DE-LIS, IN-FI-DE-LIS. No em pense callar, és important per un ésser humà tindre clar on està, per a ell, l’origen de la seua història! (¡No me pienso callar, es importante para un ser humano saber dónde está, para él, el origen de su historia!) IN-FI-DE-LIS, IN-FI-DE-LIS, IN-FI-DE-LIS, IN-FI-DE-LIS.

Un par de personas se acercan hacia ellos, la multitud les tira dos palos que caen al suelo y recogen. C. dice, poneos detrás de mí. F. Ajeno al peligro de la situación continúa diciendo, per a mí, la meua història, la història del meu poble, comença ací, i per a tú César Castells?, on comença la teua història? (para mí, mi historia, la historia de mi pueblo, empieza aquí, ¿y para ti, César Castells?, ¿dónde empieza tu historia?) A César Castells no le da tiempo contestar ya que atónito contempla como C. Desplegando sus capacidades de boxeador, judoka y practicante de kung-fú se deshace de los dos atacantes y se hace con uno de los palos.

Al mismo tiempo F. parece extasiado al mirar el séquito que se abre paso hacia la entrada de la mezquita. És Jaume I el Conqueridor! (¡Es Jaume I el Conquistador) Cuatro personas más atacan al grupo pero C. logra deshacerse de ellos con el palo y un par de patadas voladoras, recoge otro palo del suelo y se lo da a César que dice, ¿qué quieres que haga con esto? Mantén alejados a los que vengan por la retaguardia. IN-FI-DE-LIS, IN-FI-DE-LIS, IN-FI-DE-LIS, IN-FI-DE-LIS. Schoppy al ver llegar al fundador del Regne de València dice, un hombre puede hacer lo que quiere, pero no puede determinar lo que quiere. C. grita, déjate de filosofar, toma este palo y ayuda a César.

En ese momento dejan de sonar los instrumentos y todo el mundo calla. El silencio es estremecedor. La multitud mira hacia donde está Jaume I. César Castells, C. y Schoppy, cada uno con un palo, mantienen la distancia de seguridad con sus agresores, F. levita en medio de ellos cuando oye, gràcies a Déu i a Sant Vicent per ajudar-nos a conquerir València. A partir d’ara serà la capital del Regne de València, i sobre aquesta mesquita construirem la nostra catedral, i sobre les ruïnes de la presó romana construirem una capella en honor del nostre sant Vicent (Gracias a Dios y a Sant Vicent por ayudarnos a conquistar València. A partir de ahora será la capital del Reino de Valencia, y sobre esta mezquita construiremos nuestra catedral, y sobre las ruinas de la prisión romana construiremos una capilla en honor a nuestro San Vicent.)

En cuanto el monarca acaba de decir estas palabras, las trompetas, tubas y tambores vuelven a sonar, la muchedumbre aclama al rey del Regne de València, que junto a su séquito entra en la mezquita, ahora catedral de València, y el grupo de personas que rodea a César Castells y compañía vuelve a corear IN-FI-DE-LIS, IN-FI-DE-LIS, IN-FI-DE-LIS, IN-FI-DE-LIS. C. no da abasto, crochets, directos, patadas laterales, volteretas y saltos, frenan a sus atacantes a la vez que César y Schoppy pinchan con los palos a los más indecisos que intentan acercarse por los laterales.

No sé si vamos a poder aguantar mucho más, grita César, C., intenta abrirte paso por la calle por donde hemos venido. Deixeu de barallar-vos en aquest dia sublim! (¡dejad de pelearos en este día sublime!), grita F. al tiempo que avanza hacia C. y coge de su bolsillo el boleto que ha empezado a brillar con intensidad. F. levanta el boleto y dice: obriu pass a la voluntat de Déu, nosaltres sóm el àngels que han vingut a beneir el naixement del nostre poble (abrid paso a la voluntad De Dios, nosotros somos los ángeles que han venido a bendecir el nacimiento de nuestro pueblo). Qué dice, pregunta C. Que somos unos ángeles, explica César. Pues funciona, la muchedumbre se aparta y se arrodilla, dice Schoppy, aunque creo que es más por el boleto luminoso que por las palabras de F., la humanidad no puede vivir sin el opio de la religión…

F. guiado por el boleto luminoso y seguido de César Castells, Schoppy y C., en posición defensiva, se abren paso entre la masa hasta dejarla atrás y llegar a la calle por la que han venido. Los cuatro miran hacia atrás, la muchedumbre los observa temerosa y entre el estruendo de las trompetas tubas y tambores se vuelve a oír: IN-FI-DE-LIS, IN-FI-DE-LIS, IN-FI-DE-LIS, IN-FI-DE-LIS. Sí que les ha durado poco el subidón de opio, exclama César Castells.

Vienen a por nosotros, ¡corred!, grita C. F. guiado por el boleto luminoso va hacia la derecha, da unos pasos, luego hacia la izquierda, vuelve sobre sus pasos, se mete por una calle, después por otra, todos se frenan, vuelven hacia atrás, escapan de sus perseguidores de milagro girando bruscamente por un callejón lateral, sembla que el billet volia anar per un camí però era massa perillós i ha canviat de sentit (parece que el boleto quería ir por un camino pero era demasiado peligroso y ha cambiado de sentido), exclama F.

Enfilan un callejón que va hacia el cauce del Turia, antes de llegar giran a la derecha y desembocan en un pequeña plaza donde hay un pozo. El pou del carrer Viciana (el pozo de la calle Viciana), dice F., y sin pensarlo dos veces, salta por el agujero. Detrás de él saltan César, Schoppy, y C. antes de saltar se queda un momento parado y dice en voz alta, creo que aquí, con mis dotes para la lucha podría hacer carrera como caballero andante… se sienta en el borde del pozo, reflexiona sobre las palabras que acaba de mencionar y concluye, justo cuando la marabunta de gente entra por la calle aullando IN-FI-DE-LIS, IN-FI-DE-LIS, IN-FI-DE-LIS, IN-FI-DE-LIS, no, mi Dulcinea no es de este mundo, se tira hacia atrás como si fuera un buzo en medio del océano y es engullido por la oscuridad del pozo de la calle Viciana.

 

Parte IV

El boleto luminoso brilla con toda su intensidad durante la caída y sigue haciéndolo al llegar al fondo del pozo que había en la calle Viciana. César Castells continúa aferrado a él como si la vida le fuese en ello y es por ello que el boleto, nada más incorporarse tras la caída, tira de él para que no pierda ni un segundo. F., Schoppy y C., que han caído un poco después, se levantan y lo persiguen pisándole los talones. El ritmo, aunque constante, no es acelerado. Todos avanzan iluminados por el boleto por pasadizos terrosos, empedrados, fríos y húmedos hasta que llegan a una rampa que se prolonga a lo largo de cientos de metros, un corredor con una inclinación de quince grados grados al final del cual hay una puerta metálica. César Castells gira el pomo y entra en una estancia espaciosa. Schoppy dice, ¡madre mía, qué hambre tengo! Atraviesan la estancia en dirección a la salida y F. comenta, açò és la Cripta de Sant Vicent restaurada als anys noranta, ho sé perquè ho vaig estudiar per l’examen de l’oposició. Però està molt fosca, com si estigués abandonada, ja no estan les llums de decoració, i està tot molt brut i ple de pols (esta es la cripta de Sant Vicent restaurada en los años noventa, lo sé porque me lo tuve que estudiar para la oposición. Pero está mucho más oscura, como si estuviera abandonada, ya no están las luces de decoración, y todo está muy sucio y lleno de polvo). César Castells se gira y dice, no puedo parar, el boleto tira de mí. Si la gent ha perdut la fe en el nostre sant més revolucionari estem perduts com a poble (si la gente ha perdido la fé en nuestro santo más revolucionario estamos perdidos como pueblo), sentencia F. e intenta pararse para contemplar la decadencia del lugar sin conseguirlo porque Schoppy lo empuja para que avance, tengo demasiada hambre como para fijarme en esos detalles. Cerrando el grupo, C. desconfiado, después de tanta pelea, dirige miradas desafiantes por todo el lugar. Si continúas haciendo posturitas te vas a partir el cuello, apunta Schoppy. No son posturitas, son catas. ¿También eres karateka? También.

César Castells sube por unas escalerillas, atraviesa un pasillo, abre una puerta y sale a la Plaça del Arquebisbe. Qué fácil ha sido todo, comenta César Castells al tiempo que observa una plataforma flotante con cubierta de tela, aire acondicionado y vaporizadores de agua cargada con unos veinte turistas. Delante de ellos un guía sobre un patín flotante, que tira de la plataforma, explica la història de la Catedral de Valencia delante de su entrada en la plaza de la Almoina, al tiempo que de vez en cuando aprieta el botón de un mando que activa el motor del dispensador de agua vaporizada al grito colectivo del rebaño de turistas, ¡more water, more fresh water! Ostres quina calor! (¡ostras qué calor!), exclama F., i quant de guiri organitzat (¡y cuánto guiri organizado). Nos vamos a desintegrar, comenta C, debemos rondar los cincuenta grados. Sigamos a uno de esos drones gigantes lleno de guiris, dice Schoppy, seguro que van a un a bar pegar un bocado. La plaça està plena de plataformes flotants, semblen molt ben organitzades, cadascuna avança quan és el seu torn (la plaza está llena de plataformas flotantes, parecen muy bien organizadas, cada una avanza cuando es su turno), insiste F. Una organización militar, diría yo, apunta C. El boleto tira de mí en sentido contrario, como si quisiera volver al bar Palau. Es verdad, el bar Palau, pues vamos, rápido, tengo un hambre atroz, exhorta Schoppy.

César Castells se pone en marcha guiado por el boleto. Estem al costat (estamos al lado), comenta F., tingues paciència, Schoppy, no veig jo que prestes massa atenció a les teues ensenyances ascètiques (ten paciencia, Schoppy, no veo que prestes atención a tus enseñanzas ascetas). Yo soy el mentor, no el discípulo, se defiende Schoppy. Dos drones se dirigen a toda velocidad hacia nosotros, dice C. parándose y poniéndose en posición de defensa. Todos se detienen y se dan la vuelta para valorar la amenaza. César Castells mete la mano en la que lleva el boleto en el bolsillo resistiendo sus tirones en dirección al bar Palau. ¡Deténganse! ¡No se muevan!

Los drones son un poco más grandes que una paloma, en un lateral se puede leer: CRUZADA 2036. Documentación, dice una voz metálica que sale de uno de los drones, no están identificados entre las personas que tenemos en el listado para circular libremente en este tramo horario por el centro histórico. Anem al bar Palau, el nostre amic té fam i tenim molta calor (vamos al bar Palau, nuestro amigo tiene hambre y tenemos mucho calor) dice F. Usted, el que acaba de hablar, póngase a un lado. Informe de posible elemento subversivo por uso de idioma ilegal y afirmacionismo ambiental, procedemos a aplicarle el test de pureza nacional según marcan las directrices y protocolos de la CRUZADA 2036. Escolten, jo sóc una persona pacífica, no necessite fer cap test però sí un refugi climàtic (Escuchen, yo soy una persona pacífica, no necesito pasar ningún test pero sí un refugio climático). No se mueva, del segundo dron se despliega un brazo mecánico, un puntero láser encañona a F., no dé un solo paso mientras procedemos con el test.

El boleto luminoso empieza a agitarse en el bolsillo de César Castells. C. mira al grupo con la intención de intervenir pero Schoppy le indica con una gesto que espere un momento, que él se encarga del tema. ¿Y en qué consiste este test?, pregunta Schoppy. El potencial elemento subversivo ha de cumplir con los niveles de pureza nacional estipulados en la CRUZADA 2036 en los parámetros de idioma, orientación sexual, credo y afirmacionismo ambiental. Tindreu les presons plenes de gent (tendréis las cárceles llenas de gente), exclama F. Cállese y abra el ojo derecho, procedemos a realizar el análisis ocular.

César Castells no puede controlar el boleto luminoso que se mueve descontrolado dentro de su bolsillo. Usted, ¿qué lleva dentro de su bolsillo?, póngase a un lado. No llevo nada, César Castells saca su mano del bolsillo con el puño cerrado y sin poder evitarlo el boleto empuja su puño hacia arriba mientras que él intenta controlarlo hacia abajo. Posible elemento subversivo por tendencias políticas radicales. Sepárese del grupo, procederemos inmediatamente a aplicarle el test de pureza nacional tal y como aparece en el Anexo I del protocolo de la CRUZADA 2036. ¡Deje de levantar el puño!, del segundo dron sale un segundo brazo mecánico y un segundo puntero láser apunta a César Castells. Deberíamos calmarnos un poco, interviene Schoppy, somos trabajadores públicos en nuestro horario de almuerzo, bueno, ellos, yo soy el mentor de César Castells, además tengo una pregunta para vosotros, ¿sois capaces de vencer al miedo a la muerte y dejar de obedecer a la voluntad de vivir?

Los drones al oír esta pregunta entran en bucle. Schoppy mira a C. satisfecho y dice, ves cómo el ingenio es superior a la fuerza. Un alarma interrumpe las palabras de Schoppy, los drones proyectan luces rojas y azules intermitentes, ¡manden refuerzos!, ¡incumplimiento de los protocolos de la CRUZADA 2036 por pensamiento crítico! ¡Acribíllalo!

Antes de que los drones puedan ejecutar la orden, C. salta y los derriba uno de una patada voladora y al otro de un codazo. A veces, además de ingenio se necesita un poco de fuerza y astucia, sentencia C. mirando a Schoppy. César Castells, al sentirse liberado de la amenaza de los drones sale corriendo hacia el bar Palau tirado del boleto luminoso. Corred, antes de que vengan refuerzos, grita César. Todos giran a la derecha. Ya vienen, exclama C. ¡son decenas de drones! El grupo recorre los cientos de pasos que les separan del lugar al que suelen ir a almorzar los bocadillos de de blanc i negre amb faves, y se quedan paralizados delante de un letrero que reza: EARTH’s BURNING, TÚ REFUGIO CLIMÁTICO. Tostadas de autor de aguacate con tomate + thé matcha 25 euros.

Tenemos que entrar, el boleto tira de mí, exclama César Castells. ¡El enjambre de drones se nos echa encima!, grita C.
Todos entran corriendo dentro del Earth’s Burning. Almenys han respectat el pou!(¡Al menos han respetado el pozo!, grita F. Todos saltan y son engullidos por la oscuridad del pozo.
——————————-
César Castells sale por la puerta que da a la plaça del Arquebisbe. Muchas gracias por las explicaciones, dice Cèsar, dirgiéndose al guía de la cripta de Sant Vicent. Unes explicacions molt acurades, Sant Vincent va ser el nostre sant més revolucionari, gràcies per conservar la seua memòria, així el nostre poble no desapareixerà mai (unas explicaciones bien trabajadas, San Vicente fue nuestro santo más revolucionario, gracias por conservar su memoria, así nuestro pueblo no desaparecerá jamás), comenta F. Entonces, ¿está usted seguro de que estamos en el año 2026? No seas pesado, Schoppy, dice C., ya te lo ha dicho varias veces.
Todos caminan hacia la plaza de l’Almoina. César Castells, se para, saca el boleto de lotería del bolsillo y dice, ¿váis a ir a cobrarlo?. C. mira la hora en su móvil, aún nos quedan diez minutos del tiempo para el almuerzo. Sí, anem a cobrar-lo abans de tornar al treball.

Antes de que puedan darse cuenta, Schoppy coge el boleto, se escapa corriendo hacia el bar Palau y grita, ¡voy a preguntarle una cosa a Sant Vicent, me ha quedado alguna duda que quiero discutir con él. C. hace ademán de seguirlo pero César Castells, lo agarra del brazo y dice, déjalo, ya no necesitamos el boleto. Doncs haurem de ficar cinc euros cadascú, no queda pot per comprar els següents números (Pues deberíamos poner cinco euros cada uno, no queda botar para comprar los siguientes números). Seguro que se come un bocata de blanc i negre amb faves antes de saltar dentro del pozo, refunfuña C. Seguro, dice César Castells, con el hambre que ha pasado, y seguro que el dueño lo apunta a mi cuenta. Seguro, sentencia C.

FIN

*Néstor Mir es escritor y se encuentra a la espera de publicar sus dos últimas novelas: una en valenciano, Objecte preciós, que continúa con la serie de novela corta de autoficción protagonizada por César Castells, y su primera novela de ficción, un thriller distópico costumbrista llamado Las Yurtas.
Además, Néstor Mir es bibliotecario, músico, dramaturgo y dinamizador cultural. Tras pasar por diversos departamentos de la Biblioteca Valenciana (Fondo Antiguo, Proceso Técnico y Hemeroteca), por la Biblioteca del Col·legi Territorial d’Arquitectes de València y ser encargado de la sección infantil-juvenil en la Biblioteca Pública del Estado de València y de la gestión de las actividades culturales hasta 2022, pidió una excedencia para poner en marcha el proyecto BED (Biblioteca Expandida Deslocalizada), centrada en afrontar la transformación de la biblioteca pública en el siglo XXI. Actualmente, ejerce la Jefatura de Sección del Archivo Central de Presidencia de la GVA. Aquí escribió sobre la Biblioteca Gabriel García Márquez y su visión como tercer lugar.

Fotografía: David Rota, imagen de la Plaza de la Virgen de València. Resto de imágenes: D.R.
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