Callejeando por Ciutat Vella, entre las imponentes Torres de Quart y la zona de Velluters colonizada por la Escuela de Diseño y el Conservatorio, se llega a la calle Carrasquer, donde está Espacio Modotti. El lugar que ocupó la mítica galería Espai Visor ahora reparte sus metros entre ser escuela de fotografía y galería de arte, dirigido todo por Miriam Lozano y Mayte Piera. Con unos grandes escaparates que dan a la calle, los diseñadores Daniela Muñoz White y Juan Carlos Iniesta, que se dejan ver en las redes como Madreinspain, los han ocupado todos con sus piezas, en las que mezclan las lámparas, los significados y las señales urbanas.
«Toda la narrativa de la exposición hace hincapié en la similitud entre idéntico, identidad e identificación», explican. Han llamado a la muestra Identi&Co, «como si se tratara de una especie de empresa globalizadora fantasma, que nos hemos inventado, jugando con la identidad y jugando con la compañía idéntico, que hace que todas las ciudades sean lo mismo».
En el primer escaparate han creado un grupo de lámparas-personas que forman el núcleo humano de la ciudad. «Se componen de una bola de cristal, con un palo y una base cromada. Todo idéntico, pero cada espectador ve lo que quiere. Las lámparas son iguales de base pero lo que las distingue son las piezas pegadas con imanes. Con añadirle uno o dos elementos ya le estás dando una identidad y una personalidad. El ciudadano se convierte en alguien con el cual tú te identificas», apunta Juan Carlos Iniesta.

«Ese mismo tronco con unas pocas ramas se convierte en señoras, maleantes, ángeles con spray, falleras, folloneros, creadores de contenido, creadoras de edificios, estudiantes, farsantes o en lo que cada uno quiera ver para identificarse con ellas: son el núcleo duro que deambula por las ciudades».
El escaparate central de la exposición está formado por un trampantojo con señales identificativas de tráfico en las que, con variar una sola letra de su enunciado, adquieren un nuevo sentido.
«Hemos hecho el juego, cogemos la señal y la convertimos. Bueno, yo personalmente que no tengo ni carnet de conducir soy un paseante militante desde que era un crío» –apunta Juan Carlos–, «y creo que el coche ha sido un verdadero problema en la ciudad: hasta los años 60 y 70 del siglo pasado las ciudades eran muy amables. Con la llegada masiva del vehículo los coches aparcaban hasta en la puerta de la Catedral».
En un rinconcito del escaparate de las señales de tráfico reformuladas aparece una matrícula con el año de la fundación de Valencia, el 138 antes de Cristo. «Con el deseo de que el coche acabe siendo igual, un resto arqueológico, y que las señales, ahora sí, estén a la altura de los ojos de los ciudadanos».
El cartel en color verde, que indica la Gran Vida, está dedicado, explican, «evidentemente a los que viven bien»; el Centro Cuidad, en color amarillo, va para los que «amamos ser herederos de adoquines romanos y nos mantenemos firmes en nuestro papel de escuderos de la ciudad, somos la ciudadanía militante. La señal rosa, el Centro Histérico, es la dirección escogida por la jauría humana, el rebaño, los Space Invaders que colonizan la identidad convirtiendo las ciudades en idénticas», apuntan. Daniela y Juan Carlos cuentan que los niños que van y vienen al conservatorio, que está al lado, entienden los mensajes a la primera. Muchas tardes se apostan divertidos en la puerta de la galería a verlos pasar y ver sus reacciones al ir leyéndolos. «Los mayores que van con los niños suelen ir tan rápido, y están tan en sus cosas, que no se dan ni cuenta de que las señales del escaparate no son las convencionales».
El paso final de la exposición es la llegada a la ciudad ideal, que es la ciudad que existe. Ante el desánimo sobre las urbes clónicas, los Madreinspain apuestan por no dejarse caer. «Vemos cómo cierran una tienda, cómo cierran un negocio y pensamos que ya es el final, ¿no? No, no es el final. Siempre hay esperanza. Hay esperanza porque hay bares que no cerrarán nunca. Hay tiendas que no cerrarán nunca. Y esquinas pintorescas que siempre estarán, hay que saber buscarlas».
En esa ciudad perfecta, que es la ciudad feliz ya dentro de la sala de la galería, los diseñadores han colocado una serie de señales que indican lugares a donde ir: un cartel indica dónde está la playa, «que es donde vas a jugar; O la palabra barrio, que contiene ‘bar’ y ‘río’, que en Valencia ambos son imprescindibles. Lo mismo con la Fuente de la Inspiración, en lugar de dedicársela a Cibeles o Canaletas, o la Comisaría de Poesía, que hace bastante más falta poesía que policía. Todos esos elementos conducen hacia uno que lo amalgama todo, en Valencia y en todo el mundo, que es la guirnalda, que como palabra es una de las más hermosas y supone la felicidad absoluta», apunta Juan Carlos.
Con todo este juego de significados y bailes de letras, han compuesto una muestra que es crítica, pero también divertida. «Bastante tensión hay ya como para no darle un guiño a esto y, por lo menos, ser amables». Los escaparates de la galería encajan estéticamente para poder hacer esa lectura lineal de los diseños abierta a la calle, a la propia ciudad. «Nos gusta que puedas verla desde fuera perfectamente, no hace falta ni entrar».
Madreinspain
Madreinspain nació como firma en 2001, de la mano de Daniela, escultora de Bellas Artes y Juan Carlos, profesional del mundo del diseño y de la publicidad. Se conocieron en una edición de la feria ARCO un 14 de febrero, «fue un flechazo», y hasta hoy. Con una trayectoria intermitente que han alternado con otros proyectos, han diseñado lámparas, su principal producto, de una forma muy personalizada, aunque también han iluminado espacios más grandes como hoteles o más singulares, como la Casa de Rojas, además de vender en Palo Market y en otras citas parecidas.
«Yo trabajé siete años en Luzifer (ahora LZF) con lo que tengo una base muy buena de técnica, llevaba el departamento de electricidad – explica Daniela Muñoz White–. Eso fue lo que hizo que con nuestras lámparas pudiéramos hacer diseños muy marcianos y muy complicados, gracias a esa base que yo había aprendido con Mariví Calvo y Sandro Tothill. Teníamos acceso a todos sus proveedores y, al final, fueron ellos mismos los que nos animaron a despegar con la firma por nuestra cuenta». Sus inicios coincidieron con la época de la Copa América en Valencia, aquella burbuja antes de explotar, «la gente no pestañeaba con los precios y los arquitectos se volvían locos con nuestros diseños».
Sin página web, ni mucha intención de tenerla, Juan Carlos y Daniela venden sus diseños personalizadísimos a través de su cuenta de Instagram y, como siempre, del boca a boca. Además de la exposición en Espacio Modotti, que se puede ver hasta mitad del mes de febrero y que planean llevar a Madrid, trabajan en el proyecto de una casa «alucinante» en el Cabo de Gata.
«Nuestras piezas son tan particulares que no nos da miedo que venga China y nos las copie, ya nos inventaremos otras. Imaginación no nos falta». Poesía, intención y crítica, «pero también una luz acogedora que provoca una sonrisa para estos tiempos absolutamente tenebrosos que vivimos», concluyen.
La exposición Identi&Co se muestra hasta el 14 de febrero en Espacio Modotti (Calle Carrasquer, 2, Valencia).











