Debemos a Julio Cavestany, marqués de Moret, y a la Asociación de Amigos del Arte –entre los que encontramos a Enrique Lafuente Ferrari– la exposición y el posterior catálogo que llevaron por nombre ‘Flores y bodegones en la pintura española’; este último empezó a prepararse en 1936, un año después de acabada la muestra, pero no pudo ver la luz hasta una vez acabada la Guerra Civil; esto es, ya en 1940. Cavestany –y más recientemente– Trinidad de Antonio, Juan José Luna, Peter Cherry, María José López Terrada o William B. Jordan (el gran experto en la obra de Juan var der Hamen y León) han sido los responsables del rescate y puesta en valor de la naturaleza muerta (o pintura ordinaria, como dimos en titular esta sección nuestra) española desde aquel hito de los años treinta del pasado siglo.
Estos días podemos contemplar algunas de las obras maestras del género en la muestra “Colección Masaveu: Objeto y naturaleza. Bodegones y floreros de los siglos XVII y XVIII”, que ha recalado en el Museo de Bellas Artes de Valencia. Comisariada por Ángel Aterido, contiene obras de Juan de Arellano, Luis Meléndez, Juan de Zurbarán o el ya mencionado Van der Hamen.
Juan de Zurbarán. Bodegón con cesto de frutas, melocotones, granadas y bernegal. Hacia 1643–49. Colección Masaveu.
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La protección del patrimonio (en especial, el arquitectónico) fue uno de los grandes temas que interesaron a Trini Simó a lo largo de su vida. Da cuenta de ello los artículos que publicó en la prensa generalista y que ahora recoge el libro titulado ‘Escritos periodísticos de una mujer inconformista’, incluido en la muy interesante colección Papers de Premsa de la Institució Alfons el Magnànim. En él encontramos a una Trini Simó que da a la imprenta sus primeros artículos, mediada la década de 1970, hasta los más recientes; tanto unos como otros llevarán impreso el tono firmemente reivindicativo a favor de lo público que fue característico de esta historiadora del arte valenciana.
Huelga decir que su afán por la conservación del patrimonio arquitectónico hará de ella una firme observadora no sólo de la ciudad de Valencia (a la que dedicó un libro ejemplar: ‘Valencia. Centro histórico’, con fotografías de Francesc Jarque), sino de todo el territorio valenciano. Para ello se alzará contra las restauraciones à-la-Viollet-le-Duc y rechazará toda “beatería monumentalista” que deje fuera a la ciudadanía, pero también toda especulación espuria (léase inmobiliaria). Puro sentido común.
Cubierta del libro que recoge algunas crónicas periodísticas de la historiadora Trini Simó.