Ya no somos los mismos

22 enero 2023

por | 22 enero 2023

El ruido ambiente en el que vivimos inmersos nos lleva a perdernos encuentros valiosos. A lo largo de este año pasado, sin embargo, tuve la fortuna de dar con dos libros de los que quiero dar cuenta brevemente ahora. Me refiero a El aire encendido (Renacimiento), en el que se recogen prosas poéticas de Teresa Garbí, y a Hoy ha vuelto Baudelaire (Periférica), una nouvelle de Manuel Arranz.

A ambos libros he vuelto recientemente; esto es, meses después de una primera lectura. Como el narrador del libro de Arranz, uno ya no es el mismo. Por ello, las anotaciones que hice sobre mi ejemplar de este libro cobran una especial significación. Lo compruebo, por ejemplo, al leer de nuevo estas líneas: “Pensé que era cierto que llega un momento en nuestra vida en que volvemos a creer en las cosas que habíamos dejado de creer; cosas de las que en nuestra juventud y en nuestra madurez nos habíamos reído vuelven a parecernos serias e importantes […]. Y entonces todo vuelve como si hubiera ocurrido ayer. Y la bondad, la fidelidad, la compasión y el perdón dejan de ser las palabras vacías y ridículas que habían sido tanto tiempo para convertirse en lo único que nos importa ya. Y entonces empezamos a vivir de nuevo”.

El paso del tiempo, viene a decirnos el narrador del que se sirve Arranz en esta breve, intensa, hermosa pieza literaria, nos pone en nuestro sitio. De este modo, arrinconamos veleidades, nos olvidamos hasta donde nos es posible del miedo y hacemos todo lo posible por seguir viviendo con una mayor intensidad. 

Teresa Garbí, por su parte, nos habla del duelo, de los seres queridos que marcharon para siempre, y cuyo recuerdo nos acompaña día a día. Tal es la herida que deja la muerte de los otros; una herida profunda que no llega a restañarse del todo. Y que se traduce —como afirma Nuccio Ordine en Los hombres no son islas, título extraído de una obra de John Donne; unos libros llevan a otros, efectivamente—, en una mayor conciencia de la muerte de uno mismo. Así, Teresa Garbí cuando escribe lo siguiente: “Hago ejercicios para la muerte. Reviso los objetos, los libros que me sobrevivirán. Pero cualquier movimiento puede aventarlos. Su fragilidad los hace insustituibles”.

Cubierta del libro de Arranz, ilustrado con «El fantasma de la fatalidad» (2000), una obra de Chema López.

Fotografía de apertura: «El fantasma de la fatalidad» (2000), de Chema López.
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