Casa 1927: una segunda vida cuarenta años después

27 septiembre 2022

por | 27 septiembre 2022

Cuando al Estudio BamBam le llegó el momento de intervenir en una vivienda tradicional, típica de los pueblos de la huerta del Segura, para rehabilitarla de forma integral, no se lo pensaron. Antonio Campos y Adrián Segura, los arquitectos BamBam, se pusieron manos a la obra con esta casa familiar de Bigastro (Alicante), de casi cien años de antigüedad, cargada de recuerdos familiares y de un gran potencial, para devolverle una vida que hacía años que no tenía. Esta es la historia de Casa 1927: una segunda vida cuarenta años después.

La casa familiar fue construida por los abuelos de la actual propietaria, quien nació allí, y ahora, tras 40 años deshabitada, vuelve a vivir a ese lugar con su familia.

«Desde el respeto a lo existente, se han reutilizado los elementos constructivos que todavía son válidos y se han restaurado varios elementos identitarios de la casa original. Con las necesidades actuales, se ha introducido una nueva relación con la luz, con el patio y entre las estancias, nuevas tecnologías constructivas y energéticas», explican los arquitectos. 

El retorno a la casa familiar de la propietaria es «razón de más para que el proyecto se genere desde el respeto por la historia de la casa, y la conservación y puesta en valor de sus huellas, como hilo conductor», explica Adrián Segura. Este concepto de conservación convive en el proyecto con la necesidad de adaptación de la vivienda a los actuales modos de vida.

«Supone una obra cuyo resultado es fruto de haber podido intervenir a todos los niveles de escala y de detalle transversalmente, desde la técnica al diseño interior, y gracias a esto el resultado es el mejor que podemos proporcionar: Un espacio bello y agradable, a la par que eficiente y responsable», apunta Campos.

«El reto era encontrar la relación más armónica y respetuosa posible entre el patrimonio arquitectónico, cada vez más escaso en los pueblos de la Vega Baja del Segura, y la nueva arquitectura adaptada a las formas de vida actuales», explica Adrián Segura.

Casa 1927: una segunda vida cuarenta años después.

El arco y el pavimento preexistentes se convierten en los elementos protagonistas de este proyecto de rehabilitación integral, utilizándolos como guía para establecer las nuevas estrategias espaciales, materiales y de color.

El arco restaurado era, antes y ahora, el elemento arquitectónico de bienvenida de la vivienda, que recibe en el acceso en una posición central y principal. A partir de su conservación se ha reformado y ordenado por completo el espacio, hoy abierto y conectado adicionalmente con un nuevo arco, «estableciendo un interesante lenguaje entre 1927 y 2022″.

Dándole todavía más importancia al arco, otros elementos curvos colonizan la casa: desde el recibidor y el acceso al dormitorio infantil, al patio con ese ritmo de armarios exteriores y elementos de apoyo a la vegetación.

«El pavimento original de la casa es un precioso terrazo con un característico triángulo rojizo, cuya disposición alterna genera los dos patrones distintos que nos encontramos en la primera visita. Para la completa rehabilitación energética fue necesario levantar todo el pavimento original. La intervención se realizó con mucha sutileza para poder recuperar y reutilizar las más de 300 piezas que estaban en buen estado y reintegrarlas en la vivienda respetando los patrones originales. Así, se han reincorporado en forma de alfombra mosaico a los pies de ambos lados del arco, acceso y comedor, y en la huella que el muro central de carga dejó al abrir el nuevo arco», explican.

Casa 1927: una segunda vida cuarenta años después.

El arco restaurado es el elemento arquitectónico de bienvenida de la vivienda, que recibe en el acceso en una posición central y principal.

Casa 1927: una segunda vida cuarenta años después.

La propuesta espacial de los arquitectos crea un amplio lugar de relación común, que conecta cocina, comedor salón y acceso en el interior; y, todo ello, con el patio al exterior. Esta relación genera un espacio continuo, pero no homogéneo: cada área tiene unas condiciones espaciales particulares y pueden ser parcialmente independizados con el uso de un gran telón separador que discurre a lo largo de la arcada en el muro central. Un telón que aporta teatralidad e intimidad y que convive realzando la belleza de los dos arcos principales. 

Lo más interesante de la intervención, para sus artífices, es «el proceso de diseño, en el que desde el principio involucramos a los propietarios, moldear el proyecto enriqueciendo con sus necesidades y nuestra visión. Poder ver cómo finalmente se habita y se vive, y aprender de eso también», apuntan

Lo más destacable es «la perfecta simbiosis entre la historia familiar de la actual propietaria de esta casa centenaria, las personas que la vuelven a habitar con ilusión y nuestra visión del proyecto».

El comportamiento energético de la vivienda combina también estrategias pasivas tradicionales con actuales. Conectar y abrir los espacios vivideros, además de mejorar la espacialidad y el uso de la casa, genera un gran volumen con ventilación cruzada entre la calle situada al norte y el patio situado al sur.

La pérgola, colonizada por la vieja parra, aporta protección solar en verano, dejando en invierno el paso de los rayos solares con la caída de la hoja. Además, la presencia de esta vegetación, establece una amable transición entre el comedor-cocina y el patio, aportando equilibrio climático en cada época del año. 

Casa 1927: una segunda vida cuarenta años después.

Conectar y abrir los espacios, además de mejorar la espacialidad y el uso de la casa, genera un gran volumen con ventilación cruzada entre la calle situada al norte y el patio situado al sur.

Casa 1927: una segunda vida cuarenta años después.

La filosofía de trabajo de Estudio  BamBam es, según explica Campos, «trabajar con lo que hay, a partir de una huella. Creo que muestra respeto por lo existente y su historia, algo que tenemos muy presente en el estudio cuando afrontamos cada proyecto de rehabilitación». Y esa forma de trabajo se traduce, apunta Adrián Segura, «en actuar con la máxima sensibilidad y amor en este ser vivo, que es Casa 1927, y en el trato tan humano y honesto con sus habitantes».

Fotografía: David Frutos.

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