La casa de la piscina roja

16 enero 2026

por | 16 enero 2026

En el límite entre Riba-roja y L’Eliana, dentro de una trama de urbanizaciones residenciales, se alza La casa de la piscina roja, la primera vivienda de una promoción de unifamiliares implantadas sobre parcelas con ligera pendiente. «El proyecto parte de la estrategia de construir desde la topografía, aprovechando el desnivel natural del terreno para organizar los usos, optimizar las vistas y reducir al mínimo los movimientos de tierra», explica el arquitecto Diego Serrulla.

Diseñada íntegramente en una sola planta, la vivienda propone una reinterpretación contemporánea de la casa patio, volcando todas sus estancias hacia un patio central y hacia el jardín con piscina. Esta doble orientación refuerza la continuidad entre interior y exterior y garantiza una ventilación cruzada eficiente, mientras que la distribución solar se resuelve con precisión: las habitaciones se orientan al este, el salón al sur y la fachada oeste se perfora con pequeñas aperturas altas que permiten la entrada controlada del sol invernal.

«Queríamos que la casa se protegiera del entorno para construir su propio paisaje interior. No se trata tanto de mirar hacia fuera como de generar un mundo propio dentro», apunta el arquitecto.

El elemento más peculiar del proyecto es la piscina de acabado rojo intenso, ubicada en la cota más alta del terreno. Su presencia rotunda y cromática actúa como hito visual y referencia emocional, inspirada en la arquitectura residencial norteamericana de los años setenta y ochenta del siglo XX. «Más allá de su carácter identitario, se genera una lectura lúdica y sensorial del espacio exterior».

El patio central completamente acristalado, resuelto con grandes ventanales correderos en esquina y sin pilares visibles, articula la secuencia espacial y desdibuja los límites entre dentro y fuera. El salón comedor se abre a ambos lados, conectando visual y físicamente el patio con la piscina, mientras que la cocina mantiene su independencia formal sin perder continuidad material.

Las fachadas quedan protegidas por un voladizo perimetral que funciona como filtro climático: proyecta sombra en verano y permite la entrada del sol en invierno, asegurando confort térmico y una iluminación natural constante. La estructura combina muros de ladrillo caravista color cuero con pilares metálicos cromados de apenas diez centímetros de espesor, generando un contraste entre volumen y ligereza. En la línea de cubierta, una serie de gárgolas reinterpretan un motivo clásico desde un lenguaje setentero, reforzando el carácter del conjunto.

La materialidad apuesta por la calidez doméstica a partir de carpinterías de madera, suelos de piedra natural con distintos acabados en interior y exterior y detalles ejecutados con precisión artesanal.

«La piscina no es solo un elemento funcional; es un objeto emocional, un plano de color que ordena toda la casa», añade Serrulla.

El programa se completa con dos dormitorios dobles que comparten baño y un dormitorio principal en suite, todos ellos con ventanales de madera que se abren hacia el este para recibir la luz exterior mediante hojas pivotantes, una opción que permite disponer de la mayor superficie de vidrio posible.

La jardinería, proyectada por el propio estudio, se concibe como una extensión arquitectónica, combinando piedra y pavimento formado por celosía de hormigón que permite el crecimiento de vegetación para el aparcamiento.

«La casa de la piscina roja demuestra que en el marco de una promoción residencial es posible construir desde la identidad, el oficio y la emoción, transformando una tipología doméstica en un paisaje propio», concluye el arquitecto.

Fotografía: Alejandra Rubio Velasco.

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