Ubicada en una pequeña localidad costera de Tarragona, la casa CLO crece en medio del bosque, sobre un terreno empinado, adaptándose a la topografía para ofrecer espacios confortables entre las copas de los árboles.
La parcela posee un suelo rocoso y una pendiente muy pronunciada, con acceso únicamente en la parte más baja del terreno. Desde lo alto, se puede observar el mar a lo lejos, tamizado por el pinar.
«Los clientes, una familia de Barcelona, adquirió esta porción de tierra para construir su segunda residencia, con el plan de empezar lentamente a pasar más tiempo en la tranquilidad del bosque y la cercanía del mar. Ellos buscaban construir una vivienda que respondiera al entorno y, conociendo la filosofía del estudio, nos dieron rienda suelta para proponer la estrategia y materialidad», explican Marc Alventosa y Xavier Morell, de Alventosa Morell Arquitectes, quienes encabezan el equipo que ha trabajado en este proyecto.
Los árboles existentes, la pendiente y la normativa orientaron la propuesta. «Cualquier movimiento de tierras resultaba muy costoso, por lo que distribuimos el programa en tres volúmenes situados a distintos niveles, en la parte más alta de la parcela, para aprovechar las vistas al mar», explican. La implantación de estos volúmenes se adapta a los árboles para evitar talarlos, generando un giro en planta que aporta una configuración orgánica al conjunto.
«Trabajamos con una estructura en madera, donde todo el peso descarga sobre diez pilares, permitiendo limitar la intervención en el terreno a solo diez bases puntuales. Esta estructura ligera replica la propia verticalidad del bosque y la lleva a la altura de los espacios», apuntan los arquitectos.
Por normativa, tuvieron que realizar una excavación en la línea de calle, que aprovecharon para ubicar el aparcamiento. Desde allí, una escalera situada en el lateral de la parcela permite ascender hasta la parte superior del terreno, conectando primero con la piscina y, finalmente, con la terraza de acceso.
Al entrar en la vivienda se encuentra el comedor a doble altura y la cocina. Este gran espacio enlaza visualmente las áreas comunes de los tres volúmenes. Una escalera metálica da acceso a las otras tres plantas, conduciendo primero a un segundo nivel donde se sitúan un estudio a doble altura y una habitación, y a dos habitaciones más en la última planta.
Y la sensación que da es, precisamente, la de estar viviendo en medio del bosque.
















