*** Este cuento de verano, por entregas, además de entretenernos bajo la sombrilla nos traslada al subsuelo de la ciudad siguiendo las desventuras (porque aventuras, tampoco) de unos amigos que solo habían quedado para almorzar, inocentemente, un bocadillo de embutido con habas. Aquí se puede leer la primera entrega.
¿Podéis parar de gritar?, exclama Schoppy. El silencio y la oscuridad se imponen. Schoppy enciende otra cerilla. Todos miran hacia arriba. No se ve la boca del pozo, comenta César Castells, ¿cómo es posible? Schoppy se incorpora, le crujen las rodillas. Los demás se levantan apoyándose los unos en los otros. Que musculós que estàs, comenta F. al agarrarse del brazo de C., es nota que fas boxa, esteu tots bé?, cap os trencat? (Qué musculoso estás, comenta F. Al agarrarse del brazo de C., se nota que haces boxeo, ¿estáis todos bien?).
Un golpe de aire apaga la cerilla. Enciende otra, exige C. a Shoppy. Espera, interviene César Castells, mirad, algo brilla en el suelo. César se acerca, es el boleto de lotería. Todos lo rodean deslumbrados hasta que F. se agacha y lo recoge. No sabía que los boletos de lotería brillaran en la oscuridad, comenta C. Les ponen unas tiras reflectantes para evitar falsificaciones, explica César. No creo que sea eso, dice Schoppy, a ver déjamelo. A tu te’l vaig a deixar, protesta F., tu vols gastar-te els nostres diners fartant-te de blancs i negres amb faves. (A ti te lo voy a dejar yo, protesta F., tu quieres gastarte nuestro dinero poniéndote morado de blancos y negros con habas) Dámelo, dice C., lo llevo yo, conmigo estará a buen recaudo. És que C. va a classes de boxa, explica F., i ara està molt més fort, tens raó, guarda-te’l tú, jo seré el teu escuder. (Es que C. va a clases de boxeo, explica F., y ahora está mucho más fuerte, tienes razón, guárdatelo tú, yo seré tu escudero)
¿Estáis locos?, dice César Castells, estamos atrapados en el fondo de un pozo y lo único que se os ocurre es pensar en proteger un boleto de lotería. Es mejor que lo lleve yo, de verdad, insiste Schoppy aproximándose a C. César, dice C., dile a Schoppy que no se acerque más a mí si no quiere que le suelte un crochet. Schoppy da un paso hacia C. César Castells se pone en medio. Schoppy dice, ¿no os dais cuenta de que el boleto brilla cada vez más?, estoy seguro de que intenta decirnos algo, yo soy aquí el único ser humano capaz de conectar con lo sublime, dámelo. Schoppy se abalanza sobre César intentando arrebatar el boleto de la mano de C. F. no logra intervenir a tiempo y no puede evitar la embestida que hace que César y Schoppy caigan sobre C., quien para frenar el golpe contra el suelo no tiene más remedio que soltar el boleto.
Els homes, sempre barallant-se, sentencia F. al verlos tirados en el suelo y viendo como el boleto vuela empujado por una corriente de aire. Ostres, eixe billet sembla viu! ¡Ostras, ese billete parece vivo!) Atrápalo que se escapa, grita Schoppy, es nuestro billete de retorno. ¿Cómo que nuestro billete de retorno?, pregunta César Castells mientras ve cómo Schoppy sale corriendo en persecución de F. César mira a C. y le dice tendiéndole una mano para que se levante, ponte en pie que estos dos nos dejan aquí tirados.
Y así es como los cuatro persiguen un boleto de lotería que ilumina un pasadizo con la potencia creciente de varias antorchas. En cabeza corre F., detrás de él Schoppy, quien, con una agilidad impensable para su avanzada edad, parece poseído por la sensación de haber encontrado por fin la respuesta a todo aquello que lleva toda la vida buscando. César Castells y C. los persiguen pendientes de huir de la oscuridad que acecha sus espaldas y que siempre está a punto de engullirlos.
Tras unos metros de carreras que parecen infinitos César Castells ve como el boleto de lotería se para, F. está a punto de atraparlo, y Schoppy está a punto de atrapar a F., pero una nueva corriente lo empuja hacia la derecha. Todos lo siguen de nuevo, dejando atrás el pasadizo que continuaba recto. Y así, con frenazos y acelerones, girando bien a la izquierda, bien a la derecha, bien siguiendo recto, los cuatro se van adentrando en un territorio desconocido, pasadizos tallados en el subsuelo, donde lo peor que les podría pasar sería perder de vista el boleto.
Derecha, derecha, izquierda, recto, derecha, derecha, recto. César Castells ve a lo lejos como F. se para, y detrás de él Schoppy, ambos saltan bajo el boleto que asciende e ilumina una gran estancia, cuando toca el techo el brillo pierde intensidad poco a poco y cae como una hoja seca en otoño. Shoppy empuja a F. para poder alcanzarlo pero C. adelanta a César, se lanza, lo atrapa y, como un judoka de cinturón negro, cae sobre su lateral y se incorpora ante los ojos atónitos de Schoppy.
El boleto es nuestro, dice C. Y se hace la oscuridad al tiempo que unas antorchas colgadas de las paredes iluminan tenuemente el lugar. Se oyen unos gemidos. ¿De dónde vienen esos quejidos de dolor?, pregunta César Castells. Huele a desagüe, dice C. tapándose la boca y la nariz, a desechos humanos. Se oye una voz que entre plañidos dice: deicimur, sed non perimos… Deicimur, sed non perimos (Somos derribados, pero no perecemos). Ostres, aixó és llatí, qui parla?, (Ostras, eso es latín, ¿quién habla?) pregunta F. aproximándose a una de las celdas que hay cavadas en la pared, de donde provienen esas palabras e ignorando el resto de llantos y aullidos de las demás celdas.
Los cuatro, agrupados en la entrada de la celda, miran un hombre que yace sobre un camastro de madera. Deicimur, sed non perimos. Deicimur, sed non perimos. Restos de una túnica mugrienta apenas lo cubren dejando a la vista cortes, quemaduras y latigazos. Unos grilletes apresan sus muñecas y tobillos de modo que apenas puede mover unos centímetros su cuerpo para alzar la cabeza y decir: Deicimur, sed non perimos; deicimur, sed non perimos.
F. se acerca y dice, és ell (es él) Intenta tocarlo pero el cuerpo se aparta espantado. No tingues por Sant Vicent, som amics i devots. (No tengas miedo, Sant Vicent, somos amigos y devotos) Yo soy ateo, protesta Schoppy, y yo agnóstico, añade César Castells. ¿De verdad crees que es Sant Vicent Màrtir?, pegunta C. Clar que és Sant Vicent, no veus que estem a la presó de la Valentia Romana? Hem d’alliberar-lo! (Claro que es Sant Vicent, ¿no ves que estamos en la cárcel de la Valentia Romana? ¡Tenemos que liberarlo!) F. y C. tiran de las cadenas e intentan liberar al mártir pero éstas están clavadas en la madera robusta del camastro.
Ajudeu-nos!, grita F. No sé si deberíamos, dice César Castells mirando a Schoppy, quien sin dudarlo dos veces pregunta, Vicistine timorem mortis? (¿Has vencido el miedo a la muerte?) A lo que Sant Vincent grita, Deicimur, sed non perimos!, y más fuerte aún, deicimur, sed non perimos! En las celdas colindantes se empieza a propagar la palabra y los gemidos se convierten en un coro al que se le van sumando más y más voces. Deicimur, sed non perimos, Deicimur, sed non perimos.
F. y C., incapaces de liberar a Sant Vicent, miran a su alrederor. César, alcánzame una de las antorchas que hay fuera, dice C. ¿No crees que ya lo han torturado bastante los romanos?, responde César. Dámela, insiste C. César Castells sale de la celda y descuelga una de las antorchas. En la estancia central el mantra de las palabras repetidas una y otra vez por el resto de presos reverbera produciendo un ruido ensordecedor. Antes de entrar en la celda se oye el sonido grave de una tuba que como el aliento de la muerte hiela la sangre de César. Al dejar de sonar, todo está en silencio.
Dame, dice C. Se oyen pasos que bajan hacia las celdas, dice Schoppy, tenemos que huir. C. apaga la antorcha con la tierra del suelo, hace palanca en uno de los grilletes y lo suelta, pasa al segundo. Sant Vicent sigue gritando, deicimur, sed non perimos!, deicimur, sed non perimos! Tenemos que irnos, ordena Schoppy, vienen los romanos.
El coro de presos reemprende su cántico pero esta vez las voces se van apagando, como si una a una fueran cortadas en seco por una espada afilada. ¡Vienen los romanos!, grita Schoppy. Hem d’alliberar-lo, és el nostre Sant mes benvolgut i revolucionari! (Tenemos que liberarlo, es nuestro santo más querido y revolucionario) C. abre el segundo grillete, pasa al tercero. Una luz brilla en el bolsillo posterior de su pantalón. César Castells, que lo ve, coge el boleto de lotería del bolsillo de C. Está volviendo a brillar con intensidad, exclama César. Schoppy lo mira y le dice, dámelo. No, protesta César, lo llevo, yo.
El cuarto grillete salta y el santo está libre. Las voces del coro se apagan. Los pasos de los soldados son cada vez más cercanos. El santo se levanta sobre el camastro, pone los brazos en cruz y señala el boleto de lotería iluminado que César Castells lleva en la mano. El billete tira de mí, grita César Castells, tira de mí hacia fuera de la celda. F. Intenta ayudar a Sant Vicent a bajar del catre pero este le da un fuerte empujón que lo lanza hacia la salida de la celda. En su trayectoria, F. Empuja a C. Que empuja a Schoppy que a su vez empuja a César. Los cuatro miran al santo desde la estancia principal quien subido a la cama grita, deicimur, sed non perimos! Deicimur, sed non perimos!
Schoppy mira el boleto de lotería, suéltalo, grita, César, suéltalo. César mira a C. a la vez que percibe las sombras de los romanos reflejadas en las paredes del pasillo que dan a la gran estancia y suelta el boleto de lotería iluminado. Una ráfaga de aire lo lleva por el pasadizo por el que llegaron. César va detrás de él, Schoppy le sigue y C. agarra con fuerza a F. para obligarlo a correr, adeu, benvolgut Sant Vicent, el nostre màrtir revolucionari. (Adiós, querido Sant Vicent, nuestro mártir revolucionario).
(Continuará)
*Néstor Mir es bibliotecario, músico, dramaturgo, escritor y dinamizador cultural. Tras pasar por diversos departamentos de la Biblioteca Valenciana (Fondo Antiguo, Proceso Técnico y Hemeroteca), por la Biblioteca del Col·legi Territorial d’Arquitectes de València y ser encargado de la sección infantil-juvenil en la Biblioteca Pública del Estado de València y de la gestión de las actividades culturales hasta 2022, pidió una excedencia para poner en marcha el proyecto BED (Biblioteca Expandida Deslocalizada), centrada en afrontar la transformación de la biblioteca pública en el siglo XXI. Actualmente, ejerce la Jefatura de Sección del Archivo Central de Presidencia de la GVA. Aquí escribió sobre la Biblioteca Gabriel García Márquez y su visión como tercer lugar.








