En 1926, siendo estudiante en Barcelona, Josep Maria Sans Amill apostó con sus compañeros de clase que sería capaz de construir una máquina capaz de unir eslabones de cadena de forma automática. Poco después, el dueño de una pastelería de su Montblanc natal le planteó un problema muy distinto: cómo mantener la puerta del negocio abierta en verano sin que entraran moscas. De esa combinación: una máquina y una necesidad cotidiana, nació la cortina de cadena, primer producto de lo que hoy es Kriskadecor. Una idea que ha evolucionado con el paso de los años en procesos, materiales, componentes y gama cromática, adaptándose a nuevas aplicaciones y llegando a nuevos mercados.
Hoy, cien años después, la compañía está dirigida por la tercera generación de la familia Sans, con Josep Maria y Maties Sans al frente, que mantienen presente la máxima de su abuelo: «No hay nada que no se pueda hacer; solo hay que encontrar la manera». Bajo su dirección, la cadena de aluminio ha pasado de solución funcional a material de referencia para arquitectura, interiorismo y diseño, con aplicaciones en separación de espacios, revestimientos, techos, iluminación, acústica y fachadas exteriores. La compañía ha colaborado con arquitectos y diseñadores de la talla de Philippe Starck, Patricia Urquiola o Kengo Kuma. Con este último firmó una de sus intervenciones más reconocidas internacionalmente: el núcleo de comunicación vertical de la Casa Batlló de Gaudí en Barcelona, revestido con 164.000 metros de cadena de aluminio anodizado a lo largo de las ocho plantas del edificio.
Un siglo después de iniciar su actividad en Montblanc (Tarragona), Kriskadecor, empresa Premio Nacional de Diseño en 2024 con una Mención de Honor, regresa a los espacios que forman parte de su origen para celebrar su centenario. “100 años inspirando emociones” es un conjunto de intervenciones urbanas que transforman de manera efímera siete espacios emblemáticos de la localidad medieval catalana estableciendo un diálogo entre el patrimonio arquitectónico, diseño y creatividad con la historia del municipio y de la propia empresa.
Para celebrar esta trayectoria, la firma ha querido abrir el material a nuevas miradas y ponerlo en las manos y mentes creativas de quienes están imaginando el diseño del futuro. Con este objetivo, la compañía ha invitado a diferentes escuelas de diseño a desarrollar propuestas capaces de reinterpretar espacios concretos de Montblanc a partir de su historia, su arquitectura y su identidad.
En el proyecto participan la Escuela de Arte Ondara (Campus ESDAPC), LCI Barcelona, Elisava y la Escola d’Art i Disseny de Reus (EADR). Los equipos que se han integrado en el proyecto han trabajado sobre diferentes emplazamientos y han explorado las posibilidades de la cadena de aluminio como elemento arquitectónico, espacial y expresivo. El resultado invita a un recorrido por Montblanc en el que el patrimonio permanece intacto, pero cambia la manera de percibirlo.

En el Portal de Sant Jordi, “Làmpada”, creada por estudiantes de cuarto curso de Diseño de Interiores la Escuela de Arte de Ondara, dentro de la asignatura optativa de Montajes Efímeros y bajo la supervisión de Gemma Casteràs y David Gracia, parte de la estética medieval de Montblanc para introducir una gran pieza circular suspendida. Las diferentes capas concéntricas de cadenas de aluminio de Kriskadecor en tonos cálidos generan una composición que vincula este nuevo elemento con el patrimonio, artesanía y contemporaneidad.
En la Plaça de Sant Miquel, la instalación “Pòrtic”, desarrollada por otro grupo de alumnos de la misma asignatura y escuela, plantea una intervención que transforma la plaza como un espacio con nuevas propuestas de recorridos, formadas por planos de cadenas que se cruzan y generan diagonales, transparencias y perspectivas cambiantes. Una propuesta en la que el movimiento del visitante se convierte así en parte activa de la propia experiencia del espacio.
El Claustre de Sant Francesc acoge “La memoria que s’eleva”, una intervención de estudiantes de LCI Barcelona bajo la supervisión de María Flaqué, inspirada en las bóvedas de la arquitectura religiosa europea y en la verticalidad del gótico. Distintos volúmenes de cadenas parecen elevarse desde el suelo y la utilización de una gama cromática que evoca luz, fuerza y pureza, genera una propuesta que recupera simbólicamente la memoria del antiguo espacio religioso para mostrarlo como un lugar de contemplación.
Por su parte, “Merlets de Muralla”, ubicada en la misma plaza y desarrollada por estudiantes de Elisava bajo la supervisión de Martí Capdevila, Luis Doornekamp y Luis Eslava, toma como referencia las almenas de la muralla medieval. Una superficie de cadenas de aluminio se despliega a la altura de su coronación y genera un pabellón efímero entre la piedra y el nuevo elemento. La instalación es ligera, reversible y permite que luz, sombras y reflejos introduzcan una nueva lectura del patrimonio sin modificarlo.
La intervención “Cent anys en moviment”, en la Muralla de Santa Anna, utiliza una estructura en zigzag para generar un efecto óptico que cambia según la posición del espectador. Una propuesta planteada por alumnos de segundo curso de Arquitectura Efímera de la Escola d’Art i Disseny de Reus (EADR) bajo la supervisión de Albert Pàmies Thomas. La pieza convierte el propio eslabón, unidad esencial de la cadena, en una representación visual de los cien años de evolución de la compañía: desde sus orígenes en Montblanc hasta su expansión internacional y su proyección hacia el futuro.
La última de las intervenciones, realizadas por otro grupo de estudiantes de segundo curso de Proyectos y Dirección de Obras de Decoración de la Escola d’Art i Disseny de Reus (EADR), “De baula en baula», ocupa el patio del Consell Comarcal de la Conca de Barberà y utiliza también el eslabón como hilo conductor para mostrar la historia de la compañía. El recorrido conecta simbólicamente las primeras cortinas de cadena fabricadas por la empresa en 1926 con las actuales aplicaciones de Kriskadecor en proyectos de arquitectura e interiorismo nacionales e internacionales.
El proyecto de Kriskadecor incorpora además una segunda generación de creadores. Alumnos de Escola Les Muralles y Escola Mare de Déu de la Serra, los dos centros de educación primaria de Montblanc participaron en un concurso de dibujo inspirado en la localidad. Cuatro de las obras seleccionadas han sido reinterpretadas posteriormente mediante cadenas de aluminio y forman parte de la exposición en la cooperativa Fet a la Conca bajo el lema “Montblanc vist amb ulls d’infant”. Murallas, dragones, paisajes y otros elementos del imaginario local adquieren una nueva dimensión al trasladarse desde el dibujo infantil al lenguaje tridimensional de la cadena. La iniciativa introduce así en el proyecto la mirada de quienes están construyendo la memoria futura de Montblanc, junto con la de los estudiantes que se están formando para diseñar sus espacios.
«El eslabón se convierte así en el vínculo físico y conceptual entre pasado y futuro. Un elemento inicialmente concebido desde una función práctica se transforma en un recurso para trabajar con la luz, el color, el movimiento, la transparencia y la percepción del espacio», explican desde la firma.
La elección de Montblanc como escenario del centenario tiene también un significado especial para la compañía. Después de décadas llevando el nombre de la localidad a proyectos desarrollados en distintos lugares del mundo, Kriskadecor vuelve al lugar donde comenzó su historia para compartir la celebración con su comunidad de origen y hacerlo a través de la creatividad de nuevas generaciones.



















