El pintor Luis Moscardó me contaba un día en su estudio que recordaba al poeta Juan Gil-Albert, ya anciano, en los aledaños de su casa de la calle Taquígrafo Martí con un yogur –que acababa de comprar, sin duda– en la mano. Yo también me sorprendo a mí mismo con un yogur en la mano con frecuencia.
El director de cine Christopher Nolan ha rodado una nueva versión de La Odisea, y yo no sé si quiero verla. Dudo mucho que gane en experiencia estética a la contemplación de las ilustraciones que realizó John Flaxman, y que se incluyen en una de las ediciones que publicó Alianza acompañando a la traducción de Carlos García Gual. Me lo pensaré.
Coincido con Joan M. Marín en dos cosas: en que ambos nos dedicamos (académicamente) a la historia del diseño, de un lado; y, de otro, en que a él y a mí nos atrae la obra de Emil Cioran. Él incluso ha traducido al catalán (fue el primero en hacerlo) algunos de sus textos. Ahora, Joan publica una suma de reflexiones, Hasta aquí es lo que sé (lo pensado y lo vivido), que publica Trea. Habrá que leerlo, pues.
Volví a donde veraneaba de niño (en verdad, lo he hecho en varias ocasiones), pero, como dejó escrito Azorín, apenas si pude apreciar la “fragancia del vaso” de los días pasados. Nada vuelve. Se echan de menos, eso sí, a algunas personas. Y algunos edificios que tenía grabados en la memoria (¿por qué se empeñan en destruir la humilde arquitectura vernácula para levantar esos horrores vulgares, pretenciosos…?).
Quiero aprovechar el tiempo libre de las vacaciones para leer. Pero este calor insoportable (por húmedo; tampoco me llevo muy bien con el aire acondicionado) me está quitando las ganas. Tengo anotados, entre otros: una nueva edición de Intuiciones precristianas, de Simone Weil, que publica Alianza, y el último libro de Victoria Cirlot (Imágenes negativas. Las nubes en la tradición mística y en la modernidad, en Siruela). ¿Habrá que esperar al otoño? ¿Buscar refugio en otros lugares? Veremos.
Cumplo años este mes. Pido que me regalen el tomo que recoge la Obra esencial de Antonio Machado (Biblioteca Castro). Otro libro (estupendo: una encuadernación y un interior impecables) que me acompañará hasta el final de mis días. Libros y yogures (y un poco de chocolate), sí.











