Gustavo Marina ‘construye ciudad’ en las cuatro hectáreas que rodean el Roig Arena

3 septiembre 2026

por | 3 septiembre 2026

Cuando en septiembre de 2025 abrió sus puertas el Roig Arena en el barrio valenciano de Quatre Carreres, los focos se dirigieron inevitablemente hacia la piel cerámica de 8.600 lamas diseñada por HOK y ERRE Arquitectura, hacia los 400 millones de inversión privada de Juan Roig y hacia los 20.000 espectadores que caben en su pista. Pero había otra historia sucediendo al mismo tiempo en los 47.000 metros cuadrados que rodean el recinto: una intervención paisajística que, «lejos de comportarse como un remate ornamental», actúa como la pieza que cose todo el conjunto con la ciudad. Detrás de ese trabajo está el estudio de Gustavo Marina Paisajistas.

Existe una tensión recurrente en el diseño de grandes equipamientos contemporáneos: la de un edificio que concentra toda la energía del proyecto hacia su interior, dejando el espacio exterior como residuo de lo que sobra entre la fachada y la acera, explican. El estudio valenciano lleva años trabajando justamente en ese territorio ignorado con una convicción que, en el caso del Roig Arena, se convierte en tesis: «el exterior de un gran equipamiento no es el fondo del edificio, sino el primer espacio que habita el ciudadano. El umbral entre la escala metropolitana y la experiencia del cuerpo».

Fotografía: Joan Martorell.

En Quatre Carreres ese umbral tenía una responsabilidad añadida. Insertada junto a referentes urbanos de primer orden —la Ciudad de las Artes y las Ciencias, los Jardines del Turia, L’Alqueria del Basket, la Ciudad del Rugby— la intervención debía, además, «resolver una trama históricamente fragmentada y activar una gran bolsa de suelo que hasta entonces había permanecido infrautilizada. El paisaje, en este contexto, no podía limitarse a acompañar. Tenía que articular».

La respuesta de Gustavo Marina Paisajistas parte de una lógica de gradiente. «No hay una frontera nítida entre el asfalto y la naturaleza, entre lo duro y lo blando, entre la circulación y la estancia. El proyecto trabaja con transiciones: pavimentos que se esponjan en las zonas de mayor permanencia, masa vegetal que se densifica donde el programa lo requiere, topografía que canaliza flujos sin necesidad de señalética. Es la idea del paisaje como infraestructura activa, capaz de ordenar sin imponer, de dirigir sin cerrar».

«Uno de los aspectos mas exigentes de la intervencion fue gestionar los flujos y los usos en un entorno con una concentración de equipamientos de escala muy diferente: el arena, el colegio, el aparcamiento, el parque público. La clave estuvo en pensar el exterior no como la suma de esos bordes, sino como un sistema continuo que los articula», explica Sofía Escriba, arquitecta directora de proyectos en Gustavo Marina Paisajistas. Esa lectura se traduce en una cadena de decisiones que solo parecen invisibles cuando funcionan bien. La intervención se organiza en dos ámbitos complementarios: el Parc de l’Afició, con 17.000 metros cuadrados de espacio verde de uso libre, y los 30.000 metros cuadrados de calles, plazas y recorridos reorganizados que conectan el recinto con el barrio y sus equipamientos.

Fotografías aéreas de Joan Martorell.

En el corazón del sistema, las praderas onduladas del Parc de l’Afició se conciben «como topografía habitable». Pequeñas variaciones de nivel permiten sentarse, tumbarse, jugar, entrenar o reunirse sin imponer un programa único. La vegetación no actúa como decorado sino como infraestructura climática y ecológica: mas de 200 arboles, 13.500 arbustos y una paleta de mas de 100 especies mediterráneas forman una matriz estratificada que genera sombra densa en verano, reduce la temperatura superficial del entorno y mantiene interes paisajístico durante todo el año. Floraciones escalonadas, cambios de follaje y variaciones estacionales hacen visible el paso del tiempo y amplían las oportunidades de refugio y conectividad para insectos, aves y otra fauna urbana.

Como explican desde el estudio de paisajismo, la resiliencia hídrica forma parte de la geometría del espacio público. Los pavimentos permeables recogen la escorrentía de las areas duras y la conducen hacia pozos de infiltracion que reducen la presion sobre la red de saneamiento en episodios de lluvia intensa como una respuesta directa al contexto climático valenciano. La solución técnica queda integrada en la composición del paisaje, demostrando que la infraestructura puede mejorar simultáneamente el funcionamiento ambiental y la calidad espacial.

La dimensión biofílica del proyecto trasciende la presencia vegetal. No se trata únicamente de introducir naturaleza en el entorno del arena, sino de diseñar un espacio donde la relación entre las personas y los sistemas naturales sea continua y perceptible: el sonido del agua, la variación estacional de las especies, la sombra cambiante del arbolado, la presencia de fauna urbana como indicador de salud ecológica. El paisaje se convierte así en un entorno que nutre, de forma casi inconsciente, el bienestar de quienes lo habitan.

La sostenibilidad no se formula aquí como declaracion de intenciones sino como criterio de proyecto. La selección de más de 100 especies mediterráneas adaptadas al ciclo hídrico valenciano reduce la dependencia de riego artificial. Los pavimentos permeables y los pozos de infiltración gestionan el agua de lluvia en origen, disminuyendo la presión sobre la red de saneamiento. La estratificación vegetal — arbolado, arbustos, vivaces y cubresuelos— genera un sistema capaz de evolucionar y ganar densidad con el tiempo, reduciendo progresivamente la temperatura superficial y ampliando la cobertura de sombra sin necesidad de intervención constante.

La accesibilidad universal atraviesa el proyecto como condición de partida, no como añadido normativo. Los recorridos se diseñan con pendientes controladas y superficies continuas que garantizan la movilidad de personas con diversidad funcional. Las áreas de juego son inclusivas, pensadas para distintas edades y capacidades. Los espacios de estancia se distribuyen a lo largo de los principales itinerarios, permitiendo que el parque sea habitable para cualquier persona, independientemente de su velocidad o forma de desplazarse. El resultado es un espacio intergeneracional en el sentido más literal: un lugar donde conviven los menores que juegan, el mayor que pasea y la vecina que simplemente atraviesa el barrio de camino a casa.

Fotografía: Andrea Marina.

«Hay en esta forma de proyectar una posición que va más allá del caso concreto: una deuda reconocible con la tradición del landscape urbanism anglosajon y con la escuela que entiende el espacio exterior como infraestructura de ciudad, no como decorado. Una línea que conecta con la obra de Gustafson Porter, con los paisajes de Piet Oudolf para el High Line o con las intervenciones de West 8 en entornos de gran escala y que, en el contexto español, encuentra en estudios como Gustavo Marina Paisajistas una expresión propia, adaptada a la idiosincrasia del territorio y del clima mediterráneo».

El proyecto se concibió de forma autónoma y con criterio propio, coordinándose técnicamente con ERRE Arquitectura —autores del Roig Arena y del planeamiento del entorno— para garantizar la coherencia entre el espacio construido y el espacio exterior, entre los accesos del arena y los recorridos del parque. En esa coordinación, Gustavo Marina Paisajistas desarrolló su propuesta desde la conceptualización hasta la dirección facultativa con un lenguaje y una estrategia propios, donde cada decision vegetal, material o topográfica responde a una lógica de uso y habitabilidad, «no a una subordinación estética al edificio».

«El resultado es un espacio que trabaja bien en los extremos: funciona cuando hay 20.000 personas saliendo simultaneamente de un concierto y funciona cuando un vecino del barrio lo atraviesa un martes por la mañana. Esa doble condición —la del evento y la de la cotidianeidad— es quizá el reto mas honesto que puede plantearse el diseño de exteriores en equipamientos de esta naturaleza. Y es también el terreno donde el paisajismo demuestra, con más claridad que en ningún otro, que no es decoración. Es estructura urbana».

Fotografía: Milena Villalba y Andrea Marina. Foto de portada y aéreas: Joan Martorell.

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