Dijo André Breton que Nantes era, junto a París, la única ciudad en la que a uno le podía pasar «algo grande». El lugar natal de Julio Verne, quien se inspiró en esa combinación de vida industrial y oceánica unida a su incansable imaginación, también fue la cuna del surrealismo y el epicentro de las huelgas generales durante el mayo del 68 francés. Saltando a las últimas décadas, en 1987 los astilleros que vertebraban la vida de Nantes cerraron hiriendo gravemente a una urbe de fuerte conciencia obrera y sumiéndola en una crisis industrial paralizante.
Superado el golpe, la antigua ciudad portuaria atravesada por el Loira y el Erdre, ha sido capaz de reinventarse a través del trabajo constante de arquitectos, urbanistas y artistas impulsado, necesariamente, por una voluntad política con las prioridades ciudadanas muy claras, que ha convertido Nantes en una suerte de laboratorio de transformación arquitectónica y urbana.
La arquitectura
La isla de Nantes, rodeada por el Loira, es un hallazgo para los amantes de la arquitectura contemporánea. Es un barrio para vivir y para sorprenderse cada día porque su mutación es permanente. El primer capítulo de este distrito narra una historia industrial vinculada a los astilleros navales y al comercio marítimo. Para crear esta segunda fase, Nantes ha convocado a arquitectos como Jean Nouvel, Nicolas Michelin o Christian de Portzamparc, y a valores seguros como Barré-Lambot o Forma 6. El edificio Zero Newton, de Eduardo Souto de Moura; la magnífica Escuela de Arquitectura, de Lacaton & Vassal, que fomenta los espacios abiertos con amplias terrazas escalonadas; la Escuela de Bellas Artes —ex Almacenes Alstom— de Franklin Azzi Architectura; o el puente de Barto + Barto, son algunos ejemplos de lo que te puedes encontrar paseando por allí.

El edificio de Jean Nouvel levantó rechazo entre gran parte de la población de Nantes cuando se levantó en el año 2000. Demasiado moderno, decían. Ahora, ya plenamente integrado en la ciudad, es todo un símbolo de justicia que se sitúa donde antes se traficaba con esclavos negros.

La ciudad fue uno de los puertos más prósperos de Europa en el tráfico de esclavos en lo que se llamó comercio triangular. De África llegaban a Nantes y de ahí pasaban a América. Un memorial recuerda aquello.

Manny, de TETRARC Architectes © Martin Argyroglo LVAN.
El moderno Palacio de Justicia es el edificio más antiguo del proyecto de remodelación de la Isla de Nantes, datado en el año 2000 y obra del arquitecto Jean Nouvel, quien ganó un concurso para hacerlo. Detrás del palacio de Nouvel está Manny, uno de los edificios más emblemáticos de Nantes que ofrece espacio para arquitectos y profesionales del arte, diseñado por Tetrarc Architecs, quienes también hicieron La Fabrique, un centro de artes digitales y música contemporánea.
Lo que está por venir: un parque archipiélago en el centro de Nantes, de la mano del paisajista Henri Bava; cerca del actual museo dedicado a Julio Verne, en una zona en plena transformación urbana, la mutación ya está en marcha con el increíble Jardín Extraordinario, inspirado en el universo de Verne, o la recuperación de la Little Atlantique Brevery.

La gran grúa amarilla es un símbolo del pasado industrial de Nantes.

Little Atlantique Brevery es un edificio recuperado que alberga una fábrica de cervezas artesanales y es un lugar muy frecuentado por los nanteses.
La próxima etapa será la apertura, en 2028, de la Ciudad de los Imaginarios, ubicada en una antigua fábrica de harina, un proyecto de Neutelling Riedijk Architects junto a la nantesa ARS con el que tomará forma el nuevo museo Verne, que cuadruplicará la superficie del museo actual y celebrará así el bicentenario del nacimiento del escritor.

Neutelling Riedijk Architects junto a la nantesa ARS serán los responsables de convertir la antigua harinera de la fotografía en el futuro gran museo dedicado a Verne.
El arquitecto Dietmar Feichtinger convertirá el puente de Anne de Bretagne en un puente-jardín, un lugar de paseo y una plaza con vistas al Loira. También será lo próximo el nuevo hospital y el campus de salud que se instalará al oeste de la isla de Nantes y que contará con un parque junto al Loira dotado de de 14 hectáreas.
Además, La île de Nantes ha nacido con vocación de convertirse en un clúster de industrias creativas: comunicación, diseño, artes escénicas, arquitectura y artes visuales. Este conjunto forma un polo de excelencia, artes y cultura en el barrio de la Creatividad, a cuyo avance contribuyen activamente la Escuela Superior de Bellas Artes y la Escuela de Arquitectura. La île de Nantes forma parte de un contexto medioambiental fuera de lo común que no olvida nunca sus fronteras naturales marcadas por el Loira, con la creación de vías ciclistas y peatonales a lo largo de sus orillas, y que apuesta por restaurar la biodiversidad que surge hasta en los alcorques.
Lo clásico
La antigua fábrica de galletas Lu, ahora centro cultural remodelado por el arquitecto Patrick Bouchain, el castillo de los Duques de Bretaña, un centro histórico totalmente peatonal que invita a pasear sin prisas, la ópera Graslin, el pasaje Pommeraye o una visita a La Cigale, el restaurante de estilo Art Nouveau más antiguo de la ciudad, de 1895, donde los surrealistas quedaban para poner patas arriba el convencionalismo y donde el cineasta Jacques Demy, marido de la gran Agnes Varda, rodó su Lola, son algunos lugares para no perderse en Nantes.
Al igual que el antiguo hangar portuario que acoge Les machines, un complejo retrofuturista ubicado en instalaciones industriales en desuso que recrea el universo fantástico de Julio Verne a través de animales articulados mecánicamente hechos de madera y hierro. Pájaros extraordinarios, arañas gigantes, el gran elefante o el increíble carrusel de los mundos marinos, inspirado en las profundidades oceánicas de las novelas del escritor, ocupan este sitio fantástico que nació por el impulso de dos escenógrafos procedentes del mundo del espectáculo callejero que dieron vida a los sueños de Verne en las diferentes atracciones de este lugar.
La idea de convertir el patrimonio industrial en patrimonio cultural tiene precedentes en muchos sitios (el High Line de NY o la Tate Modern, sobre la antigua central eléctrica de Bankside, son ejemplares en este sentido), pero la idea de hacerlo sobre una superficie tan extensa como en Nantes es todo un reto para la ciudad, con una sensación de conquista colectiva increíble, y una demostración de que no solo de especulación inmobiliaria vive el hombre.
Siga la línea verde: Le Voyage à Nantes
Más de veinte años de apuesta por la cultura y la creatividad han hecho de Nantes un sitio diferente. En 2011 la ciudad dio un paso más con la creación de la entidad Le Voyage à Nantes, una empresa pública local que une patrimonio, cultura y turismo para llevar a cabo un recorrido artístico por la ciudad que, cada año, entre julio y septiembre, organiza un sinfín de actividades gratuitas en las que se invita a los artistas a interpretar la ciudad. De forma permanente, durante todo el año, una línea verde pintada en el suelo recorre los lugares interesantes de Nantes: desde una callejuela histórica a una arquitectura reseñable, pasando por una vista única de la ciudad o un parque increíble para los niños.
La línea verde, de unos veinte kilómetros, sirve igual para expertos en arquitectura o arte que para neófitos curiosos y a todos ellos los pasea por sesenta etapas con piezas interesantes diseminadas por los espacios públicos. Patrimonio y arquitectura contemporánea, centros culturales, enclaves naturales, miradores, instalaciones artísticas, parques y zonas de ocio son atravesadas por esa guía urbana pintada en el suelo como un itinerario muy inspirador.

Propuesta junto al Loira en el marco de Le Voyage à Nantes de 2016 © Franck Tomps / LVAN.

Librería HAB Galerie – Le Voyage à Nantes ©Martin Argyroglo. LVAN.

La Cantina de Le Voyage à Nantes, en una intervención de 2023 © Appelle Moi Papa.

La Cantine du Voyage à Nantes (2023) © Philippe Piron LVAN.
Una apuesta por el arte que convierte el espacio urbano y sus principales instituciones en escenarios de creación, reflexión y encuentro. Este año se celebrará la 15ª edición del Voyage à Nantes estival, entre el 4 de julio y el 6 de septiembre, que marcará el inicio de un nuevo ciclo temático dedicado a los elementos, comenzando, en esta ocasión, por la Tierra. Está prevista la participación de alrededor de una docena de artistas contemporáneos que intervendrán el espacio urbano bajo esta temática.
A través de una exposición y de diversas instalaciones, se ha invitado a creadores como Ali Cherri, Caroline Le Méhauté, Edgar Sarin, Anne-Charlotte Finel, Théo Mercier, Barbara Schroeder, Louis Guillaume, Dominique Petitgand, entre otros, a explorar este concepto «como materia profunda, silenciosa y cósmica, así como fuerza metafórica densa y primordial». Las obras serán desplegadas en plazas, jardines, riberas y edificios históricos, así como en espacios menos esperados, transformando la ciudad en un recorrido artístico al aire libre que anima a redescubrir Nantes desde nuevas perspectivas y a reflexionar sobre su relación con el territorio y el paisaje.
Por otro lado, este nuevo ciclo dedicado a los elementos se desplegará durante los próximos cuatro años con futuras ediciones centradas en el agua, el aire y el fuego, con el objetivo de poner en valor el carácter sensorial y fluido de la ciudad a través del arte contemporáneo. Todo esto se une al sólido patrimonio artístico de Nantes que refuerza su identidad cultural durante todo el año. Espacios como Les Machines de l’Île, con sus criaturas mecánicas inspiradas en el universo de Julio Verne, o la colección Nantes/Saint-Nazaire, un itinerario de 33 obras de arte al aire libre que conecta la ciudad con el Atlántico a lo largo del Loira, consolidan su vocación como ciudad-museo.

Nantes, 2011 © Patrick Messina LVAN.


































