La casa se acomoda sobre un terreno en pendiente ubicado en el límite de Santibáñez, un núcleo rural típico de los valles pasiegos de Cantabria. Situado a media ladera y con un arroyo como límite inferior, el emplazamiento dispone de vistas abiertas en todas las direcciones hacia el horizonte y el frondoso paisaje.
El estudio de Roberto Lebrero ha desarrollado aquí una vivienda familiar compartida por tres hermanos, cuyo programa se fragmenta y distribuye de forma específica en cinco piezas independientes. Las zonas de noche ocupan tres de los volúmenes, uno para cada hermano, y funcionan de manera autónoma y privada con respecto al resto. Los dos volúmenes restantes albergan espacios compartidos destinados a estar, comer y cocinar.
«El espacio de unión entre las piezas acoge acceso, zonas de comunicación y almacenaje. Las escalas de privacidad entre piezas, así como su grado de ocupación son variables, ajustándose en todo momento a las distintas necesidades familiares. La casa es una infraestructura con el máximo potencial habitable posible, un hogar adaptable, a veces compartido y a veces íntimo», explican desde el estudio.
La organización espacial y material prioriza un óptimo comportamiento pasivo de la casa. «La compacidad de los volúmenes y la composición de los cerramientos, con muros de gran inercia térmica al interior y una generosa capa de aislamiento exterior, proporcionan estabilidad térmica y compensan el alto factor de forma inicial», apuntan. La dimensión de los huecos, y su distribución, propicia la captación solar y la ventilación cruzada de todas las estancias. «Las cinco piezas son autónomas energéticamente, lo que permite ajustar el consumo de forma individual y así reducir la demanda general».
La aparente complejidad geométrica del conjunto contrasta con la sencillez espacial de cada una de las piezas y su riguroso sistema constructivo. Los cinco volúmenes regulares se disponen en función del paisaje y la orientación, favoreciendo la independencia de vistas y accesos. «Construidos con cubiertas de madera a un agua todos mantienen la misma crujía, una única sección repetitiva y sistematizada, con una longitud variable en función del programa que albergan. Los espacios intersticiales se cubren con una losa plana de hormigón. Madera y hormigón quedan vistos al interior definiendo estructura, construcción y volumen doméstico».
Un basamento de piedra local salva la diferencia de cota del terreno, al mismo tiempo que ancla la casa al lugar a través de una serie de terrazas y bancales que configuran la transición entre interior y exterior, adaptando la construcción a la topografía. «El alzado se pliega y descompone en múltiples planos, siempre cambiantes, que se funden con el paisaje circundante reinterpretando el perfil rural y la topografía del valle», concluyen.












