El arquitecto Miguel Arraiz llegó al desierto de Nevada, plantó su templo, triunfó y volvió. Los 10.000 kilómetros que separan el desierto norteamericano de Black Rock de la ciudad de València se acortaron el verano pasado gracias al Burning Man y su parecido razonable con Las Fallas, a las que el arquitecto también está vinculado. Ambos encuentros multitudinarios comparten, pese a la distancia y todo lo demás, algo tan ancestral como es la filosofía de quemarlo todo.
Arraiz fue el responsable de construir el templo donde los participantes del Burning Man hacían su duelo. Este edificio, que es el último en arder la última noche del festival, se llenó, durante los días previos, de fotos, objetos y todo tipo de recuerdos personales. Por una muerte, por el fin de una época, por un amor. Por lo que fuera. Esa parte más espiritual es difícil encontrarla en Las Fallas, que se vuelcan, o deberían, más en la sátira y en la crítica social. Aunque para gustos, comisiones. Y al final, todo arde. En ocasiones, hasta la paciencia de la propia ciudad.
Ahora que Miguel Arraiz está en València todavía, pues se marcha en breve a trabajar a Los Ángeles, es el momento de coincidir con él para que comparta su proyecto americano en una exposición que se puede ver en el Colegio de Arquitectos de València y en el Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC). En Flat hablamos con él sobre su aventura del desierto, puedes leerlo todo aquí.
La exposición “Foc al desert. El Temple del Burning Man” se muestra hasta el 2 de abril en el CTAV. Por otra parte, la instalación del CCCC propone un recorrido por la arquitectura efímera del Templo del Burning Man 2025 para acercar al público la historia de una de las arquitecturas efímeras más singulares.
Las dos exposiciones son simultáneas y se completarán con una visita guiada por las Fallas Experimentales del centro de València, que tendrá lugar el próximo 16 de marzo, de la mano del arquitecto.







