La España de las piscinas

7 julio 2021

por | 7 julio 2021

Está la España vacía, la España que madruga, la España invertebrada, la España de charanga y pandereta y, ahora, también, «La España de las piscinas», que es el título de un libro que habla de cómo nuestras ciudades se han ido configurando a golpe de boom inmobiliario siguiendo el modelo de suburbio americano: barrios de nueva creación, situados a las afueras, en los que residen jóvenes familias con niños pequeños («territorio apiretal»), buena parte de la llamada clase media aspiracional, «la España de las piscinas».

El autor, Jorge Dioni López, explica cómo es ese mundo hecho de chalés, urbanizaciones, hipotecas, alarmas, colegios concertados, varios coches por unidad familiar, centros comerciales … un mundo que favorece el individualismo y la desconexión social, y cuya importancia política es hoy fundamental, pues de ello depende la evolución del mapa político.

 

El debate sobre la vivienda y el territorio se suele centrar en temas como la gentrificación, la turistificación, el precio del alquiler o el vaciado rural. «La España de las piscinas» pone sobre la mesa otra cuestión: el análisis de nuestro principal modelo de desarrollo urbano y cómo ha transformado la manera de entender el mundo, las aspiraciones y la ideología de millones de españoles.

El autor se topó con el tema de la ciudad dispersa y escribió un artículo en 2019, que fue el germen de este libro. En él hablaba de que el PAU (Programa de Actuación Urbanística) con chalés y urbanizaciones era el principal modelo con el que se habían expandido las ciudades desde el boom inmobiliario. Esas pequeñas islas verdes (césped) y azules (piscinas), delimitadas por el gris de las carreteras, donde vive gente que fue a E.G.B.

El artículo, que hilaba la relación entre el voto de Ciudadanos en ese cinturón «naranja» de las ciudades con ese tipo de urbanismo, fue criticado por la izquierda, que atacaba a ese colectivo que vivía en las urbanizaciones, dando por perdido a un electorado bastante más variado socialmente de lo que pudiera parecer. Tener un chalet era un lujo hace cuarenta años; hoy, no. La fuga al extrarradio tuvo más bien un componente generacional, fue una cuestión de oferta y dejó poca capacidad de elegir. En el año 2000 cuando una pareja quería establecerse, la urbanización periférica era la principal opción, ya que el sistema financiero quería colocar todas esas casas que había financiado a través de créditos.

Desde la derecha, la crítica hacia la tesis del artículo también tenía un componente moral: «los progres quieren decirle a la gente cómo tiene que vivir». Cuenta el autor que un asesor de Ciudadanos ironizó sobre el artículo con cierto desdén y que otro publicó un artículo llamado «Una filosofía del PAU», donde hablaba de la vida «dulce y amable» de las urbanizaciones, «(..) una vida para que los tuyos estén tranquilos y a salvo (…), es normal pensar en conservar cuando tienes tantas cosas buenas que perder (…)». 

El autor explica que no tiene nada en contra de «los pauers», que él es uno de ellos; su tesis va más bien por lo de que el urbanismo crea ideología, «el planeamiento urbano no es aséptico ni neutral y provoca efectos sociológicos y políticos, más allá de la dependencia económica del sector de la construcción. El urbanismo es un reflejo de cada sociedad y concreta sus relaciones internas de poder, además de jerarquizar qué es relevante socialmente». 

Hay pocas cosas más sustanciales que la manera en que se construye una ciudad, porque eso determinará cómo vivirán esas personas, con quién compartirán espacio, dónde, cuándo, qué y cómo comprarán, cómo irán a trabajar, a qué colegio llevarán a sus hijos y cómo se relacionarán con sus amigos, a qué distancia estarán los centros de salud, las bibliotecas, los cines y los bares. El lugar donde vivimos acaba definiendo cómo somos. Parece una obviedad, pero el interés por la vivienda suele centrarse en otros aspectos (precio, desahucios, pelotazos, gentrificación) y cada ideología crea un tipo de urbanismo.

El autor cuenta que el modelo PAU, el de la ciudad dispersa, crea un estilo de vida individualista y competitivo ya que favorece las soluciones particulares, el aislamiento y el repliegue. Para ir a cualquier sitio es necesario el coche. «Para salir de casa y estar a salvo, hay que ir en coche», decía un personaje de Yorgos Lanthimos en «Canino».

«Se produce una insularización con flujos de desplazamiento privado entre burbujas. Aparentemente se trata de una forma de pensar cercana al darwinismo social: emprendimiento, cultura del esfuerzo, meritocracia, autoayuda … es decir, el mercadismo. De ahí que Ciudadanos encajase tan bien en este electorado y la izquierda sea tan mal recibida, a pesar de que, después, también defienda estas políticas en las instituciones», explica López.

El objeto de reflexión de este libro es la ciudad dispersa, que ha recibido mil nombres: ciudad fragmentada, ciudad insular, ciudad extensa (sprawl), ciudad difusa, ciudad multiplicada, ciudad desconcentrada, ciudad al borde, periferia compleja, hiperciudad, megalópolis … lo que denota que ha sido un fenómeno muy estudiado. La idea del libro, que es una especie de reportaje extenso en realidad, no es profundizar sino darle una pensada al principal modelo urbanístico con el que están creciendo nuestras ciudades y cuestionar algunos aspectos.

 

«A bigger splash», 1967. David Hockney. Tate Britain (Londres).

A través de un repaso cronológico por las primeras leyes que favorecieron la existencia de «un país de propietarios», López va desgranando cómo hemos llegado a la actualidad; pasando por ejemplos clarísimos como los que refleja la ficción, que tanto ayuda a ver lo que no somos capaces de distinguir teniéndolo delante de nuestros ojos: «La que se avecina», con su urbanización Montepinar o los pufos urbanísticos de «Cuéntame»; pasando por las novelas de Chirbes («Crematorio», «La buena letra», «En la orilla»); o por el suburbio que Berlusconi se inventó, «Milano2», con su propio canal de televisión, el germen de Mediaset.

Repasa ficciones americanas que plasman a la perfección el modelo verde y azul del «sueño americano» («American Beauty», «Modern Family», «El graduado» …), pasa por los «no-lugares», recorre los vacíos de la «España vacía», muestra los problemas de depredación del territorio cuando hay una gota fría, y cita, como idea importante del libro, el relato de John Cheever «El nadador», convertido en película protagonizada por Burt Lancaster.

«El nadador» empieza con gente tomando copas al borde de la piscina de los Westerhazy y acaba siendo una reflexión sobre la apariencia hueca de la vida en las urbanizaciones, donde las relaciones sociales están basadas en la hipocresía, el aspecto físico, el triunfo laboral y el dinero. «Se mudan a la vejez», como dice un personaje de Pantomima Full.

 

Escena de la película «El nadador», (1968), protagonizada por Burt Lancaster.

El autor concluye la introducción al texto citando al historiador Tony Judt, «si los bienes públicos se devalúan a ojos de los ciudadanos y son sustituidos por servicios privados pagados al contado, perdemos el sentido de que los intereses y las necesidades comunes deben predominar sobre las preferencias particulares y el beneficio individual. Y una vez que dejemos de valorar más lo público que lo privado, seguramente estemos abocados a no entender por qué hemos de valorar más la ley – el bien público por excelencia – que la fuerza». 

«La España de las piscinas», de Jorge Dioni López, está editado por Arpa.

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