Casa Cadirers, por amor a Nolla

12 junio 2026

por | 12 junio 2026

«En Ciutat Vella, a pocos metros de la Lonja y del Mercado Central, Casa Cadirers ocupa una vivienda de 220 metros cuadrados situada en un edificio de mediados del siglo XIX. Según diversas referencias históricas, el inmueble podría estar relacionado con el arquitecto valenciano Sebastián Monleón, autor de la Plaza de Toros de Valencia y una de las figuras más relevantes de la arquitectura valenciana de su tiempo», explica el arquitecto Álvaro Payá.

Cuando sus propietarios la descubrieron, la vivienda conservaba intacta buena parte de su arquitectura original: techos altos, molduras, una secuencia de estancias conectadas por un largo pasillo y, sobre todo, un extraordinario pavimento Nolla que recorría prácticamente toda la casa. Sin embargo, años de abandono habían ocultado estas cualidades bajo capas de papel pintado, colores oscuros y soluciones añadidas que habían ido alejando el apartamento de su condición original.

La reforma, desarrollada por Álvaro Payá para Octavo Architects, se planteó desde la óptica de intervenir lo menos posible. «Frente a la tentación de reorganizar completamente la vivienda, el proyecto apostó por conservar su estructura espacial, restaurar sus elementos patrimoniales y actualizar discretamente aquellos aspectos necesarios para hacerla habitable en el presente».

 

La actuación se concentró principalmente en cocina y baños, mientras que el resto de la vivienda permaneció prácticamente intacto. Se restauró el pavimento Nolla, se recuperaron molduras y carpinterías interiores y se renovaron por completo las instalaciones, incorporando nuevas ventanas con mejores prestaciones térmicas y acústicas. «Más que una transformación arquitectónica, el proyecto consistió en identificar lo valioso a conservar y retirar lo superfluo para renovar así su esplendor pasado».

Hoy la casa es también el reflejo de quienes la habitan. Coleccionistas apasionados de diseño y arte contemporáneo, los propietarios han convertido las estancias en una puesta en escena cambiante donde conviven mobiliario atesorado durante años, recuperado en su mayoría de derribos o ventas de segunda mano, de Gio Ponti, Charles y Ray Eames, Georges Nelson o de marcas como Artflex o Cassina junto a obras de arte de Antonio Gonzalez, Álex Marco, David Shrigley, Raymond Pettibon, Chechu Álava o José Luis Cremades. «Lejos de comportarse como una colección cerrada, el interior evoluciona constantemente, incorporando nuevas piezas que se reemplazan unas a otras».

Además de albergar una colección de diseño y arte personal, Casa Cadirers ha sido durante años el hogar de una familia con dos niños que han crecido entre sus habitaciones. «La vivienda fue pensada para ser vivida intensamente: cómoda y capaz de acoger no solo la vida cotidiana sino también reuniones y celebraciones con amigos. Una casa donde el patrimonio convive con el uso real, y donde lo vivido forma parte de su identidad».

Casa Cadirers demuestra que, en ocasiones, la intervención más contemporánea– concluye el arquitecto– consiste precisamente en saber reconocer el valor de lo existente. «La reforma no busca imponer una nueva identidad al apartamento, sino recuperar la que siempre tuvo y permitir que continúe evolucionando con el paso del tiempo».

Fotografía: Fran Álvarez.
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